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Lionel Messi y su emotivo regreso tras la muerte de su padre

Lionel Messi volvió a jugar con el corazón en carne viva. Regresó tras la muerte de su padre, dejó caer una frase que sonó a despedida y, aun así, no pudo evitar que su Inter Miami quedara fuera de la Leagues Cup, derrotado 3-2 por León.

El capitán de Miami aterrizó en Florida el martes por la noche, procedente de Argentina, después de asistir el domingo al funeral de Jorge Messi, su padre y también su representante, fallecido la semana pasada a los 68 años. Menos de 24 horas después, ya estaba de nuevo en el césped.

Entró al descanso, con el estadio en pie. Ovación larga, densa, de esas que no sólo celebran al futbolista, sino que intentan abrazar a la persona. El marcador todavía sonreía a Miami, pero la noche terminaría teñida de verde mexicano.

Un mensaje que sacudió al fútbol

Horas antes del partido, el miércoles por la mañana, Messi había abierto una ventana a su dolor en redes sociales. El mensaje, dirigido a su padre, fue tan crudo como inusual en un competidor que siempre pareció blindado ante todo.

“No sé qué haré sin ti, no sé cómo seguir”, escribió. “Sólo jugué al fútbol, y ahora tengo serias dudas sobre seguir haciéndolo por mucho tiempo más”.

No fue una frase al pasar. Sonó a confesión íntima lanzada al mundo. A duda existencial de alguien que lo ganó todo y, de repente, se queda sin su figura clave en la trastienda de su carrera.

Pese a eso, Messi se declaró disponible para Guillermo Hoyos para este duelo a vida o muerte en la fase de grupos. No había estado en la derrota del sábado ante Monterrey, pero no quiso faltar en este último intento por sostener a Miami en el torneo.

Ventaja inicial, remontada mexicana

Inter Miami golpeó primero y se adelantó 1-0, alimentando la idea de una noche de alivio en medio del duelo. Pero el plan se quebró con la irrupción de Daniel Arcila.

El colombiano firmó dos goles y cambió el guion. León dio la vuelta al marcador, se impuso 3-2 y se convirtió en el primer clasificado a los cuartos de final de este torneo que cruza a clubes de la MLS con equipos de la Liga MX.

Miami, en cambio, se despidió de la competición en la fase inicial. Es la primera vez que le ocurre desde la expansión del formato en 2023.

Un vestuario volcado con su capitán

Yannick Bright, autor de uno de los tantos de Miami, todavía tenía la adrenalina a flor de piel cuando intentó explicar lo que significó ver a Messi de vuelta tan pronto.

“No lo estaba esperando”, admitió. “Muestra cuánto le importa. Cuando vi que estaba aquí, lo único en lo que pensaba era en dar mi 150 por ciento por él”.

Bright no se quedó ahí. Sabía que el foco no era el resultado, sino el hombre que acababa de perder a su padre. “Es una situación dura. Intentamos estar cerca de él y apoyarlo tanto como podamos, pero es mucho”.

Casemiro, que se sumó a Miami tras el Mundial, fue en la misma línea. Para el brasileño, el compromiso de Messi en un momento tan delicado marca un estándar dentro del grupo. Lo definió como “un ejemplo para todos nosotros” por su decisión de jugar pese al golpe personal.

Del otro lado, también hubo reverencia. El técnico de León, Javier Gandolfi, se rindió ante el argentino: “Hoy demostró una vez más de qué está hecho. Es un ser humano diferente al resto”.

De la gloria reciente al golpe más duro

La eliminación contrasta con la historia reciente de Inter Miami en la Leagues Cup. En 2023, con Messi recién aterrizado en la franquicia de Florida y acompañado por Sergio Busquets y Jordi Alba, el equipo levantó el trofeo y encendió la ilusión de una nueva era.

En 2025, Miami volvió a la final, pero cayó con contundencia: 3-0 ante Seattle Sounders, en un partido manchado por la pelea posterior al pitazo final. Aquel incidente le costó a Luis Suárez una suspensión que lo dejó fuera de la edición de este año.

Esta vez, el golpe no fue sólo deportivo. La derrota llegó envuelta en duelo, con un Messi tocado, ovacionado, cuestionándose en público cuánto tiempo más quiere seguir jugando.

Inter Miami se queda sin Leagues Cup en el arranque. Messi, en cambio, encara un tramo de temporada en el que la pregunta ya no es qué más puede ganar, sino cuánto más desea seguir peleando. Y esa respuesta, por primera vez en mucho tiempo, sólo la tiene él.