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Lesiones en el Tottenham Hotspur Stadium: ¿Culpa del césped retráctil?

En el Tottenham Hotspur Stadium, el milagro de la ingeniería se ha convertido en sospechoso principal.

El césped retráctil, orgullo tecnológico del club por su capacidad para deslizarse y dejar paso a una superficie sintética para partidos de NFL y conciertos, está bajo la lupa. El nuevo director de rendimiento, Dan Lewindon, ha abierto una investigación interna para determinar si ese sistema de doble superficie está relacionado con el inquietante repunte de lesiones graves de pierna y ligamentos que azota al equipo.

Las primeras pruebas independientes sobre bote del balón y tensión de la superficie no han arrojado un veredicto claro. Nada concluyente. Suficiente, sin embargo, para que el club quiera ir más allá y comparar a fondo su terreno de juego con el del resto de estadios de la Premier League.

Un estadio brillante, un parte médico oscuro

La preocupación no nace de la nada. Se alimenta de nombres propios y de golpes muy concretos en N17.

Dejan Kulusevski, Radu Dragusin y Wilson Odobert han sufrido lesiones importantes jugando en casa. James Maddison primero padeció un desgarro parcial del ligamento cruzado anterior en un duelo ante Bodo/Glimt en el Tottenham Hotspur Stadium, antes de romperlo por completo más adelante. Demasiadas coincidencias en el mismo escenario como para mirar hacia otro lado.

El contexto no ayuda a calmar los nervios. Real Madrid afronta una revisión similar tras la instalación de su propio césped retráctil en el renovado Santiago Bernabéu, también con una serie de roturas de cruzado que ha encendido todas las alarmas. Dos gigantes, dos estadios de última generación, un mismo tipo de lesión repetida.

El problema no solo está bajo las botas

Lewindon no se ha quedado en el césped. Su revisión de tres meses ha destapado algo más profundo: problemas estructurales dentro del departamento de rendimiento.

En los despachos de Tottenham crece la sensación de que la falta de integración real entre el área médica y el cuerpo técnico ha alimentado un círculo vicioso de recaídas. Demasiadas decisiones tomadas en compartimentos estancos, poca visión conjunta del estado físico de la plantilla.

La respuesta será un cambio de modelo. El club quiere implantar un “enfoque de equipo pequeño”: fisioterapeutas asignados a grupos reducidos de solo seis jugadores, con la idea de diseñar planes de trabajo mucho más personalizados y elevar el nivel de la preparación física diaria. Menos anonimato, más seguimiento individual.

Cuatro entrenadores, cuatro exigencias distintas

A esa descoordinación interna se suma un banquillo convertido en puerta giratoria. En apenas un año, cuatro técnicos distintos han marcado el ritmo del vestuario: Ange Postecoglou, Thomas Frank, Igor Tudor y Roberto De Zerbi.

Cada uno con métodos de entrenamiento diferentes. Cada uno con una idea propia de intensidad, carga y estilo de juego. El resultado: una plantilla obligada a reajustar su cuerpo una y otra vez a demandas físicas cambiantes, sin continuidad ni adaptación progresiva. Dentro del club se asume que este vaivén ha elevado el riesgo físico de los jugadores.

El caso Xavi Simons, en el centro del debate

En medio de este panorama, la entidad también ha tenido que salir en defensa de su cuerpo médico tras la polémica por la lesión de Xavi Simons. En una victoria en el campo de Wolves, el centrocampista recibió hielo en spray y regresó al césped antes de acabar siendo retirado en camilla con una rotura de ligamento cruzado anterior.

La escena desató la ira de muchos aficionados, pero el club mantiene que el procedimiento fue correcto. Según se entiende desde dentro, Lewindon quedó muy satisfecho con la actuación del equipo médico. Simons insistió en continuar en Molineux y, con una prueba específica de cruzado prácticamente imposible de realizar a pie de campo con garantías, se consideró razonable permitirle intentar seguir.

El club sostiene un punto clave: ese breve regreso al juego no provocó daños adicionales en la rodilla del jugador.

Un debut de pesadilla y nuevas exigencias

El caso Simons no fue un episodio aislado, sino parte de un arranque de etapa complicado. En los tres primeros partidos de Roberto De Zerbi al mando, Tottenham perdió también a Cristian Romero y Destiny Udogie por lesiones graves. Un golpe tras otro en plena fase de aterrizaje del técnico italiano.

De Zerbi, consciente del contexto que pisa, reclama un armazón más sólido alrededor del vestuario. Entre sus peticiones figura la incorporación de un psicólogo de equipo, con la idea de mejorar la comunicación entre los departamentos de rendimiento y médico y reforzar el soporte emocional y mental de los futbolistas en medio de tanta adversidad física.

La voz de Maddison: entre la crudeza y la convicción

James Maddison no ha esquivado el tema. Al contrario, lo ha puesto en primer plano.

“Nuestra situación con las lesiones ha sido peor que la de cualquier otro club. La gente intenta decir: ‘Oh, pero nosotros tenemos esto y lo otro’. Pero lo nuestro es astronómico, y tenemos que mirar por qué es así”, ha señalado. Para él, no todo se explica con teorías grandilocuentes: “A veces puede ser mala suerte, a veces puede ser una coincidencia, como lo de mi cruzado o [Dejan] Kulusevski recibiendo un golpe horrible de [Marc] Guehi. Eso no es el equipo médico, no es el césped ni todas las teorías que ves, a veces eso es basura”.

Su mirada es pragmática, pero no por ello menos contundente. Maddison está convencido de que la avalancha de bajas cambió el rumbo de la temporada mientras el equipo peleaba por evitar el descenso. “Hemos tenido un poco de mala suerte”, admitió. “Pero, como dije, los grandes nombres que hemos perdido te afectan y no puedes negarlo. Yo, Kulusevski, [Mohammed] Kudus y [Rodrigo] Bentancur nos perdimos tres meses y lo que sea. Si los hubieras tenido toda la temporada, no habríamos estado en esta situación, lo creo firmemente. No es ser ingenuo, es un hecho. Pero es la situación en la que nos encontramos, y estoy orgulloso de los chicos por haber tirado de orgullo hoy”.

Mientras Lewindon desmenuza datos, superficies, estructuras internas y métodos de trabajo, Tottenham se enfrenta a una pregunta incómoda: ¿es este solo un cúmulo de desgracias o el síntoma de un sistema que exige una reconstrucción tan profunda como su césped retráctil?