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Zinedine Zidane, nuevo seleccionador de Francia

La espera terminó. La Fédération Française de Football anunció este martes que Zinedine Zidane será el nuevo seleccionador de Francia durante los próximos cuatro años. El mito vuelve a casa, esta vez al banquillo, para tomar el relevo de Didier Deschamps, que dejó el cargo tras el Mundial 2026.

No llega en tiempos sencillos. Les Bleus aterrizan en una nueva era con el sabor amargo de una Copa del Mundo que apuntaba a coronación y acabó en decepción: eliminados en semifinales por la que luego sería campeona, España, y derrotados después por Inglaterra en el partido por el tercer puesto. Un golpe duro para un grupo diseñado para ganar.

Ahí entra Zidane. Figura totémica, símbolo absoluto del fútbol francés, llamado ahora a levantar el ánimo de un vestuario herido y de un país que se había acostumbrado a pelear por todo.

El sueño de Zizou, por fin

Zidane llevaba años orbitando alrededor del cargo. Desde su salida de Real Madrid en 2021, su nombre se asociaba de forma casi automática al futuro de la selección. Deschamps aguantó hasta después del Mundial de Norteamérica. Una vez consumado su adiós, el movimiento parecía inevitable.

En su presentación, Zidane no escondió la magnitud del momento: dejó claro que para él no hay nada por encima de la selección francesa, habló de “alegría”, de “honor” y, sobre todo, de “responsabilidad”. Agradeció la confianza del presidente Philippe Diallo, del Comité Ejecutivo y de la Federación, y rindió homenaje a los catorce años de trabajo de Deschamps y su cuerpo técnico. También tuvo un recuerdo para todos sus formadores. Y remató con una declaración de intenciones: ambición máxima para el equipo nacional.

El objetivo está claro: seguir el camino de su excompañero Deschamps y entrar en el club más exclusivo del fútbol, el de quienes han ganado el Mundial como jugador y como seleccionador. Zidane ya tiene su estrella en el césped; ahora persigue la del banquillo.

El héroe que vuelve al escenario principal

El regreso de Zidane al entorno de Les Bleus se siente casi como una reconciliación nacional. Francia recupera a su genio, al hombre que cambió la historia del fútbol del país con una noche mágica en Saint-Denis.

Como futbolista, lo ganó todo. Y lo hizo con una elegancia que aún hoy marca generaciones. En 1998, lideró a Francia hacia su primera Copa del Mundo. Aquella final ante Brasil quedó grabada para siempre: dos cabezazos, dos goles, un 3-0 incontestable y la primera estrella bordada sobre el escudo. Zizou convertido en mito en 90 minutos.

Dos años después, volvió a ser determinante en la conquista de la Eurocopa. Francia se convirtió en la primera campeona del mundo capaz de encadenar Mundial y Eurocopa en un ciclo de dos años. Una época dorada con Zidane como brújula y como bandera.

Su despedida, sin embargo, fue amarga. Berlín, 2006. Su último partido con la selección, la final del Mundial ante Italia, terminó con la imagen que nadie quería: la expulsión por el cabezazo a Marco Materazzi y la derrota posterior en los penaltis. Una carrera legendaria cerrada con una cicatriz.

Hoy, la sensación es distinta. El regreso de Zidane al banquillo francés ofrece la oportunidad de cerrar ese círculo. Los aficionados sueñan con que este nuevo capítulo sirva para corregir, de algún modo, las sombras de aquella noche en Berlín.

Del Bernabéu al banquillo de Les Bleus

Para Zidane será su primera aventura como seleccionador. No como entrenador. Su trayectoria en Real Madrid habla por sí sola: tres Champions League consecutivas, dos títulos de liga, dos Mundiales de Clubes. Un palmarés que muy pocos pueden siquiera rozar.

En Madrid demostró algo clave para el reto que le espera: supo gestionar vestuarios llenos de estrellas, egos gigantescos y expectativas permanentes de victoria. Manejaba grandes talentos y grandes personalidades con una mezcla de autoridad serena y cercanía. Ahora deberá trasladar ese mismo equilibrio al contexto de una selección nacional, con menos tiempo de trabajo, pero con una presión similar o mayor.

El listón está donde siempre ha estado con Francia en los últimos años: ganar. La mirada ya apunta al Mundial 2030, el próximo gran examen. La exigencia no se reduce a competir; se trata de volver a levantar el trofeo.

Un arsenal ofensivo y un viejo problema

Si algo no le faltará a Zidane es talento en ataque. Kylian Mbappé como faro indiscutible, Ousmane Dembélé desequilibrando por fuera, Michael Olise, Désiré Doué, Bradley Barcola y una generación de atacantes que brota sin descanso. El desafío no es encontrar calidad, sino armonía.

Francia lleva tiempo lidiando con el mismo dilema: cómo combinar su potencia ofensiva con la solidez defensiva que le dio el título en 2018. En los últimos grandes torneos, el desequilibrio entre lo que ofrece arriba y lo que concede atrás se ha convertido en una constante incómoda.

Zidane deberá construir una estructura que permita a sus jugadores creativos brillar sin desprotegerse. Lo hizo en Real Madrid, donde encontró fórmulas para sostener a un equipo plagado de talento ofensivo en escenarios de máxima exigencia. Su experiencia en eliminatorias europeas, con noches de tensión extrema, será un recurso valioso cuando lleguen los cruces de Eurocopa y Mundial.

Su historial en Champions League, con esa capacidad casi instintiva para leer los momentos decisivos, se antoja una de sus mayores armas en el fútbol de selecciones, donde una mala noche te manda a casa.

La pregunta ya no es si Zidane está preparado. Es otra, mucho más simple y mucho más exigente: ¿será capaz de llevar a Francia a lo más alto otra vez y escribir, desde el banquillo, la segunda gran obra de su vida futbolística?

Zinedine Zidane, nuevo seleccionador de Francia