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Copa del Mundo bajo alerta de calor extremo: seis partidos en peligro

La Copa del Mundo se juega al límite: seis partidos ya han superado el umbral de calor que el sindicato mundial de futbolistas considera peligroso. El torneo más grande del planeta se está disputando, literalmente, en un horno.

Un inicio de Mundial bajo alerta

El análisis de los primeros 24 encuentros —el debut de cada selección— revela un dato incómodo: dos partidos se disputaron con temperaturas de bulbo húmedo de 28 ºC o más en estadios sin aire acondicionado, el punto a partir del cual el sindicato global de jugadores, Fifpro, ha pedido que los duelos se retrasen o incluso se pospongan.

El choque más extremo fue el Arabia Saudí–Uruguay en Miami. El segundo, el Suecia–Túnez en Monterrey. Ambos, programados por la noche. Ni siquiera el horario evitó que el calor y la humedad se combinaran en un escenario de estrés térmico severo.

Otros cuatro encuentros se jugaron en ciudades que también superaron ese umbral, aunque la climatización de los estadios suavizó el impacto sobre los futbolistas.

Qué significa realmente 28 ºC de bulbo húmedo

No se trata solo de “hace calor”. La temperatura de bulbo húmedo mide el estrés térmico real sobre el cuerpo humano: combina temperatura del aire, humedad y nubosidad para determinar hasta qué punto el organismo puede enfriarse mediante el sudor.

Cuando la humedad es alta, el sudor deja de evaporarse de forma eficaz. El cuerpo ya no se refrigera. La consecuencia es un sobrecalentamiento rápido que puede desembocar en enfermedad grave o incluso muerte. En ese contexto, 28 ºC de bulbo húmedo no es una cifra técnica: es una línea roja.

Para este análisis, se utilizaron datos meteorológicos de agencias gubernamentales de Estados Unidos y Reino Unido, y las temperaturas de bulbo húmedo se calcularon con una fórmula empleada por autoridades de países como Australia y Canadá.

Partidos al borde del límite

En total, seis de los primeros 24 encuentros se disputaron en lugares donde el bulbo húmedo alcanzó los 28 ºC o más: Alemania–Curazao en Houston, Arabia Saudí–Uruguay en Miami, Portugal–RD Congo en Houston, Países Bajos–Japón en Dallas y el Inglaterra–Croacia también en Dallas. El estadio de Houston, como el de Dallas, cuenta con aire acondicionado.

El caso más extremo en un recinto climatizado se vivió el miércoles en Dallas: Inglaterra–Croacia se jugó con una temperatura de bulbo húmedo exterior cercana a los 35 ºC. Dentro del estadio, el sistema de refrigeración logró rebajarla hasta unos 22 ºC. Un alivio para los jugadores, no tanto para todos los que trabajan a la intemperie horas antes del pitido inicial.

El torneo, repartido entre Estados Unidos, México y Canadá, está camino de convertirse en la Copa del Mundo más calurosa desde 1930. Y eso se nota no solo en el césped.

Aficionados y trabajadores, los más expuestos

Las marcas de calor récord en varias sedes han dejado imágenes de aficionados desvaneciéndose en zonas sin sombra y advertencias serias sobre las condiciones para el personal de los estadios, obligado a trabajar durante horas bajo el sol con equipamiento pesado.

Robbie Parks, epidemiólogo ambiental de la Universidad de Columbia y firmante de una carta abierta enviada a Fifa antes del torneo, pone el foco en un detalle clave: las mediciones oficiales suelen tomarse en zonas de sombra. En la grada, en plena solana, la sensación puede dispararse.

“Si estás de pie al sol, la temperatura puede ser de dos dígitos más que la lectura oficial”, alerta. Y subraya que incluso valores por encima de 23 ºC o 25 ºC ya le preocuparían para adultos mayores expuestos durante más de unos minutos.

Parks reconoce que el aire acondicionado, los horarios más tardíos y las pausas de hidratación ayudan a los futbolistas, pero insiste en que no basta para quienes no pisan el césped: “La sombra es clave y la hidratación es clave”. Y apunta a medidas tan básicas como permitir la entrada de botellas de agua o instalar sistemas de nebulización para enfriar el ambiente.

Mira ya hacia la final, prevista en New Jersey, en un estadio sin techo. Un escenario que le inquieta. La esperanza, dice, es que Fifa haya aprendido lo suficiente durante el torneo como para gestionar ese último partido sin poner en riesgo a nadie.

Fifa se defiende: protocolos, meteorólogos y “modelo escalonado”

Ante la perspectiva de un verano abrasador en Norteamérica, Fifa ha movido algunas fichas: ha retrasado ciertos horarios de inicio, ha introducido pausas de hidratación obligatorias y se apoya en la climatización de varios de los 16 estadios del torneo.

La normativa actual establece que deben realizarse pausas de refresco si la temperatura alcanza los 32 ºC. En la práctica, en esta Copa del Mundo se han concedido descansos de hidratación incluso por debajo de ese umbral. El retraso o suspensión de partidos queda en manos de los organizadores de la competición.

Presionada por expertos en calor y salud pública, que reclamaron en una carta abierta medidas más ambiciosas y se apoyaron en la postura de Fifpro sobre los 28 ºC de bulbo húmedo, la organización ha presentado un “modelo de mitigación escalonado” para temperaturas extremas.

Según Fifa, el plan incluye meteorólogos desplegados en las sedes para anticipar episodios de calor severo y una coordinación estrecha con autoridades locales y responsables de los estadios. Para los jugadores, junto a las pausas de hidratación, se garantiza acceso constante a agua, bebidas con electrolitos y herramientas de enfriamiento como hielo, toallas frías, ventiladores, sistemas de niebla y zonas de sombra.

Para los aficionados, el protocolo prevé activar “capacidad adicional de enfriamiento” cuando sube el termómetro: más áreas sombreadas, sistemas de nebulización, autobuses climatizados y un reparto ampliado de agua. Además, se ha introducido un protocolo médico específico para tratar golpes de calor, con bolsas de enfriamiento que se utilizarán por primera vez en un Mundial.

La organización asegura que seguirá monitorizando las condiciones en tiempo real, integrando indicadores como el bulbo húmedo y el índice de calor, y que está preparada para aplicar protocolos de contingencia si se producen episodios extremos.

El Mundial, escaparate del calor extremo… y parte del problema

El telón de fondo es ineludible. El calor extremo es el fenómeno más letal agravado por la crisis climática: provoca más muertes al año que huracanes, inundaciones e incendios forestales juntos. Y este Mundial no es solo víctima del calentamiento global, también contribuye a él.

Según estimaciones de la plataforma de contabilidad de carbono Greenly, la organización de más de 100 partidos generará alrededor de 7,8 millones de toneladas de gases de efecto invernadero, el doble que la edición anterior en Qatar.

Mientras los jugadores se hidratan, los organizadores ajustan termostatos y los meteorólogos miran al cielo, una pregunta queda flotando en el aire espeso de este verano norteamericano: ¿hasta cuándo podrá el fútbol seguir esquivando de verdad el impacto del calor que él mismo ayuda a intensificar?