Argentina enfrenta a Suiza en Kansas City: ¿Cuántas vidas le quedan al campeón?
La caótica defensa del título de Argentina sigue viva. A trompicones, al borde del abismo, pero viva. Y ahora, en Kansas City, la campeona del mundo se cruza con una Suiza de hierro, fría y paciente, con un billete a semifinales en juego.
Lo que ocurrió ante Egipto fue un aviso brutal. El equipo de Lionel Scaloni se vio 2–0 abajo ante una selección desatada, que incluso vio anulado de forma polémica un segundo gol antes de que Mostafa Ziko acabara doblando la ventaja de los Faraones. Argentina había trabajado, había tenido la pelota, pero no encontraba premio. Parecía una despedida prematura, casi vergonzosa para el campeón.
Entonces apareció el interruptor de siempre. Lionel Messi.
Con el partido incendiado, el capitán se adueñó del balón, cambió el ritmo y devolvió a Argentina a la vida. Su octavo gol en este Mundial igualó el marcador en Atlanta y elevó su registro histórico en la competición hasta los 21 tantos. Antes había asistido a Cristian Romero en el cabezazo que abrió la remontada. El 39 años pesaba en las piernas, pero no en la cabeza. Sus lágrimas tras el pitido final no fueron de euforia, sino de alivio puro. De haber rozado el desastre y salir, otra vez, por la puerta grande.
Ahora, el escenario se desplaza a Kansas City. El caos argentino contra la sobriedad suiza. Un equipo que sufre y otro que se protege. Un campeón que vive al límite frente a un rival que rara vez se descompone.
La probable Argentina ante Suiza
En el arco, Emiliano Martínez. Todavía no ha tenido una noche de héroe en este torneo, ninguna de esas actuaciones que ya forman parte del imaginario reciente del fútbol argentino. Pero nadie en la delegación imagina que el guardameta de Aston Villa vaya a dejar Norteamérica sin dejar su sello. Es cuestión de tiempo, piensan muchos en el entorno.
En la derecha, Nahuel Molina. No es un sector donde sobren las soluciones. El lateral ha firmado un Mundial discreto, con más dudas que certezas, pero sigue ofreciendo algo que Scaloni considera irrenunciable: profundidad. Gonzalo Montiel no ha logrado discutirle el puesto y el seleccionador necesita a alguien que abra el campo, aunque el costo defensivo sea evidente.
La zaga central apunta a repetirse. Cristian Romero, que arrastra una pequeña molestia, se perfila como titular en Kansas City. El defensor de Tottenham se ha convertido en una pieza emocional del equipo: sus irrupciones hacia adelante, una marca registrada en la Premier, ya le dieron a Argentina un gol clave contra Egipto. A su lado, Lisandro Martínez. El jugador de Manchester United ha sido fundamental en la salida limpia desde atrás, pero su trabajo sin balón quedó bajo la lupa en el último partido. Ante un delantero físico, de desmarque constante como Breel Embolo, el duelo promete ser un examen duro para el argentino.
En la izquierda, el plan pasa por recuperar a Facundo Medina. El lateral arrancó el torneo como titular, pero ante Egipto solo pudo entrar desde el banquillo por un golpe. Si está cerca del cien por cien, debería regresar al once en lugar de Nicolás Tagliafico. Argentina necesita un lateral que combine energía defensiva y agresividad en campo rival, y Medina encaja mejor en ese molde.
En el medio, Rodrigo De Paul sigue siendo el engranaje silencioso. Corre, tapa, acompaña, conecta. Hace el trabajo sucio y lo hace siempre. Scaloni no concibe una alineación importante sin él. A su lado, Alexis Mac Allister. El mediocampista de Liverpool ofrece equilibrio y disciplina táctica. Hay quien pediría un organizador más puro en su lugar para ganar creatividad, pero el seleccionador ha mostrado una fidelidad férrea hacia el campeón del mundo.
Leandro Paredes completa el triángulo central. Su aporte ante Egipto no se mide solo en pases: fue clave en el arranque del tiempo añadido, cuando realizó una intervención decisiva que evitó que los africanos recuperaran la ventaja. Ese tipo de acciones, lejos del foco, sostienen a un equipo que vive al borde.
Por la izquierda, Enzo Fernández parte desde una zona que no explota del todo sus virtudes, pero responde a la idea de Scaloni. Argentina ha sufrido por la falta de amplitud en los primeros cruces de eliminación directa, y aun así el técnico no parece dispuesto a modificar de raíz su estructura. Nico González vuelve a quedar perfilado como revulsivo, un arma para cambiar el partido desde el banco si el guion se tuerce.
Arriba, el eterno foco: Lionel Messi. Ante Egipto jugó muchos minutos incómodo, apagado, como si el cuerpo no acompañara la mente. Pero cuando Argentina se asomó al precipicio, apareció el genio de siempre. Asistencia a Romero, gol del empate, liderazgo emocional en el tramo más caliente. El equipo sigue orbitando alrededor de su número 10, incluso cuando las piernas ya no responden con la frescura de otros mundiales.
A su lado, Lautaro Martínez tiene ventaja. Julián Álvarez no termina de estar fino tras su lesión de tobillo y eso abre la puerta al delantero del Inter desde el inicio. Su impacto saliendo desde el banquillo en el último partido fue notorio y Scaloni valora ese instinto para aparecer en el área cuando el partido se rompe.
El cuadro está trazado. Un campeón que se rehace entre golpes, un técnico que apuesta por la continuidad de sus soldados de confianza y un rival que no regala nada. Si lo vivido en Atlanta fue un adelanto, Kansas City no promete calma. Promete tensión, detalles mínimos y la misma pregunta de siempre alrededor de esta Argentina: ¿cuántas vidas le quedan todavía al campeón?
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