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Di María abraza a la generación dorada: leyendas de Argentina

Di María abraza a una generación dorada: “Son historia, son leyendas”

La final ya había terminado. Las luces del estadio seguían encendidas, pero para Argentina el telón había caído de la forma más cruel. Sin remates al arco en los 90 minutos, con el equipo atado, golpeado y desbordado por la tensión, el campeón defensor se despedía del trono con una estadística que dolerá leer durante años: el primer seleccionado en una final que no consigue registrar ni un solo disparo en el tiempo reglamentario.

En medio de ese silencio pesado, la voz que apareció no fue la de alguien dentro de la cancha, sino la de un símbolo que ya había dado su último servicio con la camiseta albiceleste: Ángel Di María.

El mensaje de un referente

El extremo, uno de los emblemas de esta era, recurrió a su cuenta de Instagram para levantar a sus excompañeros cuando el golpe todavía ardía. No fue un texto frío ni diplomático. Fue un desahogo, una caricia y una sentencia histórica.

“Un país está orgulloso de ustedes. Un país volvió a unirse gracias al amor y a los huevos que le pusieron a este Mundial”, escribió Di María, apuntando directo al corazón de un vestuario devastado.

La derrota en la final no cambió su veredicto sobre este ciclo. Al contrario, lo subrayó: “Son historia, son leyendas, y nadie les va a poder sacar eso jamás. La mejor selección de la historia de nuestro país. Cinco finales consecutivas, nadie les va a poder sacar eso. MUCHAS GRACIAS POR TODO”.

No había consuelo posible en el resultado, pero sí en el recorrido. Di María lo dejó claro: una noche negra no borra una década de grandeza.

Una final bloqueada y un récord que duele

Sobre el césped, la historia fue muy distinta. El partido decisivo se jugó al límite, trabado, con más fricción que fútbol. Argentina, que tantas veces se había sostenido en su carácter competitivo, esta vez quedó atrapada en su propia tensión.

Las señales de alarma aparecieron pronto. Lisandro Martínez tuvo que abandonar el campo en la primera parte con una lesión grave, un golpe que desarmó la estructura defensiva y obligó a reacomodar piezas en plena batalla. Cada choque se sentía definitivo, cada caída parecía un presagio.

Con el correr de los minutos, la incomodidad se transformó en impotencia. La selección no encontraba caminos, no generaba peligro, no lograba ni siquiera ese remate lejano que, aunque inocente, al menos figure en la planilla. Nada. Cero tiros en los 90 minutos de una final. Un registro que se instala como una marca indeseada en la historia del campeón saliente.

Cuando el reloj se acercaba al tiempo extra, llegó otro mazazo: Enzo vio la tarjeta roja y dejó a Argentina con uno menos justo antes de la prórroga. El margen de maniobra se redujo a la mínima expresión. El partido se volvió una cuesta arriba interminable.

España celebra, Argentina mira el final de una era

Mientras España levantaba el trofeo y se convertía en el primer país en sostener al mismo tiempo los títulos mundiales masculino y femenino, el contraste era brutal. De un lado, la euforia de un ciclo que se abre. Del otro, la mueca amarga de una etapa que parece haber llegado a su fin.

En el banco argentino, en el túnel, en el vestuario, la sensación era la misma: se escapaba algo más que una copa. Se cerraba la puerta de una generación que había llevado al país a cinco finales consecutivas, una racha inédita que Di María se encargó de recordar para que nadie la olvide en medio del dolor.

La “era dorada” no terminó con fuegos artificiales, sino con un partido seco, áspero, sin remates al arco y con expulsión. Pero terminó con una certeza, expresada por uno de sus máximos protagonistas: estos jugadores ya están en el libro grande de la historia. Pase lo que pase de ahora en adelante, nadie podrá discutirlo.