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Arda Güler y su rol en el nuevo Real Madrid

José Mourinho ya tiene un plan para Arda Güler. Y no es menor: en el nuevo Real Madrid, el turco está llamado a ocupar el lugar que un día fue de Mesut Özil, al servicio de un futbolista que hereda el trono de Cristiano Ronaldo: Kylian Mbappé.

El regreso de las transiciones del viejo Bernabéu

La idea nace de una obsesión conocida de Mourinho: el juego de transición vertiginoso que convirtió al Bernabéu en una autopista hacia la portería rival en su primera etapa. El técnico portugués quiere rescatar ese modelo para exprimir al máximo el potencial ofensivo de un equipo que intimida solo con leer la lista de atacantes.

En ese esquema, las piezas encajan con una lógica casi natural. Mbappé asume el rol que durante años monopolizó Cristiano: el finalizador devastador, el hombre que rompe defensas con una zancada. A su espalda, entre líneas, Mourinho visualiza a Güler como heredero de Özil, el arquitecto silencioso que acelera cada transición con el pase justo.

Según la prensa deportiva española, el plan se apoya en una sociedad que ya dejó destellos la temporada pasada: la conexión Mbappé–Güler. No fue constante, pero sí lo bastante prometedora como para que el técnico la coloque en el centro de su libreta táctica.

El peso de un apellido y de una comparación

En Madrid, el paralelismo con Özil persigue a Güler desde que aterrizó procedente de Fenerbahce en el verano de 2023 a cambio de 30 millones de euros. No solo por el origen turco que comparten. También por el perfil futbolístico: pase progresivo, visión privilegiada en espacios reducidos y esa capacidad poco común para desarmar defensas hundidas con una sola pelota filtrada.

Los medios españoles llevan tiempo subrayando ese parecido. Ahora, con Mourinho de vuelta en el banquillo, la comparación gana una dimensión distinta. No es solo un recurso mediático. Es un molde táctico real.

No hay que olvidar que fue precisamente el portugués quien exprimió al máximo la versión blanca de Özil, durante tres temporadas en las que el alemán se convirtió en uno de los grandes asistentes de Europa. Mourinho sabe cómo rodear a ese tipo de mediapunta, cómo liberarlo y cómo protegerlo.

Un talento que aún busca su lugar

Desde su llegada a la capital, Güler no se ha detenido. Ha crecido, ha aprendido, ha sumado registros. Lo que no ha logrado todavía es algo tan simple como decisivo: un puesto fijo en el once de gala.

Ha aparecido en la banda derecha, se ha movido por el carril interior, incluso ha bajado a participar en la salida de balón más atrasado. Esa versatilidad ha servido para demostrar su comprensión táctica, pero también ha diluido su figura en un equipo plagado de estrellas y alternativas.

Mourinho quiere cambiar ese escenario. Su intención es clara: sacar el máximo partido de un futbolista cuya esencia es la combinación rápida, la creatividad y la lectura del último pase. Un perfil que encaja de lleno en el tipo de transición que persigue el entrenador: robo, dos toques, y el balón ya vuela hacia Mbappé.

Según publica Mundo Deportivo, todavía no está claro si el técnico, inmerso en la construcción definitiva de la plantilla, ha presentado formalmente este plan dentro del club. Lo que sí queda nítido es el concepto: un “Mesut Özil 2.0” vestido de Arda Güler.

Una pretemporada hecha a medida

El calendario juega a favor del proyecto. La temprana eliminación de la selección turca en el Mundial libera a Güler antes de tiempo. Llega a Valdebebas sin el desgaste de una larga aventura internacional y con semanas por delante para trabajar sin interrupciones.

Para Mourinho, eso es oro. Tiempo para pulir automatismos, para ajustar posiciones, para repetir una y otra vez las mismas secuencias: recuperación, primer pase, giro, ruptura de Mbappé, asistencia de Güler. Tiempo para convertir una idea en hábito.

En ese contexto, el joven centrocampista tiene algo que no siempre se concede en un gigante como el Real Madrid: margen para reclamar un rol protagonista bien definido. No como recurso de rotación, no como comodín en distintas zonas, sino como referencia clara entre líneas.

La pretemporada será el laboratorio. Ahí comprobará Mourinho si esa versión “Özil 2.0” ofrece el rendimiento que imagina. El turco ya ha dejado pistas de que posee las condiciones naturales para ello. Ahora, con el técnico que mejor entendió a Mesut en el mismo banquillo y con Mbappé esperando balones al espacio, la pregunta es inevitable:

¿está el Bernabéu a punto de ver nacer la sociedad que marcará el nuevo ciclo del Real Madrid?