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Tyler Martin debut en el primer equipo del Stoke City

Un rostro nuevo en el banquillo de Stoke City. Tyler Martin, 18 años, aterrizado desde el Liverpool sub-21 en febrero, da hoy el salto al primer equipo. Ha pasado el verano trabajando en la pretemporada con los mayores y, con la cesión de Milan Smit al Darmstadt alemán, se abre un hueco que el joven centrocampista aprovecha como suplente.

En la academia ya le habían puesto foco. En febrero, el técnico de cantera Sam Stockley lo definía así: “Es dinámico y rápido, tiene olfato de gol y es versátil en su capacidad para jugar por dentro y en banda”. No es una carta de presentación menor para un chico que empieza a asomarse al fútbol profesional.

Inicio de Temporada

La temporada de Stoke casi siempre arranca con liga. Casi. El club está acostumbrado a estrenar curso con un partido de Championship, pero la historia ofrece alguna excepción que rompe la rutina y deja anécdotas para la hemeroteca.

En 2020, por ejemplo, el primer balón en juego fue en la League Cup frente a Blackpool, en un ambiente desangelado, con las gradas vacías por las restricciones sanitarias. Nada que ver con el recuerdo mucho más vibrante de 2011, cuando el curso se abrió con la aventura en la Europa League: una eliminatoria a doble partido ante Hajduk Split antes de levantar el telón de la Premier League contra Chelsea.

Pero el caso más singular se remonta a 1972. Stoke acababa de sobrevivir a un maratón de 70 partidos en la campaña 1971/72… y todavía quedaba uno más. El número 71 no fue un amistoso de verano, sino un duelo de FA Cup disputado cuando la temporada ya estaba oficialmente cerrada y apenas una semana antes de que arrancara la First Division 1972/73.

El 5 de agosto de aquel año, Stoke se midió a Birmingham en St Andrew’s en un partido por el tercer puesto de la FA Cup, un invento de la época que nunca terminó de cuajar. Los potters llegaban tras perder, cuatro meses antes, una semifinal marcada por la polémica ante Arsenal. Leeds ya había levantado el trofeo en Wembley el 6 de mayo, pero el torneo aún guardaba este epílogo extraño.

Ante 25.841 espectadores, el encuentro fue gris, sin goles, espeso. Todo se decidió desde el punto de penalti en lo que se convirtió en la primera tanda de penaltis de la historia del fútbol doméstico inglés. Un momento pionero… y caótico.

Tony Waddington aprovechó para dar debut a dos fichajes veraniegos de peso: Geoff Hurst y Jimmy Robertson. En circunstancias normales habrían estado “cup tied”, inhabilitados para esa competición por haberla jugado con otro club. De hecho, Robertson había sido eliminado en cuarta ronda precisamente por Birmingham cuando aún vestía la camiseta del Ipswich.

El reglamento de la época añadía tensión. A los porteros no se les permitía mover los pies antes del golpeo. John Farmer fue amonestado por hacerlo dos veces. Aun así, se convirtió en protagonista: detuvo el lanzamiento de Tommy Carroll, que mandó alto el penalti repetido, y luego paró también a Bobby Hope, que sí marcó en su segundo intento. Waddington, fuera de sí, invadió el campo para protestar, pero el árbitro Vincent James sostuvo que ya había advertido de sobra al guardameta.

En la otra portería, Paul Cooper recurrió a su propio truco: balanceo constante de brazos, cuerpo ladeado, un gesto que descolocaba a los lanzadores. Esa rutina, que después perfeccionaría en su carrera en Ipswich y Leicester, ya surtió efecto entonces. Neutralizó los penaltis de Jimmy Greenhoff y Peter Dobing. Al final, Stoke se tuvo que conformar con un trofeo menor: una jarra conmemorativa por terminar cuarto.

Aquel partido no solo cerró una temporada interminable para Stoke. También puso fin a un experimento de cinco años con el partido por el tercer puesto en la FA Cup. Una idea que no cuajó, enterrada en la historia del torneo.

Siete días después de esa tanda pionera, Stoke arrancó por fin la liga. Esta vez sí, con un guion más clásico: victoria en casa ante Crystal Palace para abrir un nuevo curso. Hoy, mientras un chico llamado Tyler Martin se sienta por primera vez en el banquillo del primer equipo, el club vuelve a demostrar que sus inicios de temporada rara vez son del todo corrientes. Y quizá ahí resida parte de su encanto.