Kevin Ellison: del sueño fugaz en la Premier League a la vida en el fútbol amateur
Kevin Ellison se ríe cuando recuerda su única aparición en la Premier League. “Tuve cuatro toques y le hice falta a Paul Scholes”, cuenta sobre aquel día con Leicester City en Old Trafford, en 2001.
Duró seis minutos. Leicester perdió 2-0 ante un Manchester United plagado de estrellas: Roy Keane, Ole Gunnar Solskjaer, el propio Scholes. Y Ellison nunca volvió a jugar en la élite.
De la obra al césped de Old Trafford
Su camino hasta allí fue cualquier cosa menos recto. Rechazado por su club de infancia, Liverpool, trabajaba en una obra y repartiendo muebles mientras jugaba en el modesto Altrincham, fuera del fútbol profesional. Tres piezas, camas, armarios. Lo que hiciera falta.
Entonces apareció Leicester con una oferta de 50.000 libras. Para un chico de Anfield que había visto de cerca cómo otros sí llegaban, aquello sonaba a rescate.
“Me ofrecieron 650 libras a la semana y mi agente pidió más”, recuerda. “Lo echaron de la sala y me dijeron a mí, solo: firma eso o márchate. Saqué 50 libras más”. Su representante le insistía en que ya ganaba algo parecido trabajando a jornada completa y jugando a tiempo parcial. A él le daba igual. “De niño en Anfield, lo único que quería era ser jugador a tiempo completo”.
Un mes después de firmar, con 22 años, pisaba el césped de Old Trafford. Entró en el minuto 84. Cuatro toques. Una falta sobre Scholes. Un sueño fugaz. Y después, nada de Premier League.
El golpe invisible
Lo que vino más tarde fue mucho más duro que cualquier defensa rival. Problemas familiares, contratos que se acaban, descensos, dudas económicas. Y una depresión que lo arrastró al límite.
“El momento más oscuro fue conduciendo por la M6”, confiesa. “Lo recuerdo como si fuera ayer. Pensaba: ‘¿la vida de los que me rodean sería mejor si estampo el coche contra la mediana a 160 por hora?’. Hasta ahí llegué”.
Salió de ese túnel hablando. Pidiendo ayuda. Aceptando terapia. “Hablar con los que tenía cerca y buscar ayuda fue la única forma de atravesar esas nubes negras. Estoy agradecido por lo que he pasado porque me ha abierto los ojos a muchas cosas de la vida”.
Hoy, con 47 años, se define con dos palabras: más sano, más feliz.
Un veterano del fútbol de barro
Lo increíble es que sigue jugando. Defiende los colores de Vauxhall Motors, un club de Cheshire que milita en la Northern Premier League Division One West, octavo nivel del fútbol inglés. Si salta al campo ante Thackley, de Yorkshire, en la ronda preliminar de la FA Cup, será uno de los jugadores más veteranos en disputar el torneo.
“Todos dicen que debería estar en una residencia”, bromea. Tiene motivos para presumir: ha jugado en las ocho primeras categorías del fútbol inglés y forma parte de ese grupo mínimo de futbolistas que han superado los 1.000 partidos en casi tres décadas de carrera, repartidas entre 18 clubes.
“Ya he perdido la cuenta del número exacto de partidos”, admite. “Pero sigo con ese fuego en el estómago y todavía me pongo un poco nervioso antes de los encuentros. Sigo aquí, jugando con 47 años. Y estoy agradecido por eso”.
Un niño de Anfield que vio marcharse el tren
Ellison creció en Anfield, a cinco minutos andando del estadio de Liverpool. Jugó en los equipos escolares de la ciudad y en el centro de excelencia del club, compartiendo vestuario con Michael Owen y Steven Gerrard.
Los días de partido se plantaba junto a la Kop y esperaba. Cuando faltaban unos 20 minutos, los porteros abrían las puertas para que salieran los que se marchaban antes del final. “Mientras ellos se iban, yo corría hacia dentro para ver el final del partido”, recuerda. “Me encantaba ver a John Barnes e Ian Rush”.
Soñaba con vestir de rojo. Owen y Gerrard se quedaron. Él no. A los 15 años recibió una carta de Liverpool.
“Decía: ‘gracias por tu esfuerzo durante los últimos siete años y buena suerte en el futuro’”, relata. “Fue devastador. Pensé: ‘se acabó, nunca voy a ser futbolista’”.
En casa, su madre no le dejó caer los brazos. “Me dijo: ‘arrima el hombro, chaval. Sigue trabajando duro y tu oportunidad llegará’. En la vida, sacas lo que pones. Y yo no me rendí con 15 años. Ese rechazo me espoleó. Quería demostrar que era lo bastante bueno para ser profesional”.
El ascenso desde el barro
Tras un tiempo en ligas de domingo, Southport le abrió una puerta. Entonces en quinta categoría, con Ronnie Moore al mando, le dieron minutos. Debutó saliendo desde el banquillo en marzo de 1997, en una derrota por 1-0 en casa ante Telford. Jugó otros tres partidos hasta el final de temporada. Cobró 65 libras en concepto de gastos. Nada glamuroso, pero era un comienzo.
Pasó por Chorley y Conwy United, en la League of Wales, antes de explotar en Altrincham: 23 goles en 54 partidos de liga. “Aprendí a base de golpes”, dice. “Jugaba a tiempo parcial y trabajaba a jornada completa en una obra y repartiendo muebles: sofás, camas, armarios, de todo”.
Su carrera, sin focos pero llena de kilómetros, empezó a coger forma.
Un currículum forjado a base de resistencia
Los números lo retratan como lo que ha sido: un superviviente. Ascenso al Championship con Hull City en 2005. Dos finales de play-off en Wembley, con Rotherham United en 2010 y con Newport County en 2021. 124 goles en 553 partidos de liga en cuarta categoría, 81 de ellos en 352 encuentros con Morecambe entre 2011 y 2020.
Nada mal para alguien que a los 15 años creyó que su sueño se había acabado.
No todo fueron celebraciones. Formó parte del Chester City que descendió de la Football League en 2009, antes del colapso financiero del club. Y fuera del campo, los golpes fueron igual de duros: la muerte de familiares y amigos cercanos, la presión de mantener a una familia con contratos cortos y la constante pregunta de qué vendría después.
“Fue una acumulación de cosas: mi vida personal y la preocupación de estar en los últimos seis meses de contrato, sin saber si tendría otro”, explica. “Tenía miedo de que me juzgaran, de que hablaran de mí, de que me dieran la espalda, solo porque soy un hombre con un trabajo soñado y se supone que debo estar bien, sin que vean que soy un ser humano con sentimientos como cualquiera”.
“Tuve pensamientos muy oscuros durante años, sufriendo en silencio cuando debería haberme abierto y hablado. No me avergüenzo de dónde he estado ni de lo que he pasado”.
Profesor, referente y eterno futbolista
Hoy combina el fútbol con un trabajo en un instituto de Liverpool, en un puesto de protección y bienestar del alumnado. Por las mañanas, “sir” en el aula. Por las tardes, veterano incansable con Vauxhall Motors.
“Los chavales se ríen: ‘profe, solo jugaste una vez en la Premier League’”, cuenta. Él responde con una sonrisa: “sí, pero fue contra el Manchester United, que entonces era el mejor equipo del mundo”.
Cuando le preguntan qué le diría a alguien que lucha con su salud mental, no duda: “No te avergüences. Todo el mundo tiene problemas. Habla con tu familia y tus amigos. Ábrete, hay gente dispuesta a ayudarte y a escucharte”.
¿Hasta cuándo?
Con su 48º cumpleaños a seis meses vista, la pregunta es inevitable: ¿hasta cuándo seguirá jugando?
“No lo sé”, admite. “Lo que sí sé es que tengo que trabajar el doble para seguir el ritmo de los jóvenes que vienen”. “Mi vida ha sido el fútbol. Sigo aprendiendo y sigo con ese hambre y ese deseo de hacerlo bien. Mientras tenga eso, quiero seguir jugando”.
Luego se ríe, con la ironía de quien lo ha visto todo. “De Leicester City a Vauxhall Motors, he jugado en las ocho primeras categorías. Algunos dirán que no he hecho un buen partido en ninguna”.
El tiempo dirá cuántos minutos más le quedan a ese fuego interior. De momento, a los 47 años, sigue atándose las botas. Y sigue entrando al campo.
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