Bayern Munich arrasa con Jamal Musiala y Harry Kane
El Allianz Arena se detuvo por un instante el martes por la noche. No fue por un gol, ni por una ocasión fallada, sino por un nombre: Jamal Musiala. El joven regresaba al once inicial de Bayern Munich por primera vez en la temporada tras un verano inquietante, marcado por colapsos y disfunciones neurológicas en amistosos ante RB Leipzig y Heidenheim que encendieron todas las alarmas en el club.
Tras unos minutos como suplente el fin de semana frente a Schalke, Vincent Kompany decidió dar un paso más y le entregó la titularidad en el estreno de la Champions League. No fue un gesto simbólico. Como recordó el propio técnico, el mediapunta “se merecía ser titular, no se le regaló nada”. Y Musiala se encargó de demostrarlo.
Musiala rompe el silencio
El partido se había ido al descanso con un 0-0 espeso, incómodo, casi irritante para el Allianz. Bayern chocaba una y otra vez contra el muro de FK Bodo/Glimt, ese equipo noruego que ya se había ganado fama de matagigantes tras tumbar a Manchester City, Atlético de Madrid e Inter de Milán en la campaña anterior.
Joshua Kimmich fue quien más cerca estuvo de abrir la lata en esos 45 minutos iniciales: un disparo al poste en el 35’ y otro intento bien resuelto por el guardameta Nikita Haikin justo antes del descanso. El guion olía a noche larga.
Hasta que, en el minuto 47, todo cambió.
Harry Kane probó fortuna desde lejos con un disparo potente. El balón tocó en Patrick Berg y quedó muerto en el área. Allí apareció Musiala, sin titubeos, girando sobre sí mismo y armando un derechazo seco al palo largo. Gol. Estadio en pie. Y la sensación nítida de que no había rastro de óxido en sus botas ni de miedo en su cabeza.
El tanto no solo liberó al equipo. Abrió la compuerta.
Kane se cita con la historia
Con el 1-0, Bayern se soltó. El balón circulaba más rápido, los desmarques aparecían, y Bodo/Glimt empezó a retroceder metros casi por instinto. El segundo tanto parecía cuestión de tiempo.
Llegó en el 61’, a balón parado. Michael Olise, pieza clave en el engranaje de Kompany desde su llegada, colgó una falta milimétrica al corazón del área. Kane atacó el espacio con la precisión de siempre y cabeceó al fondo de la red.
No fue un gol más en su carrera. Supuso su tanto número 55 en la Champions League y el 79 en competiciones europeas, cifras que lo empujan todavía más arriba en la lista de artilleros históricos del torneo. Un registro que ya no admite debate: está instalado entre los grandes goleadores de siempre.
Davies y Olise completan la exhibición
Con el 2-0, el partido se convirtió en un monólogo bávaro. La resistencia noruega se deshilachó y Bayern empezó a encontrar espacios por todas partes. El tramo final fue un asedio.
En el 77’, Alphonso Davies firmó el 3-0 con una acción muy suya: arrancada demoledora, ruptura por banda y definición precisa. Un gol que reflejó la diferencia física y anímica entre ambos equipos en ese momento.
El cierre del marcador llevó la firma de Olise, que pasó de asistente a protagonista absoluto. Primero, en el 83’, aprovechó el desconcierto defensivo para anotar el cuarto. Ya en el tiempo añadido, completó su doblete con el 5-0 definitivo, un golpe que convirtió una victoria sólida en una goleada incontestable.
Un hábito europeo que no se rompe
Más allá del brillo individual y del regreso de Musiala, el triunfo prolonga una racha que define la relación de Bayern Munich con Europa. El club alemán ha ganado su primer partido de competición europea durante 23 temporadas consecutivas.
Hay que retroceder hasta la 2002/03 para encontrar la última derrota en una jornada inaugural: un 3-2 ante Deportivo La Coruña. Desde entonces, 23 estrenos, 23 victorias. Un hábito convertido en seña de identidad, un mensaje repetido año tras año al resto del continente: Bayern siempre entra fuerte en la Champions.
La próxima parada será en Noruega, el 13 de octubre, ante Viking Stavanger. Con Musiala de vuelta, Kane afinado y Olise en plena ascensión, la pregunta ya no es si Bayern llega preparado. La cuestión es quién se atreve a frenar a un equipo que, cada septiembre, vuelve a recordarle a Europa que sigue siendo uno de sus jueces más implacables.
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