Cristian Romero responde a Gary Neville tras semifinal del Mundial
Cristian Romero contra Gary Neville: la respuesta del campeón en una noche de furia albiceleste
En Atlanta no solo se jugó una semifinal de Mundial. También se saldó una cuenta pendiente. Cristian Romero esperó al pitido final, a la clasificación a otra final del mundo, para contestar a Gary Neville con la misma dureza con la que entra a cada balón dividido.
«Lo único que espero es que cuando me retire no sea tan estúpido. Ojalá no critique a un jugador o a nadie», lanzó el central a DSports al ser consultado por los comentarios del exdefensor de Manchester United. No levantó la voz. No hizo falta. El contexto lo hacía todo: Argentina otra vez en una final, él otra vez en el centro de la escena.
Romero no se quedó ahí. Marcó la línea de un vestuario que se siente permanentemente bajo la lupa. «Porque al final del día, estamos haciendo lo mejor por nuestra selección. A veces nos sale bien, a veces mal, pero estamos felices de estar de nuevo en una final del mundo», remató. Mensaje directo, sin rodeos, a un viejo zaguero que ahora dispara desde el micrófono.
Neville había encendido la polémica en el Overlap Podcast al cuestionar la fiabilidad de la dupla Romero–Lisandro Martínez. «Parece que regalan un gol entre los dos en cada partido. Pero los ves: marcan goles, ganan todos los balones aéreos, están literalmente en todas partes, es increíble. Los llamo la mejor peor pareja de centrales del mundo. Porque a veces pueden ser increíbles, y al siguiente momento pasan de lo sublime a lo ridículo», había sentenciado el inglés.
Lisandro no miró hacia otro lado. El defensor de Manchester United se alineó con su compañero y defendió el carácter de un grupo que vive bajo el microscopio de la Premier League. «Estamos acostumbrados a que hablen siempre de nosotros. Parece que les gusta hacerlo, y nosotros respondemos en la cancha, nada más, siempre con respeto», explicó mientras el plantel campeón del mundo celebraba otro paso histórico.
Esa mentalidad de asedio, de todos contra nosotros, encontró eco inmediato en Lionel Scaloni. El seleccionador apareció visiblemente emocionado tras ver a su equipo remontar el gol de Anthony Gordon en el segundo tiempo y ganar gracias a los tantos de Enzo Fernández y Lautaro Martínez. No compró el discurso de la soberbia. Prefirió poner el foco en algo más íntimo, casi intangible: el lazo interno que sostiene a esta generación cuando el escenario se oscurece.
«Se me quiebra la voz porque esto es una demostración de tantas cosas: espíritu de equipo, hermandad, no rendirse nunca, pelear hasta el final. Después de esto, vamos a ir a ganar la final, pero ¿qué más tiene que hacer este equipo? Me han conmovido profundamente. No tengo mucho más para decir; es todo gracias a ellos», confesó Scaloni en la conferencia de prensa.
La noche había empezado torcida. El gol de Gordon obligó a Argentina a remar contra un Inglaterra herido en su orgullo, pero sin colmillo. El campeón se sostuvo en su carácter, en la pelota parada, en los cambios. La presión terminó por romper la resistencia inglesa con el derechazo de Enzo Fernández y el olfato de Lautaro. Otra remontada. Otro capítulo de un ciclo que se alimenta del sufrimiento.
En medio de ese clima, Romero se convirtió en símbolo. Vivió la semifinal al límite: celebró un despeje como si fuera un gol, gritó en la cara de Jordan Pickford, se plantó frente a Jude Bellingham al final del partido y lo miró fijo, sin un paso atrás. Encarnó exactamente lo que Scaloni había descrito minutos después: orgullo, rebeldía, un punto de provocación que enciende a la hinchada y desquicia al rival.
Cuando todo se calmó, el zaguero resumió la magnitud del momento. «Creo que estamos haciendo historia, para nosotros es algo realmente enorme, y sentimos el significado de esta camiseta como nadie», dijo, con la medalla de finalista asegurada y la mirada ya puesta en lo que viene.
Lo que viene no es menor. Argentina se medirá con España en una final que huele a choque de estilos y de generaciones, con los campeones del mundo buscando defender la corona y bordar la cuarta estrella. El plantel volará ahora a New Jersey para el gran partido del domingo, con la sensación de estar escribiendo un capítulo que marcará época.
Del otro lado queda Inglaterra, otra vez rota en el gran escenario, obligada a recomponerse a toda prisa para un partido por el tercer puesto ante Francia que sabe a premio consuelo. Mientras tanto, Romero y compañía viajan con la crítica a cuestas, el escudo en el pecho y una certeza: las respuestas más contundentes no salen de un estudio de televisión, salen del césped.
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