Inglaterra-Noruega: un cuarto de final decisivo
Inglaterra llega tocada, pero no hundida. La sanción de dos partidos a Jarell Quansah por su roja ante México golpea de lleno la rotación defensiva de Thomas Tuchel, justo cuando aparecen dudas físicas sobre Marc Guehi, Declan Rice y Reece James antes del duelo de cuartos del sábado frente a Noruega.
La victoria en el Azteca fue algo más que un pase de ronda: fue una declaración de poder. Ganar a los coanfitriones en un estadio donde prácticamente nadie sale vivo refuerza la sensación de que este grupo sabe sufrir. Jude Bellingham y Harry Kane mantienen un torneo sobresaliente, pero lo que marcó la diferencia fue la resistencia atrás: un Jordan Pickford imperial y un Dan Burn que saltó desde el banquillo para blindar la banda. Inglaterra sostuvo la ventaja con un jugador menos desde antes de la hora de partido. Ese tipo de noches forjan candidatos.
Ahora el tablero cambia de escenario y de amenaza. Tuchel ya puede centrarse en un único nombre: Erling Haaland. Contener al delantero del Manchester City en un cuarto de final que Inglaterra habría firmado sin dudar al inicio del torneo. El contexto ha variado, las bajas pesan, pero la oportunidad es demasiado grande como para mirarla con miedo.
Haaland, Nyland y una Noruega que ya no se conforma
Noruega se ha ganado el respeto a base de goles y paradas imposibles. Ante Brasil demostró lo que significa tener, probablemente, al delantero más letal del planeta. El doblete de Haaland no solo tumbó a la pentacampeona: llevó al país a su primer cuarto de final de un Mundial.
Detrás del foco del ‘9’ hay otro protagonista silencioso. El portero Orjan Nyland está firmando un torneo descomunal, sosteniendo al equipo cuando el partido se rompe. Y en el corazón del juego aparece Martin Odegaard, el metrónomo. Con él, Noruega maneja los ritmos, se siente cómoda con la pelota y no rehúye la batalla física con nadie.
El cruce ante Inglaterra tiene un componente emocional extra. Haaland y Odegaard se medirán a viejos conocidos de la Premier League. Y lo harán con la sensación, por primera vez en mucho tiempo, de que no llegan como invitados de piedra.
Bélgica despierta… y pierde a Onana
Bélgica parecía agotada, un eco lejano de la generación dorada. Sus actuaciones ante Egipto e Irán alimentaron la narrativa del declive. De repente, estalló. Un 5-1 a Nueva Zelanda para cerrar la fase de grupos y una remontada casi inverosímil contra Senegal en los dieciseisavos cambiaron el tono del relato.
Muchos los habían descartado como un equipo pasado de fecha. Sin embargo, tras eliminar a Estados Unidos, los belgas se han plantado en cuartos con inercia ganadora. Están en racha, se sienten peligrosos. La pregunta es obvia: ¿les alcanzará para tumbar a España?
La respuesta se complica con la peor noticia posible: Amadou Onana, centrocampista del Aston Villa, sufre una rotura del ligamento cruzado anterior. Pierden físico, pierden recorrido, pierden intimidación en la medular. En un partido donde cada duelo cuenta, es un golpe que puede cambiar un Mundial.
Suiza rompe su techo… y sueña con Argentina
Suiza vuelve a hacer lo que casi siempre hace: competir. Pero esta vez fue un paso más allá. Un grupo lleno de internacionales curtidos, acostumbrados a superar fases de grupos, por fin ha roto la barrera histórica. Tres Mundiales seguidos cayendo en octavos; ante Colombia, por fin, una tanda de penaltis ganada y el primer billete a cuartos desde 1954, cuando organizaron el torneo.
Lo lograron sin Johan Manzambi, su jugador más determinante en este campeonato, lesionado después de firmar tres goles y dos asistencias. Sin él, la creatividad se desplomó: solo dos tiros a puerta en todo el partido. Pero la solidez defensiva y la paciencia les sostuvieron hasta el desenlace desde los once metros.
Ahora les espera Argentina. El reto es mayúsculo, pero la fórmula está clara: bloque compacto, nervios de acero y la convicción de que ya han roto una maldición. Si han sabido sufrir contra Colombia, ¿por qué no volver a arrastrar a otro gigante al barro?
Marruecos, sin semifinal pero con continuidad histórica
Marruecos no pudo repetir la gesta de 2022, cuando alcanzó las semifinales, pero volvió a dejar huella. Se convirtió en la primera selección africana en enlazar dos presencias consecutivas en cuartos de final de un Mundial. No es un detalle menor.
Tras un grupo asequible, en el que arrancaron empatando con Brasil, eliminaron a Países Bajos en los penaltis y pasaron por encima de la coanfitriona Canadá con un 3-0 clínico pese a rematar solo cinco veces. Un ejemplo de máxima eficacia.
Contra Francia, en cambio, se quedaron cortos. No lograron incomodar de verdad a una selección plagada de estrellas y notaron muchísimo la ausencia de Ismael Saibari, su referencia ofensiva lesionada. Pese a esa despedida algo gris, el balance es claro: otro torneo sólido bajo una presión gigantesca desde casa. El listón, eso sí, ya no baja de cuartos.
Paraguay, del pico ante Alemania al muro francés
Paraguay vivió uno de los días más grandes de su historia reciente al eliminar a Alemania en los dieciseisavos. Competir a ese nivel dos veces seguidas era un desafío mayúsculo. Francia lo confirmó.
Ante el equipo de Didier Deschamps, casi no lograron arañar opciones reales. Apenas inquietaron, aunque se mostraron durísimos de roer. Su resistencia puede servir de manual para futuras selecciones que quieran incomodar a los franceses.
Teniendo en cuenta el 4-1 encajado ante Estados Unidos en su estreno, el torneo paraguayo deja un sabor mejor de lo esperado. No fue un paseo triunfal, pero sí un paso adelante.
México, el Azteca en silencio
La derrota ante Inglaterra dolerá durante años. México nunca había perdido un partido de Mundial en el Azteca: diez encuentros de imbatibilidad borrados en una noche. No habían recibido un solo gol en el torneo hasta que apareció Jude Bellingham con un doblete fulminante.
La expulsión de Quansah antes de la hora de juego abrió una puerta. México volcó el campo, llenó el área de centros. Pero el plan se quedó en eso: centros. Faltó colmillo, faltó la chispa que sí tuvo su rival.
Queda un nombre grabado: Julian Quiñones. Cuatro goles en cinco partidos como carta de presentación mundialista. En un Mundial amargo en casa, fue la luz más brillante.
Colombia, calidad sin premio
Colombia se marchó con la sensación de haber dejado escapar algo grande. Tuvo mejores ocasiones que Suiza en los octavos, pero se estrelló una y otra vez contra un muro que no se agrietó ni en la tanda de penaltis.
Soñaban con una revancha contra Argentina, dos años después de caer ante la albiceleste en la final de la Copa América. No llegaron. La falta de claridad en el último tercio les condenó.
En la fase de grupos, habían mostrado una versión que invitaba al optimismo: dominaron a Portugal en un 0-0 engañoso para terminar liderando su grupo, y superaron a Ghana en los dieciseisavos. Había argumentos para pensar en algo más profundo. El Mundial, sin embargo, no perdona una mala noche.
Estados Unidos, golpe de realidad en casa
El camino de Estados Unidos se torció de golpe. Tras una fase de grupos prometedora y un convincente triunfo ante Bosnia y Herzegovina en los dieciseisavos, el choque con Bélgica en octavos los devolvió a una realidad incómoda: siguen lejos de imponerse a las grandes potencias europeas.
Ni siquiera la polémica en torno a Folarin Balogun, en el campo pese al ruido exterior, sirve como excusa completa. El equipo fue claramente superado. La derrota no solo corta la ilusión en su Mundial como coanfitriones: reabre el debate sobre cuánto les falta para competir de verdad con la élite.
Egipto, la gran oportunidad que se escapó ante Argentina
Egipto llegó a este Mundial con la etiqueta de eterno subcampeón, de talento desaprovechado. Salió de él habiendo derribado parte de ese estigma. Logró su primera victoria mundialista ante Nueva Zelanda, después firmó su primer pase a una ronda de eliminación directa eliminando a Australia en los penaltis. Y luego miró de frente al campeón.
Contra Argentina, planteó un partido valiente, letal al contraataque. Se adelantó y mandó durante buena parte del encuentro. Con 2-0 en el marcador, le faltó oficio: más pausa, más oficio defensivo, más minutos consumidos con balón lejos del área propia. Se derrumbó en el tramo final.
La eliminación fue cruel, pero el mensaje quedó claro: Egipto ya no es solo una promesa incumplida. Es un rival que puede tumbar a cualquiera en una noche inspirada.
Canadá, entre el hito y la duda
Canadá se marcha con un dilema. Por un lado, firmó la primera clasificación a octavos de final de su historia y sumó su primer punto en un Mundial. Por otro, cayó 3-0 ante Marruecos en esos octavos tras desperdiciar una cascada de ocasiones en la primera parte.
El contexto invita al matiz. Su grupo fue asequible y sus únicas victorias llegaron frente a Qatar y Sudáfrica. ¿Es suficiente recompensa para tantos años de inversión y planificación para construir una selección a la altura de un país anfitrión?
Quizá el éxito real se mida dentro de una década. Si esta generación abre la puerta para ver a Canadá de forma habitual en los Mundiales, el balance habrá merecido la pena.
Cabo Verde, la selección que enamoró al torneo
Cabo Verde se ganó un lugar propio en este Mundial. Empató 0-0 con España, vigente campeona de Europa, y terminó por delante de Uruguay para alcanzar los octavos como segunda de grupo, tras tres empates. Pero lo mejor lo guardó para el final.
Frente a Argentina, en la ronda de eliminación, se levantó dos veces contra Messi y los campeones del mundo. El portero Vozinha se consagró como una de las grandes irrupciones del torneo con ocho paradas, incluida una mano decisiva en un mano a mano ante Messi. En defensa, Roberto ‘Pico’ Lopes volvió a sobresalir, pero el momento icónico fue para el lateral Sidny Lopes Cabral: un disparo curvado desde un ángulo imposible que ya compite por ser uno de los goles del Mundial.
Se van sin hacer ruido en el marcador global, pero dejando una huella emocional que pocos esperaban.
Brasil, 28 años de espera y más dudas
Brasil se despide otra vez antes de tiempo. La selección más laureada de la historia del Mundial, cinco veces campeona, llegará a la próxima edición con 28 años sin levantar el trofeo. Es su sequía más larga.
Ni siquiera Carlo Ancelotti, sinónimo de títulos, pudo evitar una eliminación temprana en octavos. El equipo se mostró plano ante Noruega, un rival al que no ha logrado vencer en cinco enfrentamientos. Faltó chispa, sobró pasividad.
Neymar, suplente de impacto tardío, acabó siendo protagonista por motivos equivocados: provocaciones al portero noruego tras su gol de penalti, un choque con Odegaard y lágrimas tras el pitido final. La imagen de un gigante que ya no intimida como antes.
Portugal y el último Mundial de Ronaldo
Portugal se marcha con la sensación de haber brillado solo a ratos. Pese a una plantilla plagada de estrellas, la única actuación realmente dominante fue el 5-0 ante Uzbekistán, debutante en el torneo.
En octavos, contra España, el equipo de Roberto Martínez se atascó. Sin ritmo, sin intención clara, despertó demasiado tarde, solo después del gol español en el descuento. Demasiado poco, demasiado tarde.
El torneo quedará marcado por el adiós de Cristiano Ronaldo al Mundial. Marcó en su sexta edición, un récord, y por fin vio puerta en una fase eliminatoria con un penalti ante Croacia. Pero en juego abierto apenas influyó. El cierre de una era que no tuvo el final soñado.
Países Bajos, de la ilusión al desplome en los penaltis
La fase de grupos de Países Bajos invitaba al entusiasmo. Goleada 5-1 a Suecia, un tridente Cody Gakpo–Brian Brobbey–Crysencio Summerville en plena sintonía y un fútbol vertical que parecía encajar con el torneo.
El sorteo fue cruel: Marruecos en octavos, otro top-10 del ranking. Ronald Koeman optó por blindarse con cinco defensas. El plan contuvo a los africanos, que necesitaron un gol tardío para forzar la prórroga, pero dejó la duda en el aire: ¿habría sido mejor mantenerse fieles al estilo que les había llevado hasta allí?
La tanda de penaltis fue un desastre, con tres fallos en cinco lanzamientos. La eliminación precipitó la dimisión de Koeman. La sensación es amarga: un proyecto que prometía se deshizo en 12 metros.
Alemania, otro tropiezo y adiós a Nagelsmann
Alemania volvió a encender la esperanza y a apagarla de golpe. Arrasó a Curazao, ganó sobre la bocina a Costa de Marfil y se permitió un tropiezo inquietante ante Ecuador (2-1) con un once casi de gala. Aquella derrota fue el primer aviso.
En los dieciseisavos, el golpe fue más duro. Paraguay, que había sido arrollada 4-1 por Estados Unidos, los eliminó. El gol de Jonathan Tah en la prórroga fue anulado por una supuesta obstrucción al portero. Pueden sentirse perjudicados, pero no debería haber llegado a ese punto.
Se suma otro fracaso a la lista: tras el título de 2014, dos fases de grupos y ahora un adiós en el primer cruce. Para colmo, llegó la primera derrota en penaltis de su historia mundialista. Julian Nagelsmann dejó el cargo después. Alemania ya no es sinónimo de fiabilidad.
Japón, fútbol valiente y demasiadas bajas
Japón se ganó la simpatía general con su estilo. Equipo coral, sin egos, atrevido con la pelota. Tanto convenció que muchos lo veían capaz de complicar seriamente a Brasil en los dieciseisavos. Lo hizo: se adelantó con un gol de Kaishu Sano y puso contra las cuerdas a la ‘canarinha’.
Brasil respondió con la profundidad de su ataque y remontó con un tanto en el añadido. Japón se fue con la sensación de que, con Kaoru Mitoma, Takefusa Kubo y Wataru Endo sanos, el techo podía haber sido otro. El futuro, en cualquier caso, parece estar de su lado.
Senegal, un derrumbe que dolerá
Senegal rozó los cuartos con la yema de los dedos. Ganaba 2-0 a Bélgica en el minuto 86. Terminó eliminada tras un penalti transformado por Youri Tielemans en la prórroga. Algunos jugadores rompieron a llorar en el césped. La herida llega pocos meses después de perder el título de la AFCON.
Hasta ese colapso, habían mostrado carácter y calidad. El gol de Ismaila Sarr, control en el pecho y volea furiosa, es uno de los tantos del torneo. Plantaron cara también a Francia en la fase de grupos, con una primera parte de mucho nivel.
Se van con la sensación de haber enseñado un camino… y de haberse perdido en él en el peor momento posible.
Costa de Marfil, talento joven y una carencia evidente
Costa de Marfil se marcha habiendo perdido solo contra Alemania en la fase de grupos y contra Noruega en los dieciseisavos. Ganó a Ecuador y Curazao y se colocó en ese escalón intermedio: entre los mejores de los “otros”, pero aún lejos de la élite.
Llevó la plantilla más joven del torneo, un dato que invita al optimismo. Amad brilló con su gol decisivo ante Ecuador y una acción individual espectacular frente a Noruega. Yan Diomande dejó destellos de un jugador llamado a un gran traspaso este verano.
El problema fue claro: ninguno de sus delanteros marcó. La dependencia de Amad y Diomande para generar y finalizar jugadas terminó pasándoles factura.
Croacia, fin de una era dorada
Croacia, subcampeona en 2018 y tercera en 2022, cayó esta vez en los dieciseisavos frente a Portugal, con un gol tardío que selló la eliminación. El listón histórico era altísimo.
En la fase de grupos, terminó segunda por detrás de Inglaterra, tras un 4-2 en contra en el debut ante el equipo de Tuchel, y victorias sobre Panamá y Ghana. Competitiva, pero sin la chispa de otros años.
Todas las miradas se posan ahora en Luka Modric. A sus 40 años y con un Balón de Oro en su vitrina, puede haber disputado su último partido internacional. No habrá sustituto posible para lo que ha significado.
Suecia, del fondo del pozo a un Mundial digno
Hace apenas unos meses, Suecia terminaba última en su grupo de clasificación mundialista, por detrás de Kosovo, Eslovenia y Suiza, sin ganar un solo partido. Hoy se va del Mundial con otra cara.
Bajo la batuta de Graham Potter, superó a Ucrania y Polonia en la repesca, goleó 5-1 a Túnez en su estreno y empató con Japón. Con jugadores como Alexander Isak, Viktor Gyökeres y Anthony Elanga, el potencial está ahí.
Cayó ante Francia en los dieciseisavos. No es una derrota vergonzosa. El reto, a partir de ahora, será sostener este nivel y no volver al bache reciente.
Ecuador, defensa de hierro sin pólvora
Ecuador se sostuvo en su solidez defensiva, pero se quedó sin gol. Solo dos tantos en cuatro partidos, ninguno ante Curazao. Eso resume buena parte de su torneo.
Su gran noche fue el 2-1 a Alemania, un triunfo que se recordará. Sin embargo, en los cruces no logró igualar la contundencia de México y quedó fuera.
Enner Valencia, a sus 36 años, nunca terminó de arrancar. El resto de sus figuras —Moises Caicedo, William Pacho, Piero Hincapié— brillan más sin balón que con él. Hincapié cerró su Mundial con una expulsión en el añadido ante México tras una confrontación en la que tapó su boca. Un final tan tenso como su torneo.
Ghana, por encima del ranking
Ghana llegó al Mundial como la selección 73 del ranking FIFA, la segunda peor clasificada del torneo, solo por delante de Curazao. El número no hacía justicia. El campo lo confirmó.
Ganó a Panamá en su debut, empató sin goles con Inglaterra en un partido en el que reclamó con razón un penalti tardío que pudo cambiar la historia del grupo. En los dieciseisavos, la calidad de Colombia terminó imponiéndose.
Sin Mohammed Kudus, lesionado, les faltó chispa en ataque. Aun así, el torneo deja una base sólida para reconstruir tras años de altibajos.
Austria, regreso sin brillo a la élite
Austria volvió a un Mundial por primera vez desde 1998 y alcanzó los dieciseisavos por los pelos, tras un final de fase de grupos dramático ante Argelia. Allí se acabó el sueño: España la superó con claridad.
El equipo de Ralf Rangnick mostró capacidad ofensiva, con dos partidos de tres goles en la fase de grupos. Pero cada vez que se cruzó con un gigante —también enfrentó a Argentina— quedó claro que aún le falta un punto, tanto atrás como arriba, para competir de tú a tú.
Australia, orgullo y límites
Australia firmó uno de los primeros grandes golpes del Mundial con su 2-0 a Turquía. A partir de ahí, se mantuvo fiel a su identidad: bloque bajo, sacrificio, contragolpe. Un equipo que exprime cada recurso.
No logró repetir la eficacia del debut. Aun así, se levantó para empatar ante Egipto tras empezar por detrás. Acabó cayendo en los penaltis ante los propios egipcios en los dieciseisavos.
Alcanza por segunda vez seguida las rondas de eliminación. Puede irse con la cabeza alta. El techo competitivo, sin embargo, parece claro.
Argelia, entre Mahrez y el relevo generacional
Argelia se despidió en los dieciseisavos con una actuación discreta ante Suiza. Apenas generó ocasiones claras. El consuelo llegó en forma de nombres propios.
Riyad Mahrez, a sus 35 años, por fin marcó en un Mundial. Y Anis Hadj Moussa, extremo del Feyenoord de 24 años, dejó claro que hay vida más allá de la vieja guardia. El problema es el tramo intermedio: muchos líderes están fuera de su mejor momento.
Hoy, Argelia se ve un paso por detrás de Senegal, Costa de Marfil o Marruecos. El relevo no puede esperar mucho más.
RD Congo, debut moderno con personalidad
RD Congo disputó su segundo Mundial, el primero desde que compitiera como Zaire en 1974, y logró algo inédito: alcanzar los dieciseisavos como una de las nueve selecciones africanas en esa ronda.
Un empate ante Portugal y una victoria sobre Uzbekistán en el Grupo K les dieron el billete como uno de los mejores terceros. Ante Inglaterra, en los dieciseisavos, golpearon primero con el gol de Brian Cipenga y obligaron a reaccionar al equipo de Tuchel.
El guardameta Lionel Mpasi coqueteó con el estatus de héroe del torneo, en la línea de Vozinha o Eloy Room, antes de ser finalmente batido. Incluso en la derrota, RD Congo dejó una impresión muy positiva.
Bosnia y Herzegovina, un paso histórico
Bosnia y Herzegovina se marcha con un hito en el bolsillo: su primera presencia en una fase de eliminación directa como nación independiente. La victoria ante Qatar y el empate frente a Canadá les abrieron esa puerta.
Perdieron contra Estados Unidos en los dieciseisavos, pero su Mundial ya estaba marcado por otro recuerdo imborrable: la eliminación de Italia en la repesca europea que les llevó hasta aquí. Un salto de nivel que ahora deben consolidar.
Sudáfrica, a un suspiro de algo grande
Tras caer en el estreno ante México, pocos apostaban por ver a Sudáfrica en las rondas finales. Lo logró por primera vez en su historia. Y se quedó a segundos de forzar la prórroga ante los coanfitriones.
La derrota en el tiempo añadido deja ese sabor amargo de lo que pudo ser. Hugo Broos se marcha como el técnico de mayor edad en dirigir un partido de eliminación directa en un Mundial. Su legado puede ser el punto de partida de una nueva etapa.
Irán, eliminada sin perder
Irán vivió un final de fase de grupos cruel. Ante Egipto, marcó un gol en el descuento que habría supuesto la clasificación, anulado por un fuera de juego milimétrico, y todavía tuvo tiempo de estrellar un balón en el larguero.
La victoria les habría metido en los cruces. En lugar de eso, tuvieron que esperar otros resultados, aferrados a sus tres puntos y a un diferencial de goles neutro. Durante unos minutos, con un tanto de Argelia en el añadido de su último partido, estaban dentro. El empate de Austria en el último suspiro los dejó fuera.
Todo ello en un contexto insólito: en conflicto militar con uno de los coanfitriones, Estados Unidos, con desplazamientos exprés dentro y fuera del país que luego se cancelaron. Se van sin haber perdido un solo partido. Y con la sensación de que el Mundial les dio la espalda en el último instante.
Nueva Zelanda, un nombre propio y poco más
Nueva Zelanda se marcha con un protagonista claro: Elijah Just, autor de tres goles y revelación del equipo. También con algunos destellos de Chris Wood en el estreno ante Irán.
Después de ese primer partido, la realidad se impuso. Egipto y Bélgica les pasaron por encima con autoridad. Aun así, el país volvió a un Mundial por primera vez desde 2010 y dejó su propia nota de color con la figura de Tim Payne, convertido en fenómeno viral.
El objetivo no cambia: alcanzar por fin unos octavos de final.
Turquía, la gran decepción
Pocas selecciones decepcionaron tanto como Turquía en relación con las expectativas. Lo lógico parecía verlos por delante de Australia y Paraguay en la lucha por la clasificación. En lugar de eso, se marcharon con un partido de sobra.
La victoria 3-2 ante Estados Unidos en la última jornada maquilló el resultado, pero llegó demasiado tarde. El talento estaba, la respuesta no.
Uruguay, autodestrucción en directo
Uruguay se dejó el pase a los cruces en la última jornada, obligado a sacar algo ante España tras haber sumado solo dos puntos ante Arabia Saudí y Cabo Verde. No dio la talla.
El equipo que había igualado en puntos a Brasil y Colombia en la clasificación sudamericana no apareció en el Mundial. Un error grosero en la portería y una expulsión completaron el cuadro de la autodestrucción. El proyecto de Marcelo Bielsa se marcha con más interrogantes que certezas.
Arabia Saudí, paso atrás con vistas a 2034
Arabia Saudí no alcanzó el nivel mostrado en 2018 y 2022, cuando al menos celebró una victoria en la fase de grupos. Suma ya un solo pase a octavos en su historia, en 1994.
En este torneo, fue un rival incómodo: dos empates que mostraron competitividad, pero sin el golpe de efecto que buscaba. Con el crecimiento de su liga doméstica y el horizonte de ser anfitriona en 2034, el Mundial de casa será el verdadero examen.
Corea del Sur, de la ilusión al apagón
Corea del Sur empezó bien, con un 2-1 a República Checa que abría el grupo. Después se desdibujó. Derrotas sin marcar ante México y Sudáfrica la dejaron con tres puntos y un -1 en la diferencia de goles, insuficiente para avanzar como una de las mejores terceras.
Son Heung-min, capitán y referencia, nunca logró imponerse y terminó fuera del once titular en el último partido. Un síntoma claro del bajón colectivo.
Escocia, adiós y fin de ciclo
Escocia volvió a un Mundial tras 28 años de ausencia. La ilusión chocó con la crudeza del formato. Sus tres puntos, logrados ante Haití, no bastaron por una diferencia de goles de -3 tras el 3-0 encajado ante Brasil.
La eliminación se confirmó por resultados ajenos. Steve Clarke, seleccionador durante siete años, presentó su dimisión. Un ciclo se cierra justo cuando el país volvía a asomarse al gran escenario.
Curazao, el pequeño que se hizo notar
Curazao, la nación más pequeña del torneo, se marcha con un punto y un gol para la historia. Empató con Ecuador gracias a las paradas de Eloy Room y celebró su primer tanto mundialista con la firma de Livano Comenencia.
El debut fue un golpe durísimo: 7-1 ante Alemania. Pero el equipo supo recomponerse y competir mejor en los siguientes encuentros. Un aprendizaje acelerado en la élite.
República Checa, de la épica en la repesca al desplome
La República Checa llegó al Mundial tras dos triunfos de carácter ante República de Irlanda y Dinamarca en la repesca europea. En el torneo, esa versión desapareció.
Empató con Sudáfrica y cayó ante México por 3-0 en la última jornada, cuando solo le valía ganar. Terminó última de su grupo con un solo punto. Un desenlace muy por debajo de lo que había insinuado en la clasificación.
Uzbekistán, estreno duro pese al brillo de un rival legendario
Uzbekistán se estrena en un Mundial con tres derrotas, pero no sin señales de vida. Compitió bien ante Colombia y llegó a adelantarse frente a RD Congo.
Se cruzó con Cristiano Ronaldo en el que probablemente sea su último Mundial, y fue testigo directo de la historia: el portugués marcó en su sexta edición en el 5-0 de Portugal. El equipo de Fabio Cannavaro, sin embargo, encajó 11 goles en tres partidos. Demasiado para aspirar a rascar algo.
Panamá, orden atrás y nada arriba
Panamá ya estaba eliminada cuando se midió a Inglaterra. El 2-0 final la dejó como la única selección del torneo sin marcar un solo gol.
Hay, aun así, un matiz positivo: fue difícil de batir. Perdió solo por un gol ante Ghana y Croacia, muy lejos de aquel estreno mundialista de 2018 con 11 tantos encajados. Si logra añadir algo de amenaza ofensiva, tiene una base sobre la que construir.
Jordania, goles sin freno atrás
Jordania se despidió de su primer Mundial con una jornada de antelación, tras caer ante Austria y Argelia. Al menos marcó en sus tres partidos, incluido el último ante Argentina.
El problema fue el otro lado del campo. No consiguió contener a sus rivales como sí hicieron otras debutantes apoyadas en actuaciones memorables de sus porteros. La lección es clara: sin un muro atrás, la aventura se acorta.
Haití, alegría pese al castigo
Haití jugó sin cadenas en su último partido, ya eliminada, y se midió a Marruecos de tú a tú en un 4-2 vibrante. Wilson Isidor, del Sunderland, dejó un gol para el recuerdo.
Era su primera aparición mundialista desde 1974. El sorteo fue despiadado, con Marruecos y Brasil en el mismo grupo. Con un camino menos empinado, quizá el desenlace habría sido distinto.
Qatar, del estreno esperanzador al derrumbe
Qatar arrancó con un empate ante Suiza que invitaba a pensar en una versión más competitiva que la de 2022. El espejismo duró poco.
La derrota 3-1 ante Bosnia y Herzegovina selló su eliminación, pero el verdadero desastre fue el 6-0 encajado ante Canadá, con dos expulsiones incluidas. El equipo de Julen Lopetegui no logró construir nada sólido a partir de aquel primer punto.
Irak, sin respuesta ante los gigantes
Irak regresó a un Mundial por primera vez desde 1986 y se encontró con dos de los atacantes más decisivos del planeta: Haaland y Mbappé. Nunca estuvo cerca de sus rivales de grupo.
El momento más emotivo llegó con el gol de Aymen Hussein ante Noruega, poco después de que el capitán pasara varias horas retenido por las autoridades de inmigración estadounidenses a su llegada al país. Contra Senegal, un tanto encajado a los cuatro minutos y una temprana expulsión dejaron el partido sentenciado. El torneo terminó con un 5-0 que resume la diferencia de nivel actual.
Túnez, un Mundial para olvidar
Túnez vivió un campeonato aciago. El 5-1 encajado ante Suecia en el debut le costó el puesto a Sabri Lamouchi. La llegada de Hervé Renard no cambió el guion: nuevas goleadas frente a Japón y Países Bajos.
Acabó con una diferencia de goles de -10, solo superada en negativo por Irak. Un golpe duro para una selección acostumbrada a competir mejor. El próximo ciclo exigirá una reconstrucción profunda.
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