Inglaterra enfrenta desafíos entre lesiones y Haaland
La visita al Azteca dejó algo más que una clasificación y un recuerdo épico. Dejó marcas. Marc Guehi sale de un golpe, varios acabaron con las piernas vacías y el eterno problema de Reece James volvió a la mesa: ese isquiotibial que nunca termina de dar garantías. El lateral derecho se ha convertido en un rompecabezas, agravado ahora por la confirmación de los dos partidos de sanción para Jarell Quansah.
Aun así, este grupo no anda corto de talento ni de variantes. Thomas Tuchel tiene piezas para mezclar y combinar. Más allá de los titulares casi indiscutibles, nombres como Dan Burn, Djed Spence y John Stones han respondido atrás cuando el contexto lo exigía. Y queda la sensación de que todavía no se ha visto la mejor versión de Morgan Rogers. El duelo en Florida, el sábado, puede ser la ventana perfecta para él.
Bajo palos, el Azteca cambió el relato de Jordan Pickford. Hasta octavos, el guardameta del Everton había dejado dudas. No por exceso de trabajo, precisamente. Apenas le habían exigido, pero los pequeños errores pesaban: pudo hacer más en el sorprendente gol inicial de DR Congo en el primer cruce, se mostró inseguro ante Ghana y Tuchel le reprochó en público la lentitud para mover la pelota frente a Croacia. Las preguntas eran legítimas.
Entonces apareció México. Y apareció el Pickford de las grandes noches. Tres paradas gigantes para negarle el gol a Raúl Jiménez, cinco despejes de puños y media hora final de resistencia pura, a base de rechazar centros y balones colgados en una catedral del fútbol. Fue una actuación de portero grande en escenario grande. Y le devolvió el puesto de forma indiscutible.
En defensa, las opciones empiezan a afinarse. La expulsión de Quansah ante México cortó de golpe una actuación muy seria y la sanción de dos partidos se siente excesiva en el entorno inglés. El intento de que se revisara el castigo por un supuesto error de procedimiento del VAR no ha prosperado. No estará. Punto.
Eso obliga a mirar otra vez a Reece James. El lateral ha completado entrenamientos al máximo ritmo y desde el cuerpo técnico aseguran que su isquiotibial está listo. La frase ya suena repetida. Con él siempre hay un “pero” físico flotando en el ambiente. Aun así, su calidad y su salida de balón son un recurso demasiado valioso para ignorarlo, sobre todo con el carril derecho bajo mínimos.
En el centro de la zaga, aparece un nombre que encaja con un objetivo muy concreto: Ezri Konsa. Pocos centrales pueden presumir de haber contenido a Erling Haaland. El defensa del Aston Villa es una de esas raras excepciones. En cinco partidos de Premier League ante el noruego, Haaland solo ha marcado una vez, en 406 minutos. Puede ser cuestión de sistema, quizá el delantero simplemente no se siente cómodo ante ese Villa agresivo. Pero el dato está ahí, y el duelo directo suena a la clase de emparejamiento que Inglaterra necesita.
Por la izquierda, Nico O’Reilly aportó por fin algo de colmillo defensivo. Su calidad ofensiva nunca estuvo en duda, ni su química creciente con Anthony Gordon. Faltaba verlo sufrir atrás. México se lo exigió y el lateral respondió, cerrando bien su banda hasta que una amarilla inoportuna llevó a Tuchel a retirarlo en el minuto 72. Debería volver al once, esta vez con el objetivo de completar los 90 minutos.
El centro del campo, en cambio, casi se escribe solo. La sala de máquinas tiene dueño. Anderson no es el mediocentro posicional perfecto, pero ofrece equilibrio. Se entiende por qué Manchester City decidió invertir fuerte en él para el puesto de ‘6’: lectura táctica, pases limpios, ritmo constante. Aún le falta esa gran noche que marque un antes y un después, pero ser un 7/10 fiable en cada partido también tiene un enorme valor en torneos así.
A su lado, Declan Rice es el ejemplo de futbolista que se vacía sin mirar el marcador. En el Azteca terminó exhausto, y no es extraño: jugar a esa altitud castiga hasta al más preparado. Lleva meses arrastrando problemas en el isquiotibial, un tema que no parece estar gestionado con demasiada delicadeza, y el depósito se ve cerca del límite. Sin embargo, su rendimiento no se resiente. Corre, tapa, ordena. Mientras pueda ponerse las botas, estará en el once.
En las bandas, las jerarquías se han ido definiendo a base de rendimiento. Anthony Gordon fue el héroe silencioso ante México. Solidario en defensa, clave en las ayudas y protagonista en el área rival, forzando un penalti que dio a Inglaterra el respiro que necesitaba. Su duelo particular con Marcus Rashford ha sido una constante durante todo el verano. Hoy, la balanza cae del lado de Gordon.
Rashford, eso sí, no ha desaparecido. Cuando entra, cambia partidos. Si Tuchel busca piernas frescas o un golpe diferente desde el banquillo, su nombre será de los primeros en la lista. Pero el fútbol premia el momento, y ahora mismo Gordon juega como si no quisiera soltar la camiseta de titular.
En el otro costado, la imagen de Bukayo Saka se ha vuelto casi rutinaria y, a la vez, inquietante. Durante 45 minutos parece imparable, eléctrico, incisivo. Luego llega el gesto de dolor, la ligera cojera, la sensación de que en cualquier momento pedirá el cambio. No lo hace. Se queda. Y sigue marcando diferencias. Su asistencia para el primer gol de Jude Bellingham el domingo pasado fue una delicadeza, una prueba más de que, incluso mermado, sigue siendo uno de los mejores recursos ofensivos de Inglaterra.
Entre golpes físicos, sanciones discutidas y noches de épica en altura, el once inglés se va perfilando. Falta una pieza, quizá dos, por encajar. Lo que ya no falta es algo más peligroso: la sensación, cada vez más clara, de que este equipo ha aprendido a sufrir… y a ganar mientras lo hace.
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