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Gvardiol, el soldado que transforma el lateral del City

Josko Gvardiol vuelve a parecerse al defensor que deslumbró en la élite antes de que una grave lesión le cortara el ritmo la temporada pasada. Y lo está haciendo en un Manchester City que ha pasado de la alarma a la autoridad en apenas unas semanas.

Tras el 0-3 ante Arsenal en la Community Shield de agosto, el equipo de Enzo Maresca reaccionó con contundencia: seis victorias seguidas en todas las competiciones y solo dos goles encajados en las primeras cuatro jornadas de la Premier League. En esa solidez hay una constante: el croata.

Con el nuevo capitán Ruben Dias y el inglés Marc Guehi levantando un muro en el centro de la zaga, Maresca encontró una solución evidente para meter a Gvardiol en el once: lateral izquierdo. Y ahí, lejos de parecer un parche, se está convirtiendo en dueño y señor de la banda.

Un lateral que rompe el molde

La visita de Sunderland este domingo (14:00 BST) llega con el técnico avisando: “el partido más difícil” hasta ahora “por lo buenos que son”. El contexto es claro: victoria para mantener el pleno, y Gvardiol rumbo a la selección croata con la moral disparada antes de medirse a Inglaterra y España en la Nations League, tras el golpe del pasado verano con la eliminación en octavos de final del Mundial.

Maresca tenía centrales de sobra. Le faltaba encaje para un jugador de 77 millones de libras, el segundo defensa más caro de la historia tras Harry Maguire. La lesión de la temporada pasada —fractura de pierna y cinco meses fuera— permitió que Nico O’Reilly se mantuviera en un rol improvisado como lateral izquierdo. Ahora, con Gvardiol sano, el inglés ha regresado al banquillo, a la espera de oportunidades en su posición natural: el centro del campo.

El croata no ha protestado. Al contrario. Quien le conoce por dentro lo define como un “soldado”: acepta el rol que le toque y lo ejecuta al máximo por el bien del equipo. Se siente satisfecho con la decisión de Maresca y convencido de que su paso por Inglaterra le ha dado un poso táctico que antes no tenía.

En verano, él mismo avisó de que necesitaría “al menos un año para que todo cure por dentro”. Hoy, el discurso interno es otro: sin dolor, con el 100% de forma y con una zancada que vuelve a imponer respeto.

Libertad para atacar, fiabilidad para defender

Gvardiol ya ha jugado tanto de central como de lateral desde su llegada al City en 2023, pero admite que la banda le exige más físicamente. Le gusta. Le permite lanzarse hacia arriba, pisar área, aparecer donde duelen los laterales que no se conforman con defender.

El arranque de curso lo demuestra. Gol ganador en el tiempo añadido en el estreno liguero ante Bournemouth, dos asistencias en este tramo inicial, incluida la del polémico tanto de Erling Haaland que decidió el derbi en Old Trafford frente a Manchester United.

Su impacto ofensivo, sin embargo, no tapa lo esencial: atrás sigue siendo un seguro. En el propio Old Trafford, el domingo pasado, sostuvo una victoria que parecía improbable cuando Phil Foden vio la roja en el minuto 23. Con uno menos, el City resistió. Gvardiol fue clave: secó a Bryan Mbeumo durante gran parte del encuentro, ganó nueve de once duelos —nadie en el campo ganó más— y firmó cuatro entradas, la cifra más alta de cualquier jugador del City.

Los datos de la Premier respaldan la sensación visual: séptimo jugador con más duelos ganados en lo que va de campeonato y entre los diez que más entradas han completado en la máxima categoría. Con ese nivel, el argelino Rayan Ait-Nouri, fichado el verano pasado desde Wolves precisamente para el lateral izquierdo, se ha visto desplazado hacia posiciones más adelantadas.

No todo han sido noches perfectas. En Oporto, en Champions, vivió un partido incómodo: amarilla en la primera parte y cambio temprano en la segunda. Más un borrón aislado que un síntoma preocupante.

Un compromiso a largo plazo

En verano, Gvardiol despejó cualquier duda sobre su futuro. Firmó un nuevo contrato de cinco años con el City pese al interés de Bayern Munich y Barcelona. Se declaró “feliz” por alargar su estancia en el Etihad Stadium y asumió el código Maresca: “todos tienen que pelear por su posición, nadie la tiene garantizada”.

La frase encaja con la competencia feroz que vive el vestuario. Pero hay algo evidente: si mantiene este nivel, su sitio no estará en discusión. Y menos ahora, con un City que ha encontrado en su “soldado” croata un lateral que defiende como central, ataca como interior y se ha convertido, sin hacer ruido, en una de las claves del arranque perfecto de la temporada.

La cuestión ya no es si tiene hueco en el once. La verdadera duda es otra: ¿cuánto más puede crecer un jugador que, recién curado por dentro, ya juega como si nunca se hubiera roto?

Gvardiol, el soldado que transforma el lateral del City