Al-Ittihad asfixia a Al-Nassr y revela el dilema con Cristiano
Al-Ittihad no salió a “esperar y ver”. Salió a morder.
No se conformó con presionar al poseedor del balón: cerró líneas de pase, ganó duelos individuales por todo el campo y robó en zonas adelantadas con una determinación que marcó el tono del partido desde el primer minuto. El equipo se movió como un bloque único. Cada pérdida activaba una reacción inmediata, casi automática.
Con Bergwijn y Al-Ghamdi posicionados arriba y luego flotando hacia zonas interiores, Al-Nassr empezó a ahogarse. Le costó horrores pasar el balón de una línea a otra. Durante unos 22 minutos, “el Club Global” prácticamente fue incapaz de sacar la pelota limpia desde atrás. No fue casualidad.
Un inicio feroz y un arma perfecta: Ilenikhena
La presión encontró premio muy pronto. Minuto 4: George Ilenikhena.
El delantero nigeriano atacó el espacio a la espalda de la defensa adelantada de Al-Nassr, aprovechó el paso adelante de la zaga y el avance del bloque entero de Al-Ittihad y castigó sin piedad. Ese gol no fue un destello aislado, fue la consecuencia directa de la superioridad que el equipo impuso desde el arranque. “El Decano” golpeó primero y obligó a su rival a recalcular el plan desde el inicio.
Ilenikhena era la pieza ideal para la idea de Vieceng. Un punta que vive de moverse detrás de los defensores y explotar los espacios libres. Justo por ahí quería hacer daño Al-Ittihad. Y lo consiguió.
En el minuto 22, el nigeriano volvió a aparecer. Otro desmarque, otro castigo, otro golpe a un sistema defensivo adelantado que no encontraba respuesta. Firmó un segundo gol de gran factura que confirmó su dominio personal del duelo y convirtió ese doblete en el décimo de su carrera. A la vez, expuso con claridad hasta qué punto Vieceng había sabido exprimir las virtudes de su delantero frente a una línea defensiva tan alta.
Mandato en el medio y líneas rotas en Al-Nassr
El ataque de Al-Ittihad no se sostuvo solo en balones directos. El control del centro del campo fue el otro pilar que facilitó el camino hacia la portería de Al-Nassr.
Lobbe y Mukhtar se adueñaron de la zona de maniobra. Mandaron en los duelos, ofrecieron líneas de pase y marcaron el ritmo. Bergwijn y Al-Ghamdi, al cerrarse hacia dentro, generaron superioridades numéricas que partieron en dos a Al-Nassr. Sus líneas quedaron desconectadas y los espacios para construir ataques organizados se redujeron al mínimo.
En medio de ese caos apareció uno de los problemas más llamativos del partido para Al-Nassr: Cristiano Ronaldo.
No solo por lo que produjo —o dejó de producir— en ataque, sino por el impacto de su presencia en el sistema de presión. Ronaldo no pudo presionar de forma constante a los defensores de Al-Ittihad. Eso le regaló a Danilo Pereira, sobre todo, tiempo y espacio para recibir, girar y empezar la jugada desde atrás sin apenas interrupciones.
Al-Ittihad salió una y otra vez con calma, eligiendo los carriles que quería atacar, sin sentir el ahogo que necesitaba generar Al-Nassr para forzar errores. Tácticamente, Ronaldo estuvo “presente y ausente” a la vez: en el campo, uno de los delanteros más peligrosos del mundo; en la presión, un hueco que dejaba al equipo en inferioridad cada vez que la defensa rival iniciaba la jugada.
El problema no es su capacidad goleadora ni su jerarquía. La naturaleza del partido pedía un esfuerzo colectivo continuo, una presión coral que él no pudo sostener al nivel que requería el plan.
Postecoglou tenía alternativas: ajustar la estructura de la presión, acortar distancias entre líneas, proteger mejor la salida rival. No llegó a tiempo con la solución, y cuando quiso reaccionar ya estaba dos goles abajo.
El castigo a los laterales y la lectura de Fesing
Con “el Decano” dominando el primer tercio del encuentro, Al-Nassr se vio obligado a correr detrás del marcador en lugar de controlar el guion. Y eso, ante un rival que sabe exactamente dónde están los espacios y cómo explotarlos, suele salir caro.
Fesing leyó a la perfección las subidas de los laterales de Al-Nassr. Cada vez que su equipo recuperaba el balón, los suyos lanzaban envíos largos a la espalda de esos laterales. Espacios enormes. Terreno libre para que Al-Ittihad transformara defensa en ataque en cuestión de segundos.
Ahí quedó claro que el técnico de “el Decano” no se limitó a estudiar las debilidades obvias de Al-Nassr. Convirtió también sus virtudes ofensivas en puntos vulnerables. Cada vez que los dos laterales se proyectaban, se abría una nueva autopista detrás de ellos. Cada vez que Al-Nassr perdía la pelota, Al-Ittihad necesitaba muy poco para plantarse en su área.
La reacción de Al-Nassr y el giro táctico de Vieceli
Alrededor de la media hora, el partido empezó a cambiar de tono. Al-Nassr, poco a poco, encontró algo de equilibrio. “Al-Alami” sostuvo mejor la posesión, respiró con la pelota y empezó a pisar el último tercio con más frecuencia.
El marcador lo notó pronto. En el minuto 36, Angelo recortó distancias. Un gol que devolvió vida, ánimo y algo de duda al partido. El encuentro se volvió más incómodo para Al-Ittihad justo antes del descanso.
Ese tanto fue una señal: Al-Nassr estaba encontrando respuestas y, si Al-Ittihad mantenía la misma intensidad de presión, podía empezar a dejar huecos peligrosos. En ese momento emergió otra faceta de Vieceli. No quiso leer la ventaja como una invitación al riesgo permanente.
En la segunda parte cambió el dibujo, retrasó unos metros a su equipo y apostó por un bloque más bajo, confiando en las transiciones y en los espacios que Al-Nassr dejaría al lanzarse a por el empate. El partido se transformó.
Tras el descanso, la iniciativa, la pelota y la presión fueron para Al-Nassr. Al-Ittihad respondió con orden: líneas juntas, bloque compacto, paciencia para esperar el momento de salir.
La lógica era clara. Con el marcador en contra, Al-Nassr tenía que adelantar líneas y sumar más hombres al ataque. Eso abría justo los pasillos que Al-Ittihad necesitaba para contraatacar. Vieceli protegió su ventaja sin necesidad de exponerse.
La apuesta por En-Nesyri y un final a la medida de Al-Ittihad
En el tramo final, el técnico se apoyó en la propia naturaleza de Al-Nassr. Introdujo a Youssef En-Nesyri y orientó el juego hacia centros y balones al área.
La entrada del marroquí encajaba con la evolución del encuentro. Al-Ittihad ya vivía replegado, obligado a soportar una oleada tras otra. En-Nesyri ofrecía una amenaza constante en los balones aéreos, movimientos agresivos dentro del área y, al mismo tiempo, una vía de escape en las transiciones, justo cuando los huecos a la espalda de la defensa de Al-Nassr eran más grandes.
En los minutos finales, el joven entrenador apostó todo a las transiciones y cedió por completo la posesión a Al-Nassr. No fue un repliegue por miedo, sino una elección consciente: dejar el balón, quedarse con los espacios y cerrar el partido desde la solidez y el plan.
Lo consiguió. Y dejó una pregunta flotando sobre Al-Nassr: ¿puede este equipo sostener un plan de presión colectiva de élite con Cristiano en el once, o tendrá que reinventarse para no volver a quedar un hombre corto cuando el rival inicia el juego desde atrás?
Podría interesarte

Kenia se enfrenta a Ruanda en amistoso clave antes de la AFCON 2027

Mbappé sufre gripe en el inicio de la era Zidane

Mauricio Pochettino y la selección masculina de Estados Unidos

Ilias Akhomach se une a la selección marroquí: Brahim Díaz en la cuerda floja

Estevao regresa a la Seleção: superando la lesión y nuevo ciclo

Arsenal se aferra a la Champions con penalti agónico
