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Argentina en la final: FIFA podría sancionar por pancarta de Malvinas

Argentina se metió en la final del Mundial 2026 con una remontada de carácter ante Inglaterra. Una noche grande, de esas que alimentan la leyenda de la Albiceleste. Pero la clasificación llegó acompañada de una polémica que ya ha encendido las alarmas en Zúrich: FIFA estudia sancionar a la selección campeona del mundo por una pancarta sobre las Islas Malvinas exhibida tras el partido.

En el césped de Atlanta, la historia deportiva parecía escrita para otro. Inglaterra golpeó primero. En el minuto 55, Anthony Gordon silenció a medio estadio con el 0-1, un mazazo que ponía a los Three Lions a un paso de la final. Argentina, aturdida durante unos minutos, necesitaba a su capitán.

Y apareció Lionel Messi.

El 10 volvió a asumir el mando en el momento límite. Con el balón, con la mirada, con el ritmo del partido. Desde sus botas nacieron las dos jugadas que cambiaron el destino de la semifinal: primero habilitó a Enzo Fernández, que firmó el empate y devolvió el aire a la Albiceleste. Más tarde encontró a Lautaro Martínez, letal en el área, para el 2-1 que desató la locura en las gradas y en el banquillo argentino.

La campeona del mundo estaba de nuevo en una final. El camino parecía despejado hacia una celebración histórica.

Ahí empezó el problema.

Ya con el encuentro terminado, los jugadores argentinos posaron en el campo con una pancarta que rezaba: “Las Malvinas son Argentinas”. Un mensaje directo, cargado de significado político y emocional, que remite de inmediato a la guerra de 1982 entre Reino Unido y Argentina por el control del archipiélago, un conflicto que dejó 255 militares británicos y 649 argentinos muertos.

El gesto no pasó desapercibido. No podía. El mensaje se inscribe de lleno en un terreno que FIFA prohíbe de forma explícita: las manifestaciones políticas en el marco de competiciones que organiza el organismo. La normativa es clara y lleva años en el punto de mira, precisamente para evitar que el fútbol se convierta en escenario de reivindicaciones territoriales o ideológicas.

Ahora, la cuestión ya no es solo qué hizo Argentina sobre el césped, sino qué consecuencias tendrá lo que ocurrió después. FIFA ha abierto la puerta a un expediente disciplinario que podría traducirse en sanciones económicas, advertencias formales o incluso medidas deportivas, siempre dentro del marco regulatorio que penaliza mensajes políticos en estadios y actos oficiales.

En lo estrictamente futbolístico, Argentina llega a la final impulsada por otra noche de Messi, por el carácter de Enzo Fernández, por la pegada de Lautaro Martínez y por una remontada ante un rival de máxima jerarquía. En lo institucional, aterriza rodeada de un debate que trasciende lo deportivo y reabre viejas heridas entre dos países con una historia marcada por las Malvinas.

La pelota decidirá un campeón del mundo. La otra batalla, la de los despachos, la decidirá FIFA. Y ahí también se juega parte del futuro inmediato de esta selección.