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Christian Eriksen: otro susto y alivio para Dinamarca

Christian Eriksen está cerca de recibir el alta hospitalaria tras el nuevo susto que paralizó a Dinamarca el domingo en Odense. El veterano centrocampista se desplomó durante el amistoso ante Ucrania, reabriendo de golpe el recuerdo más oscuro del fútbol danés reciente.

En el minuto 65, las cámaras de televisión captaron a Eriksen llevándose la mano al pecho en el Nature Energy Park. El juego se detuvo de inmediato. Rostros desencajados, gestos de incredulidad, silencio pesado en la grada. El partido se abandonó poco después, sin margen para pensar en fútbol cuando la salud del símbolo de la selección estaba otra vez en el centro de todo.

El danés, de 34 años, vive desde 2021 con un desfibrilador automático implantable, el dispositivo que le permitió regresar a la élite tras el paro cardíaco que sufrió en la Euro 2020, en aquella derrota 1-0 ante Finlandia en Parken Stadium. Aquella vez necesitó reanimación cardiopulmonar sobre el césped y le colocaron un marcapasos días después. El miedo del domingo no era nuevo. Era un déjà vu brutal.

Esta vez, las noticias llegan con algo más de calma. La Federación Danesa (DBU) comunicó ya el domingo que Eriksen estaba “consciente y en buen estado”, y el lunes el médico de la selección, Morten Boesen, reforzó el mensaje con una actualización tranquilizadora.

“Esta mañana hablé con Christian y está bien. Está con su familia y de buen ánimo”, explicó Boesen en un comunicado difundido por la DBU. “La expectativa es que reciba el alta pronto y pueda volver a casa. Estamos cuidando bien de los jugadores y el cuerpo técnico y mantenemos un contacto regular con ellos”.

En el momento del incidente, Dinamarca mandaba 2-1 en el marcador. Eriksen había notado molestias y, según el propio parte médico, llegó a estar brevemente inconsciente antes de ser evacuado al hospital para someterse a más pruebas. Boesen, que también formaba parte del cuerpo médico cuando el jugador colapsó hace cinco años, volvió a ponerse al frente en una situación que conoce demasiado bien.

El seleccionador, Brian Riemer, relató cómo reaccionó el vestuario al ver a su líder abandonar el campo. “Christian Eriksen saludó con la mano a sus compañeros cuando dejó el césped”, contó. Ese gesto, mínimo pero cargado de significado, fue el único respiro en medio de la angustia.

Riemer confesó que, en un primer momento, pensó que el gesto de dolor del mediapunta se debía a un lance del juego. “Unos minutos antes de que se sintiera mal, había tenido un encontronazo con Ruslan Malinovskyi y pensé que por eso se veía tan afectado, pero me equivocaba. A partir de ese momento, ni yo ni los jugadores en el campo podíamos seguir con el partido”.

La decisión de suspender el amistoso llegó casi por inercia. Nadie tenía la cabeza para competir. No después de ver otra vez a Eriksen en el suelo, rodeado de médicos, con los recuerdos de Parken Stadium golpeando a todos los presentes.

Ahora, la atención se desplaza al hospital y a los resultados de las pruebas. El fútbol puede esperar. Dinamarca respira aliviada al saber que su número 10 está consciente, estable y de buen humor, pero también sabe que cada minuto que pasa hasta que vuelva a casa será observado con la misma intensidad con la que se vive una gran noche de torneo. Porque con Christian Eriksen, la selección danesa no solo se juega un partido. Se juega el pulso de su propia historia reciente.

Christian Eriksen: otro susto y alivio para Dinamarca