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Erling Haaland lleva a Noruega a cuartos de final tras vencer a Brasil

Erling Haaland necesitó once minutos para cambiar la historia de Noruega. Y para hundir a Brasil en su eliminación más temprana en una Copa del Mundo desde 1990. Dos zarpazos del delantero en el tramo final firmaron un 2-1 inolvidable en el New York New Jersey Stadium y enviaron a los nórdicos, por primera vez, a unos cuartos de final mundialistas.

El resultado tiene dos caras. La euforia de un país que nunca había llegado tan lejos. Y el derrumbe de una pentacampeona dirigida por Carlo Ancelotti, que vuelve a chocar contra el mismo muro: un rival europeo. Ya son seis Mundiales consecutivos cayendo ante selecciones del Viejo Continente.

Nyland, el muro que desesperó a Brasil

La noche empezó torcida para Brasil y con un héroe inesperado para Noruega. Örjan Nyland firmó una actuación gigantesca bajo palos, el tipo de partido que marca una carrera.

A los pocos minutos, Patrick Berg creyó adelantar a los noruegos, pero el gol se anuló por fuera de juego en la jugada previa. Aviso serio. Brasil reaccionó con un penalti ganado por Matheus Cunha, derribado en el área por Kristoffer Ajer tras una mala lectura defensiva.

Ismail Elfath, el árbitro, dejó seguir, pero la sala VAR lo llamó y la decisión cambió: pena máxima. El escenario perfecto para que Bruno Guimarães tomara el mando. Guimarães lanzó, Nyland adivinó. Vuela abajo a su izquierda y desvía un disparo demasiado blando para esta instancia. Primer rugido de la noche noruega.

A partir de ahí, el guardameta se adueñó del partido. Desvió un tiro cruzado de Gabriel Martinelli que dejaba el gol servido a Guimarães. Sacó una pierna providencial para negar el tanto a Vinicius Junior tras una pérdida comprometida de Martin Ødegaard en la frontal. Cada error de Noruega encontraba el mismo final: las manos, o las piernas, de Nyland.

Haaland se enciende al final

Durante buena parte del encuentro, Haaland fue más problema potencial que amenaza real. Chocó con Gabriel Magalhães y Marquinhos, peleó cada balón, pero sin encontrar el espacio. Solo al borde del descanso su potencia abrió una rendija: ganó el duelo físico, la pelota le cayó a Ødegaard y Alisson respondió con una gran parada.

Ståle Solbakken movió el banquillo al descanso: dentro Oscar Bobb y Andreas Schjelderup, fuera Antonio Nusa y Alexander Sørloth. El ritmo de Noruega cambió, pero el primer gran impacto tras la reanudación llegó del otro lado.

Vinicius filtró un pase delicioso con el exterior para Endrick, que se plantó solo ante Nyland. El joven definió de vaselina, pero desviado, presionado por la salida del portero. Otra ocasión clara desperdiciada. Otra muesca en la frustración brasileña.

Nyland siguió multiplicándose. Voló para sacar un disparo potente de Rayan y, poco después, volvió a negarle el gol a Guimarães en una jugada invalidada por fuera de juego. Brasil empujaba, pero el marcador seguía congelado.

La entrada de Neymar en el minuto 67 encendió al estadio, mayoritariamente vestido de amarillo. El ambiente cambió. El partido, no tanto.

El cabezazo que rompió el guion

Cuando el duelo pedía un detalle, apareció Schjelderup. El extremo, muy activo desde su ingreso, recibió en la izquierda y puso un centro envenenado. No fue un envío cualquiera: atacó el espacio, midió el salto y se elevó por encima de Gabriel para conectar un cabezazo perfecto, cruzado, imposible para Alisson.

Noruega se adelantaba. Brasil se miraba al espejo y no encontraba respuestas.

Con el marcador en contra, la selección de Ancelotti se volcó sin red. Y estuvo a un paso de empatar de la forma más cruel para Noruega: un despeje de Ajer a punto estuvo de convertirse en autogol, pero Nyland, de nuevo, retrocedió a toda velocidad y rozó el balón con la yema de los dedos para evitar el desastre.

Ese gesto sostuvo a Noruega. Y preparó el escenario para el golpe definitivo.

En el minuto 90, Haaland recibió cerca de la frontal, encaró y soltó un disparo raso, seco, ajustado al palo. Gol. 2-0. El delantero alcanzaba los siete tantos en el torneo, igualando a Lionel Messi, y parecía sentenciar el pase a cuartos.

Neymar maquilla, pero no salva

Brasil aún tuvo una última vida. En el décimo minuto de descuento, una acción con Casemiro terminó en penalti. Antes del lanzamiento, Neymar y Nyland se enzarzaron en un cruce de palabras y miradas que añadió tensión a un final ya hirviente.

Neymar ejecutó con frialdad y recortó distancias. 2-1. Demasiado tarde.

El pitido final certificó la gesta noruega y el naufragio brasileño. Noruega se gana una cita en Miami, el 11 de julio, ante el anfitrión México o una Inglaterra siempre candidata. Brasil, que no se quedaba fuera de los cuartos desde aquella derrota ante Argentina en 1990, vuelve a casa con la misma pregunta de los últimos 24 años: cómo recuperar el trono que un día pareció eterno.

Erling Haaland lleva a Noruega a cuartos de final tras vencer a Brasil