Mbappé guía a Francia a cuartos tras vencer a Paraguay
En un horno llamado Philadelphia, con 38 grados sobre el césped y 68.324 personas en las gradas del Lincoln Financial Field, Francia tuvo que sudar más de la cuenta para derribar a una Paraguay áspera, calculadora y orgullosa. Lo logró a 20 minutos del final, desde el punto de penalti, con Kylian Mbappé como ejecutor frío de un partido caliente: 1-0 y billete para cuartos de final del World Cup, donde espera Marruecos en Foxborough.
Un partido espeso bajo el sol
El contexto no ayudaba al espectáculo. Ola de calor, advertencias meteorológicas por posibles tormentas y un recuerdo reciente: la última visita francesa al mismo estadio, en la fase de grupos, se había detenido dos horas por lluvia y truenos en un 3-0 ante Iraq. Esta vez no hubo interrupciones, pero el juego se atascó igual, por otros motivos.
La puesta en escena fue de gran evento. Concierto previo sobre el césped, Idina Menzel cantando el himno estadounidense, actuación de The Roots, sobrevuelo de la US Air Force. Faltaban los fuegos artificiales. Los de la ciudad se reservaron para la noche del 4 de julio. Los de Francia, Paraguay se encargó de apagarlos durante más de una hora.
El plan sudamericano era claro desde el primer minuto. Línea de cinco atrás, bloque bajo, cero concesiones entre líneas y un punto de malicia que encajaba con todos los tópicos: interrupciones constantes, contactos al límite, protestas, pequeños golpes lejos del balón. Venían de eliminar a Germany en los penaltis y olían otra gesta.
Francia, dueña casi absoluta de la pelota, se vio obligada a disparar desde lejos. Manu Koné probó primero, con un tiro desviado por muy poco a mitad de la primera parte. Tras el descanso, otro intento suyo obligó a Orlando Gill a estirarse para mandar el balón por encima del larguero. Era dominio sin filo.
Paraguay tira de “oficio”, Mbappé pierde la paciencia
Con el paso de los minutos, el partido se ensució. Las estrellas francesas no encontraban espacios y Paraguay se sentía cómoda en el barro. Mbappé, que vive un World Cup deslumbrante a nivel individual, acabó entrando en una trifulca con Andrés Cubas tras un cruce de empujones. Poco después, Matías Galarza soltó una patadita sin balón al capitán francés. Señales de que el plan paraguayo estaba funcionando: desesperar al gigante.
Michael Olise y Ousmane Dembélé apenas conseguían desequilibrar. Bradley Barcola, perdido entre piernas guaraníes, fue el sacrificado. Didier Deschamps movió ficha pasada la hora de juego y mandó al campo a Désiré Doué para ocupar la banda izquierda. Ese cambio, aparentemente menor, cambió la noche.
Doué provoca, el VAR confirma, Mbappé sentencia
La presión francesa ya era asfixiante cuando Doué decidió encarar. Se lanzó a regatear entre un bosque de defensores paraguayos y cayó tras un contacto claro con Diego Gómez. El árbitro uzbeko dejó seguir de inicio, pero la revisión en el monitor no dejó lugar a dudas: penalti.
Los paraguayos, fieles a su libreto, intentaron estropear el punto de disparo, pateando el césped y rodeando el área. Dembélé se plantó delante del balón para protegerlo, alejando a los rivales. Cuando todo se calmó, apareció Mbappé.
Un par de pasos, mirada fija en Gill y definición limpia. Gol en el minuto 70. El estadio, mitad fiesta del 4 de julio, mitad marea azul, explotó por fin.
Paraguay, que había sobrevivido a una tanda de penaltis en la ronda anterior, vio cómo esta vez una pena máxima la dejaba fuera. Ironías del torneo.
Francia gana sin brillo, Mbappé sigue a ritmo de récord
No fue la Francia arrolladora de otros días. No hubo exhibición ofensiva ni goleada. Pero el resultado vale lo mismo, y el dato que deja Mbappé impresiona: siete goles en este World Cup, los mismos que Lionel Messi, para compartir el liderato de la tabla de artilleros del torneo.
En el cómputo global, el delantero de Real Madrid suma ya 19 goles en World Cups en 19 partidos. Se coloca a solo uno del récord absoluto de Messi, que está en 20. Una caza silenciosa, partido a partido, penalti a penalti, sin perder la frialdad ni en el clima más sofocante.
Paraguay, número 41 del ranking mundial, apenas consiguió tirar entre los tres palos hasta el minuto 90. Resistió, se multiplicó en defensa, estiró el partido todo lo que pudo. Pero el muro se agrietó justo cuando el desgaste físico y mental empezaba a pasar factura.
Un eco de 1998 y la mirada puesta en Marruecos
La historia dejó un guiño inevitable. En 1998, en este mismo cruce de octavos, Francia también necesitó un desenlace agónico para tumbar a Paraguay: entonces fue un gol de oro. Después de aquel sufrimiento, levantó el trofeo.
Ahora, el equipo de Deschamps regresa a su base en Boston con la sensación de haber superado una trampa incómoda más que de haber firmado una obra de arte. El próximo desafío llega pronto y cerca: Marruecos, que venció 3-0 a Canada, espera el jueves en Foxborough.
No hubo fuegos artificiales en el juego, pero sí un mensaje claro: incluso en un día espeso, bajo un sol abrasador y ante un rival que lleva todo al límite, Francia encuentra la forma. Y con Mbappé a un solo gol de la cima histórica del World Cup, la pregunta ya no es si puede batir el récord, sino hasta dónde va a llevar a este equipo en el camino hacia otro título.
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