Cristiano Ronaldo y su último Mundial: Reflexiones y legado
Cristiano Ronaldo no esquivó el tema. Lo atacó de frente. A 24 horas de un Portugal–España de octavos de final de Copa del Mundo que puede marcar el final de una era, el capitán se plantó ante la prensa y desnudó la realidad: el tiempo también le alcanza.
“Tengo 41 años. No soy el jugador que solía ser”, admitió. Lo dijo sin dramatismo, casi con ironía, en una sala abarrotada, antes del duelo del lunes (20:00 BST) en Texas.
Siete meses lo separan de los 42. Y este, volvió a confirmar, será su último Mundial.
Un mito contra el reloj
El torneo lo ha expuesto como pocas veces. Tres goles, sí. Pero también tramos largos de partidos en los que apenas aparece. División total de opiniones: para unos, sigue siendo imprescindible; para otros, el equipo ya pide otra cosa.
Él, sin embargo, mantiene el pulso.
“No me está yendo tan mal”, lanzó cuando le preguntaron por las críticas y su futuro. “Llevan 23 años intentando matarme. Ya deberían haber visto que no vale la pena, es una pérdida de tiempo, pero intentan e intentan e intentan e intentan e intentan”.
Después, la frase que resume toda su carrera: “Pararé cuando yo elija, no cuando ustedes elijan. Siempre hacen la misma pregunta. Este será mi último Mundial, pero esperemos que mañana no sea mi último partido”.
En Toronto, en el dramático cruce de dieciseisavos ante Croacia, su Mundial estuvo a un paso del abismo. Ivan Perisic adelantó a los croatas en el 53’ y el escenario era brutal: la que podía ser la aparición 232 con su selección convertida en la última.
Ronaldo respondió desde el punto de penalti. Primer gol suyo en fases eliminatorias de un Mundial. Un dato que sorprende para el máximo goleador de la historia del fútbol de selecciones, con 146 tantos.
Poco después, Roberto Martínez tomó una decisión que encendió el debate: lo sustituyó. El rostro de Cristiano al salir lo dijo todo. No le gustó. Pero el desenlace dio la razón al técnico: Gonçalo Ramos, el heredero natural, entró y selló la clasificación en un final caótico.
Desde entonces, la pregunta flota sobre todo lo que rodea a Portugal: ¿debe seguir siendo titular Cristiano ante España?
Un legado que lo cambió todo
Ronaldo ha transformado Portugal. No solo su selección. Su mentalidad. Con él, el país pasó de vivir de la nostalgia de Eusebio a sentirse candidato permanente. Campeón de Europa en 2016, cinco veces ganador de la Champions League, icono global.
Ha marcado en los seis Mundiales que ha disputado.
- En 2006, penalti a Irán.
- En 2010, gol a Corea del Norte en Ciudad del Cabo.
- En 2014, único tanto ante Ghana en Brasilia.
- En 2018, hat-trick a España en Sochi y, cinco días después, el gol de la victoria contra Marruecos en Moscú.
- En 2022, penalti a Ghana en Qatar.
- En esta edición en Estados Unidos y Canadá, dos goles a Uzbekistán en Houston el 23 de junio y el penalti decisivo frente a Croacia.
Pero el aura de intocable se ha resquebrajado. Las voces que piden que dé un paso al lado ya no se escuchan solo en susurros.
“Él no juega para ganar, juega para ser la figura principal”, disparó António Simões, integrante de aquella Portugal tercera en el Mundial de 1966. “¿Entienden que es lo contrario de Eusebio? Llamemos a las cosas por su nombre. No tengo nada contra él. Sigo viendo, sigo oyendo y sigo pensando. Pero no puedo huir de la realidad de los hechos”.
La realidad de hoy es tozuda. Cristiano sigue siendo el máximo goleador de Portugal en este Mundial con tres tantos, pero sus números colectivos son pobres. Ha intentado 15 disparos, casi el doble que cualquier compañero, y todavía no ha creado ni una sola ocasión. Ningún otro jugador en el torneo ha rematado tanto sin generar una oportunidad.
En tres de los cuatro partidos ha tocado menos de 25 balones —uno de ellos entrando desde el banquillo—, sus cifras más bajas en cualquier partido mundialista de su carrera. Nunca había promediado tan pocos toques por encuentro en una Copa del Mundo.
Contra Croacia, su único toque en el área rival fue el penalti que cambió el destino del partido.
En lo físico, los datos también hablan: promedia 4,4 desmarques al espacio por partido, muy por debajo de sus registros en los dos últimos Mundiales, ocupando una posición similar como nueve referencia.
La fe de un país
Y, sin embargo, Portugal sigue arrodillándose ante su ídolo. La gente que llenó Toronto lo dejó claro: para ellos, lo que ha hecho por la selección le da derecho a decidir cómo y cuándo se va.
“Creo que él debería dictar si quiere seguir o no”, decía Angelo, aficionado luso, antes del duelo con Croacia. “Lo que ha hecho por Portugal como nación, él debería dictarlo al 100%”.
Los números de la era Martínez alimentan la discusión. Desde que el técnico asumió en 2023 tras su etapa con Bélgica, Cristiano ha jugado 36 de 44 partidos. La mayoría de sus ausencias, por lesión o sanción.
Curiosamente, las dos mayores goleadas de este ciclo llegaron sin él: 9-0 a Luxemburgo en Faro en septiembre de 2023 y 9-1 a Armenia en Oporto el pasado noviembre. Cada vez que ocurre algo así, se reabre el debate: ¿juega mejor Portugal sin su capitán?
Martínez, sin embargo, defiende su apuesta. “Su liderazgo y ese trabajo en el último tercio siguen siendo de los mejores del mundo”, aseguró al explicar por qué continúa alineándolo de inicio.
El país, mientras tanto, se aferra a la figura que “nos hizo soñar”. Veintitrés años después de su debut con la absoluta, la Ronaldo-manía no se apaga. Todo lo contrario.
En Toronto, era más fácil encontrar una camiseta de Portugal con su nombre que sin él. Antes del partido con Croacia, la fiebre se desbordó hasta las carreteras: aficionados detuvieron durante unos minutos una de las principales autopistas de la ciudad solo para intentar verlo de cerca.
Ni siquiera hacía falta que te gustara el fútbol. “La televisión y la radio locales llevan días locos con él”, confesaba el taxista que llevaba a un periodista desde el aeropuerto al hotel. “Debe ser especial”.
Una aficionada local contó que se gastó el sueldo de un mes entero para comprar una entrada. Solo quería ver, al menos una vez, a uno de los grandes en un Mundial.
“En el escenario mundial no teníamos a nadie después de Eusebio”, decía João, otro hincha portugués. “Ronaldo llegó y nos hizo soñar”.
Lucília, con la bandera al cuello, iba más allá: “La gente habla de Portugal por él. No se olvida de dónde viene, se acuerda de la gente. Lo amo. Ronaldo significa más para Portugal que cualquier político”.
Diana, otra seguidora, ya se prepara para el día que anuncie su adiós definitivo de la selección. “Por supuesto que voy a estar triste. Todo el mundo va a estar triste, porque no importa a quién apoyes. Ronaldo ha tenido una carrera maravillosa y ha sido un jugador ejemplar. Yo le diría: ‘Muy bien, Cristiano. Disfruta de tu retiro. Te lo mereces después de entretener al mundo’”.
La encrucijada de Martínez
Entre la devoción popular y la frialdad de los datos, Roberto Martínez se asoma a una decisión que puede marcar su mandato. ¿Titular a Cristiano ante España, en lo que podría ser su última función en un Mundial? ¿O premiar a Gonçalo Ramos, el héroe del gol frente a Croacia, con un puesto en el once?
El propio Ronaldo, aplaudido al salir de la sala de prensa, dejó claro cómo se siente. “No voy a ser más Cristiano Ronaldo o menos porque gane el Mundial. Incluso doy las gracias por los ataques que siento desde que cumplí 40… la crítica es cómo creces, así que gracias por hacer esto. Pase lo que pase mañana, Cristiano Ronaldo se irá con la conciencia tranquila —no al 100%, sino al 1.000%— porque en la vida y en el fútbol lo di todo”.
No hay medias tintas en su discurso. Nunca las hubo en su carrera.
Icono global, tesoro nacional. Ídolo que llenó estadios, vitrinas y portadas, y que, a las puertas de los 42, se mira al espejo sin engañarse: ya no es el de antes, pero sigue creyendo que puede decidir partidos.
La noche de Texas dirá si todavía le queda una última obra maestra en la Copa del Mundo o si, por primera vez en dos décadas, Portugal tendrá que aprender a soñar sin él.
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