Argentina y Messi: la incertidumbre antes del duelo con Egipto
Argentina avanza, pero no respira tranquila. El campeón del mundo ya tiene cita en octavos de final ante Egipto, en Atlanta, pero todas las miradas apuntan al mismo lugar: la cabeza de Lionel Messi.
El capitán terminó con un golpe en la zona craneal tras un choque en el agónico 3-2 ante Cabo Verde, un partido que exigió 120 minutos al límite en el Hard Rock Stadium de Miami. Aun así, no pidió el cambio. No se escondió. Se quedó hasta el final. Ahora, será evaluado antes del próximo duelo para determinar si está en condiciones de jugar desde el inicio.
Messi, a sus 39 años y en “su” ciudad, donde viste la camiseta de Inter Miami, volvió a marcar el rumbo desde temprano. Abrió el marcador a los 29 minutos, en un estadio acostumbrado a verlo como local, pero que esta vez lo vio con la camiseta albiceleste y el peso de un título mundial sobre los hombros.
El partido, sin embargo, se negó a ser un trámite. Cabo Verde, que llegaba como cenicienta, obligó a Argentina a una prórroga dramática. Deroy Duarte llevó el encuentro al tiempo extra y encendió las alarmas. El campeón dudó, pero no cayó.
En el arranque del alargue, Lautaro Martínez apareció como lo que es para Scaloni: el socio ideal de Messi. Gol en el segundo minuto del tiempo extra y un grito que parecía definitivo. Parecía. Porque Sidny Lopes Cabral volvió a igualar para los africanos y sembró otra vez la inquietud en un equipo que, por momentos, se vio sorprendido por la rebeldía rival.
La clasificación terminó llegando de la forma más cruel para Cabo Verde y más liberadora para Argentina: un gol en propia puerta de Diney en el minuto 111 selló el 3-2 y el pase a cuartos de final. Un alivio, no una celebración desatada. El campeón sabe que jugó con fuego.
Medina, otro susto para Scaloni
El golpe de Messi no fue la única preocupación que dejó la noche de Miami. Facundo Medina tuvo que abandonar el campo con visibles molestias musculares. El propio Lionel Scaloni aclaró después que se trató de calambres, producto del enorme desgaste y de su participación constante en ataque. “Terminó muy cansado porque también lo usamos bastante en ofensiva. Terminó acalambrado, pero está bien”, explicó el seleccionador.
Más que una lesión grave, fue una advertencia. El calendario aprieta, los partidos se vuelven más físicos y el margen de error se reduce. Argentina necesita piernas frescas y, sobre todo, titulares sanos para sostener la defensa del título.
Un once definido y un núcleo de Premier League
En medio de las dudas físicas, hay una certeza: Scaloni ya tiene su equipo tipo. No improvisa. No rota por capricho. Confía en una base que mezcla jerarquía europea, oficio y química de años.
Emiliano “Dibu” Martínez, de Aston Villa, sigue siendo indiscutible bajo los tres palos. Cristian Romero y Lisandro Martínez forman el eje de la zaga en una línea de cuatro que se sostiene en su agresividad y capacidad para anticipar.
En los costados del mediocampo, una apuesta particular del técnico: Rodrigo De Paul y Thiago Almada, ambos mediocentros naturales, ocupan las bandas en el 4-4-2. De Paul, como siempre, es motor, cobertura y socio permanente de Messi. Almada, más cercano a un clásico enganche, actúa como un falso extremo que se mete por dentro, rompe líneas y ofrece el último pase.
Arriba, la sociedad está escrita desde el primer día del torneo: Lionel Messi y Lautaro Martínez como dupla de ataque. Detrás, esperando su momento, una figura de peso: Julián Álvarez, el delantero de Atlético de Madrid que vive un momento delicado en su club y observa desde el banquillo cómo el equipo se sostiene sin él en el once inicial.
Atlanta espera… y Argentina espera a Messi
El próximo examen será en Atlanta, ante Egipto, ya en el tramo en el que cada error se paga con el billete de vuelta. El campeón llega con sufrimiento reciente, con cicatrices frescas y con un parte médico por confirmar.
Todo gira en torno a una pregunta sencilla y enorme a la vez: ¿estará Messi listo para otra batalla de 90 minutos —o más— en este Mundial?
La respuesta, en buena medida, marcará el pulso de lo que viene para Argentina. Porque el campeón sigue en pie. Pero sabe que su destino, una vez más, pasa por la zurda y la salud de su número 10.
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