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Hemp brilla en la victoria del City: 4-2 ante Liverpool

El marcador dice 4-2 para Manchester City ante Liverpool. Parece cómodo. No lo fue en absoluto.

Hasta el minuto 90, la racha perfecta en la defensa del título y los 13 triunfos seguidos en el Joie Stadium pendían de un hilo. El campeón tuvo que remar a contracorriente, corregir errores propios y castigar los ajenos en un final frenético que dejó sin premio a un Liverpool valiente.

Lauren Hemp puso la primera piedra y también el último clavo. La internacional inglesa firmó un doblete que abrió el partido y lo sentenció en el añadido, cuando las visitantes se lanzaron desesperadas a por el empate y dejaron una autopista a su espalda. Hemp corrió todo el campo y definió con calma ante su excompañera Khiara Keating para cerrar la noche.

Antes, el encuentro había sido un ida y vuelta lleno de fallos defensivos, decisiones arriesgadas y pegada en las áreas. Un duelo de alto nivel… decidido por errores.

Un inicio ideal… que duró poco

El City arrancó como un campeón. Al 13', una jugada coral, limpia y rápida, terminó en los pies de Hemp, que cruzó para marcar su primer gol desde noviembre. El Joie Stadium respiró tranquilo. Parecía la típica tarde plácida del líder.

No lo fue.

Seis minutos después, un lío en la zaga local abrió la puerta al empate. Un mal entendimiento en la salida de balón dejó el esférico franco para Alice Bergstrom, que no perdonó ante Ayaka Yamashita. El 1-1 devolvió el pulso al partido y encendió a Liverpool.

El golpe no despertó al City. Al contrario, dio alas a las de Gareth Taylor. El equipo visitante olió sangre y se instaló en campo contrario. La presión funcionó, las decisiones en tres cuartos fueron más claras y el campeón empezó a dudar.

Al 28', llegó el premio. Vivien Endemann, que ya había asistido en el primer gol, cazó un balón en el área y lo empalmó con violencia. El disparo, potente y tenso, se coló entre las manos estiradas de Yamashita. De 1-0 a 1-2 en quince minutos. El Joie Stadium se quedó helado.

Shaw sostiene al City

El City tambaleaba, pero tiene un seguro de vida: Khadija “Bunny” Shaw. La carrera por su tercer Golden Boot consecutivo sigue en marcha y lo demostró otra vez.

Primero avisó con un disparo al poste en el 39'. Era el preludio. En el 45+2', Hemp probó desde fuera, Keating dejó el balón suelto y Shaw apareció donde siempre, en el área pequeña, para empujar su cuarto gol de la temporada en la WSL. 2-2 al descanso y la sensación de que el campeón, aun sin dominar, seguía vivo por pura calidad en las áreas.

El mensaje era claro: retener a Shaw en verano fue el mejor fichaje del City.

Tras el descanso, el guion se tensó. El City buscó el tercero, Liverpool no renunció a nada. Keating sostuvo a las suyas con una gran parada a disparo de Shaw al 60', mientras las visitantes seguían mordiendo en la presión y ganando duelos en medio campo. Por momentos, el campeón parecía más incómodo que el aspirante.

El partido se rompe y el campeón muerde

Cuando el empate parecía encaminado, el encuentro se decidió en un tramo final cruel para Liverpool.

Al minuto 90, un centro sin demasiado peligro se convirtió en tragedia para las Reds. Grace Fisk, capitana visitante, trató de despejar y acabó metiendo el balón en su propia portería. 3-2. Golpe psicológico demoledor justo cuando se anunciaban cinco minutos de añadido.

Liverpool no se resignó. Subió líneas, acumuló camisetas rojas en campo rival y se volcó a por el 3-3. Esa fe, sin embargo, dejó un espacio mortal a la espalda.

En el 90+5', el castigo fue definitivo. El City robó, lanzó la transición y Hemp vio la autopista verde por delante. Corrió, levantó la cabeza y, mano a mano con Keating, definió con frialdad. 4-2. Partido cerrado, racha intacta, liderato reforzado.

Un marcador abultado para un duelo que estuvo en el aire hasta el último suspiro.

Un Liverpool irreconocible… para bien

El resultado no cuenta toda la historia. El análisis de Sky Sports, firmado por Charlotte Marsh, pone el foco en el salto competitivo de Liverpool en apenas un año.

Hace doce meses, el club vivía un periodo de duelo institucional, con la marcha de dos figuras muy queridas en poco tiempo, el exentrenador Matt Beard y el utillero Jon Humble. Sobre el césped, una plaga de lesiones lastraba cualquier intento de progreso bajo el nuevo técnico. El club, sin embargo, decidió sostener el proyecto y la apuesta empieza a devolver dividendos.

Este Liverpool ya no se encierra ni se limita a resistir. En el Joie Stadium, presionó mejor, tomó decisiones más valientes y mostró una convicción que hace un año parecía lejana. Endemann, recién llegada de Wolfsburg y con apenas unos pocos partidos en la WSL, jugó como si llevara años en la liga. Junto a Beta Olsson y Bergstrom, desordenó a la defensa del City y generó problemas constantes.

Durante largos tramos del encuentro, las Reds parecieron más decididas, más rápidas en la presión, más claras en sus intenciones. Solo los errores finales, esos pequeños detalles que distinguen a un aspirante de un campeón, las dejaron sin recompensa.

Los números son elocuentes: la temporada pasada necesitaron 12 partidos para sumar cuatro puntos. Este año ya han alcanzado esa cifra en tres jornadas. Y la sensación es que el techo está mucho más arriba que la undécima plaza del curso anterior.

Mentalidad de campeón y una tabla que empieza a hablar

Para el City, el partido deja dos mensajes. El primero, evidente: la calidad individual y la profundidad de plantilla siguen marcando diferencias. El segundo, igual de importante: la mentalidad.

El propio Andree Jeglertz subrayó la capacidad del grupo para no dejar de creer incluso después de “regalar” dos goles en la primera parte. El equipo se adaptó con el paso de los minutos a los ajustes de Liverpool, generó ocasiones suficientes para marcar cuatro tantos y terminó imponiendo su pegada.

Con este 4-2, el campeón amplía su ventaja en la cima a cinco puntos antes de que se complete la jornada del fin de semana. Es temprano, pero cada tropiezo ajeno empieza a valer oro en una liga donde los márgenes son mínimos.

Liverpool, por su parte, se mantiene tercero con cuatro puntos. Sale sin nada en el bolsillo, pero con algo que no se compra: la certeza de que ya puede mirar a la cara al campeón en su propia casa.

Si este es solo el primer gran examen de la temporada, la pregunta es inevitable: ¿hasta dónde puede llegar un Liverpool que ya no se conforma con sobrevivir y un City que, incluso sufriendo, no se acostumbra a otra cosa que no sea ganar?