Logotipo completo Pelo Tahoy

Marcus Rashford: Reflexiones sobre su futuro en el Manchester United

Marcus Rashford cerró su Mundial lejos del césped, con un mensaje meditado en redes sociales tras el espectacular 6-4 de Inglaterra ante Francia en el partido por el tercer puesto en Miami. Nada de rabia, nada de reproches. Solo una frase que resume bien su momento vital: las decepciones están garantizadas en el fútbol. Y luego, un giro hacia la esperanza: “Seguid creyendo en nosotros. Nuestro momento llegará”.

Después añadió que era tiempo de “descansar, reflexionar, pasar tiempo de calidad con la familia y los amigos y volver siendo una mejor versión” de sí mismo. La palabra clave es esa: reflexionar.

A los 28 años, Rashford entra en lo que deberían ser sus años dorados. Viene de conquistar su primera liga, LaLiga con el Barcelona, acumula 77 internacionalidades con Inglaterra y ha participado en seis de los ocho partidos del mejor Mundial inglés desde 1966, bajo la dirección de Thomas Tuchel. Sobre el papel, un futbolista asentado en la élite. En la realidad, un jugador en una encrucijada.

Un contrato pesado y un mercado frío

Los números son contundentes. Rashford tiene contrato con el Manchester United hasta 2028. Cobra 325.000 libras a la semana, el salario más alto de la plantilla en un club donde Sir Jim Ratcliffe, accionista minoritario pero muy influyente, ha decidido poner freno a una masa salarial que se ha convertido, con diferencia, en el mayor gasto de la entidad.

El Barcelona, donde jugó cedido la pasada temporada, tenía una opción de compra por 26 millones de libras. Una ganga para un internacional inglés en plenitud. Esa cláusula expiró a mediados de junio sin que en el Camp Nou movieran un dedo. Tal y como se esperaba.

Existía además otra disposición en su contrato: cualquier club —salvo Liverpool y Manchester City— podía llevárselo por 40 millones de libras hasta principios de julio. Nadie la activó. También como se preveía.

Fuentes cercanas al jugador consideran que era poco realista pensar que algún club aparecería dispuesto a pagar más de lo que tenía que desembolsar el Barcelona. El mercado habló. Y fue frío.

Con el Mundial terminado, Rashford tiene derecho ahora a tres semanas de vacaciones. Si nada cambia en los despachos ni en el calendario, su regreso a la disciplina del United coincidirá con el inicio de una concentración de seis días en la República de Irlanda, planificada alrededor de un duelo histórico ante el viejo rival Leeds en Croke Park, el 12 de agosto.

Desde su entorno se desliza que el delantero está tranquilo ante la perspectiva de volver a entrenarse en Carrington. Y hay un motivo evidente: ya no le espera el mismo entrenador.

De la “bomb squad” a un viejo aliado

El choque con Ruben Amorim fue rápido y frontal. El técnico, recién llegado desde el Sporting de Lisboa, se cruzó con Rashford en cuestión de semanas. La relación se deterioró hasta el punto de que el portugués terminó apartándolo del grupo, lo que abrió la puerta a una cesión al Aston Villa.

El verano pasado, cuando comenzó la pretemporada, Amorim dio un paso más: incluyó a Rashford en su particular “bomb squad”, junto a Alejandro Garnacho, Antony, Tyrell Malacia y Jadon Sancho. Una lista de descartes con mensaje. Los otros cuatro ya han salido del club. Solo queda él.

El escenario ahora es distinto. El banquillo lo ocupa Michael Carrick, excompañero de Rashford, también su entrenador y, brevemente, su técnico principal tras el despido de Ole Gunnar Solskjaer en 2021. Entre ambos, la relación es buena. No hay cuentas pendientes.

La única declaración pública de Carrick sobre Rashford, hacia el final de la temporada pasada, fue conciliadora. Encaja con el perfil del actual técnico: calmado, poco dado al conflicto público. De momento, nadie le ha preguntado abiertamente qué piensa hacer con el delantero cuando vuelva al vestuario.

Mientras tanto, el club se mantiene firme: no quiere renegociar con el Barcelona una venta a la baja ni contempla una segunda cesión al Camp Nou. La puerta, por ahora, está cerrada.

Y en Barcelona tampoco está claro cuánto interés real queda en el jugador. El club azulgrana ya ha incorporado al internacional inglés Anthony Gordon para la banda y está a punto de cerrar la llegada del alemán Karim Adeyemi desde el Borussia Dortmund. Las prioridades se han movido.

En Old Trafford, el discurso es coherente con una estrategia de mercado que pretende demostrar que el United ha dejado atrás la era de los cheques desesperados. El ejemplo es claro: nunca se planteó igualar las 116 millones de libras que el Manchester City pagó finalmente al Nottingham Forest por Elliot Anderson. Lo mismo ocurrió con Mateus Fernandes, traspasado del West Ham al Tottenham por 85 millones.

La nueva estructura de datos, dirigida por Michael Sansoni y su equipo, alimenta la confianza interna: creen que encontrarán alternativas más baratas y eficientes. Pero toda disciplina financiera tiene un coste. Y uno de ellos puede ser la dificultad para colocar a sus grandes salarios.

¿Qué recibimiento le espera en Old Trafford?

Para comprar, el United necesita vender. Y para vender, necesita compradores capaces de asumir contratos pesados. En el caso de Rashford, la lista de clubes que pueden igualar sus 325.000 libras semanales es corta. Muy corta.

Incluso si aparece una oferta adecuada, queda otro filtro: el propio jugador. Sus últimas palabras públicas dejan claro que no está dispuesto a poner en riesgo su puesto en la selección inglesa. Y, según ha sabido BBC Sport, hay varios clubes de la Premier League a los que no vería con buenos ojos un traspaso.

Con este tablero, la pregunta es inevitable: ¿dónde estará Rashford cuando se cierre el mercado el 1 de septiembre? Hoy, la respuesta más probable, con mucha diferencia, es sencilla: en el Manchester United.

Más allá de Inglaterra, el abanico se abre en teoría: cualquier club español, turco o alemán. La vaguedad de esas opciones ilustra el problema. Hablamos del 15º máximo goleador de la historia del United, con 138 tantos, a solo 17 de entrar en el top 10 del club. Y aun así, el mercado no se agolpa a la puerta.

Voces autorizadas, como la del ex capitán Gary Neville, consideran que la etapa de Rashford en Old Trafford está acabada y que no debería haber reconciliación. Es una postura extendida en parte de la grada: hay cansancio, hay dudas, hay quien piensa que el ciclo se ha roto.

Pero el fútbol no siempre obedece a los relatos perfectos. A veces manda la aritmética. Y si no hay comprador, puede no quedar otra que intentarlo de nuevo.

No todos lo verían como un problema.

El futbolista que aún puede ser

Sam Smith, delantero del Wrexham y amigo de Rashford, lo resumió con claridad en el podcast United We Stand después de marcar el gol de la victoria ante el equipo de Carrick en un amistoso en Helsinki: “Un Marcus Rashford en forma y concentrado tiene la capacidad de ser uno de los mejores jugadores”. Palabras sencillas, pero contundentes. “Lo tiene todo”, añadió.

Recordó también que Rashford “lo ha pasado mal en el United y alejarse de todo fue algo bueno”. No sabe qué ocurrirá, confesó, pero como amigo desea que vuelva, que demuestre “lo buen jugador que fue, lo bueno que puede llegar a ser y que vuelva a marcar goles”.

Ahí está el núcleo del dilema. El United ve un activo caro en un mercado templado. Rashford ve un punto de inflexión en su carrera. La afición, dividida, ve tanto al canterano que lo iluminó todo como al delantero irregular de los últimos años.

Lo próximo será descanso, familia, silencio público. Después, Irlanda, Croke Park, la pretemporada, las decisiones.

La pregunta ya no es solo si Rashford seguirá en el Manchester United. Es otra, más incómoda: si se queda, ¿puede volver a ser el jugador que una vez hizo creer a todo Old Trafford que el futuro llevaba su nombre?