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Leeds y Brighton empatan en un partido lleno de oportunidades

Leeds se marchó del Amex Stadium con un punto y una sensación incómoda: este partido tenía que haberse cerrado mucho antes. Brighton sobrevivió a una catarata de ocasiones en contra, se aferró al duelo y acabó firmando un 1-1 que alarga la mala racha de los blancos en la costa sur.

Desde 2009 no gana Leeds en casa de Brighton. Ocho partidos sin marcar allí desde 2012. La maldición parecía escrita. Jayden Bogle la rompió… pero solo a medias.

Un vendaval de Leeds… sin pegada

El plan de Daniel Farke funcionó desde el inicio. Presión alta, robo rápido y metros por delante para castigar. A los cinco minutos, Dominic Calvert-Lewin ya había tenido la primera gran ocasión: mano a mano, definición cruzada y el balón se marchó fuera. El asistente levantó el banderín, pero las repeticiones dejaron la duda de si el gol habría subido al marcador.

Leeds olió sangre y no levantó el pie. Al cuarto de hora, Calvert-Lewin remató de cerca y obligó a Bart Verbruggen a una gran parada. El rebote cayó en los pies de Ao Tanaka, que no se desesperó, levantó la cabeza y la puso al área pequeña. Allí apareció Bogle, solo, para empujar sobre la línea y firmar el 0-1. Maleficio goleador roto.

El golpe pudo ser definitivo. Pocos minutos después, Calvert-Lewin volvió a ganar la espalda, regateó a Verbruggen y definió a puerta vacía. Ya celebraba medio Leeds cuando Lewis Dunk apareció para sacar el balón sobre la línea. Del 0-2 cantado al susto.

La jugada no terminó ahí. Del córner posterior, Tanaka apareció libre en el segundo palo y estrelló su disparo en el larguero. En menos de 25 minutos, Leeds ya había generado ocasiones para sentenciar una tarde que, históricamente, siempre se le complica en Brighton.

Brighton apenas dio señales de vida en ataque en ese tramo, aunque Pascal Gross rozó el empate con una falta lateral que se fue por poco por encima del travesaño de James Trafford. Diego Gomez probó desde la derecha tras un cambio de juego de Olivier Boscagli, pero el portero de Leeds respondió seguro en su palo.

El descanso llegó como un alivio para los locales y como una advertencia para los visitantes: tanto perdón suele pagarse caro.

Gol anulado, más fallos y el castigo de Vuskovic

La segunda parte arrancó con el mismo guion. Un saque de banda largo cayó muerto en el área de Brighton y Anton Stach se encontró con la pelota franca delante de Verbruggen. Disparo a bocajarro, otra parada salvadora del guardameta neerlandés. Otra ocasión que se escapaba.

Poco después, Tanaka creyó haber encontrado por fin el 0-2. El japonés cazó un balón suelto tras una falta botada por Stach y definió con frialdad, pero el asistente levantó el banderín. El VAR confirmó el fuera de juego por muy poco. Un gol “de un centímetro”, como lamentaría después Farke.

Ese tanto anulado cambió el aire del partido. Brighton, empujado por el público y por la sensación de seguir vivo contra todo pronóstico, empezó a ganar duelos, a correr más y a jugar más arriba. Gross avisó con un disparo ajustado que salió rozando el poste. El Amex se encendió.

Malick Yalcouye y Charalampos Kostoulas comenzaron a encontrar espacios entre líneas. Kostoulas se fabricó una gran acción individual en el minuto 68, se coló en el área y remató fuerte, pero Trafford se mantuvo firme. Un minuto después, Yalcouye también probó suerte y volvió a encontrarse con el portero.

La presión terminó encontrando premio. En el minuto 71, córner desde la izquierda botado por De Cuyper y Luka Vuskovic, imperial en el área, se adelantó a todos para cabecear a la red desde pocos metros. Primer gol con su nuevo club, empate y castigo directo a la falta de contundencia de Leeds.

Ocasiones para ganar… y una factura en xG

El 1-1 no frenó el intercambio. Leeds, herido, buscó reaccionar, pero ya sin la frescura del primer tiempo. Brighton, crecido, olió la posibilidad de remontar una noche que había empezado muy torcida.

Promise David, recién salido desde el banquillo, tuvo el triunfo en su cabeza a cinco del final. Llegó bien al centro de Boscagli, se elevó, ganó el duelo… y mandó el remate por encima del larguero. El estadio se llevó las manos a la cabeza.

Lo que llegó después fue todavía más claro. A un minuto del 90, Gross se encontró un balón muerto a cuatro metros de la portería. Solo, sin oposición. Intentó ajustar el remate y terminó levantando la pelota demasiado. Otra ocasión increíble desperdiciada, esta vez por el capitán de Brighton.

Pese a ese arreón final de los locales, la etiqueta de equipo más derrochador del día le perteneció a Leeds. El dato es demoledor: 2,66 de Expected Goals, un solo tanto y apenas un punto.

Farke, entre la frustración y el consuelo

Daniel Farke lo resumió con claridad tras el encuentro. Para él, empatar en Brighton “siempre es un buen punto”, sobre todo viendo el historial reciente del club en ese estadio y el buen momento de forma de los locales. Pero no escondió que el partido se les escapó vivo.

El técnico alemán enumeró las ocasiones: las de Calvert-Lewin en la primera parte, las de Stach y Lukas en la segunda, el gol anulado de Tanaka. “Debimos cerrar el partido antes”, vino a decir, subrayando que, en un campo tan complejo, cuando se fallan tantas ocasiones claras lo normal es acabar perdiendo.

Esta vez no fue así. Leeds se marchó con algo en las manos, cinco puntos tras tres jornadas de inicio exigente en liga y con la confianza reforzada por el pase copero ante Nottingham. Farke quiere exprimir ese impulso todo lo posible.

El orgullo de Brighton

Al otro lado, Fabian Hurzeler no se escondió al analizar la pobre primera parte de su equipo. Habló de “falta de intensidad y energía”, de un “estado mental equivocado” de inicio. Y destacó la metamorfosis tras el descanso: más duelos ganados, más segundas jugadas, más piernas.

El técnico se agarró al carácter de su grupo, a esa capacidad de “afrontar la adversidad” y de cambiar un partido desde la actitud. Brighton se fue del césped con la sensación de haber salvado un punto en un día en el que empezó muy por detrás del nivel mostrado en las últimas semanas.

Leeds, en cambio, se subió al autobús con una pregunta rondando en la cabeza: ¿cuántas veces más podrá perdonar así sin que el marcador le pase una factura mucho más dura?