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Mbappé y su camino a la redención: Francia en semifinales

Kylian Mbappé salió del césped con una sonrisa amplia, camino de unas nuevas semifinales de Mundial, pero por dentro todavía le ardía una escena muy concreta: el penalti fallado ante Marruecos con el marcador 0-0. Un instante que pudo torcer la noche y que, minutos después, él mismo enderezó con un golazo marca de la casa antes de que Ousmane Dembélé pusiera el 2-0 definitivo.

Un penalti envenenado por la confusión

Mbappé no escondió la autocrítica. “Tiré mal el penalti”, admitió. Pero el relato de la jugada revela un contexto enrarecido por la gestión arbitral y por una revisión interminable que rompió todos sus automatismos.

Dembélé le entregó el balón. Ritual habitual. Silencio alrededor. El capitán francés comenzó a concentrarse, a entrar en ese túnel mental que los grandes lanzadores repiten una y otra vez. Y, de repente, el corte brusco: el árbitro se le acercó para decirle que no había penalti.

El propio Mbappé confesó que ese momento le descolocó por completo. Había preparado en su cabeza mil escenarios para un lanzamiento desde el punto de castigo, pero no éste: tener el balón en las manos, listo para ejecutar, y escuchar que la decisión se revocaba… para después volver a confirmarse.

La escena derivó en una larga espera, protestas, miradas al monitor, tensión en los banquillos y un delantero obligado a recomponer su rutina mental sobre la marcha. Cuando por fin llegó el pitido, el disparo no estuvo a la altura de su nivel habitual. El guardameta marroquí agradeció el regalo. Mbappé, no.

Su frustración fue inmediata. Gesto torcido, protesta al colegiado, brazos abiertos hacia la banda francesa. El banquillo también señaló el mismo punto: la eternidad del proceso de revisión.

Deschamps apunta al reloj, no al jugador

Didier Deschamps, siempre prudente en este tipo de situaciones, no quiso cargar contra el árbitro, pero sí subrayó el impacto del parón.

El seleccionador recordó que hubo una primera revisión en el VAR que el colegiado confirmó, y luego una segunda llamada para revisar un posible contacto previo. Dos minutos de imágenes, dudas y silencios. Dos minutos con Mbappé ya plantado en el área, balón en mano, listo para ejecutar.

Para Deschamps, ahí estuvo el problema: la incertidumbre y el tiempo. No la responsabilidad del delantero. El técnico dejó claro que no pretendía buscar excusas para su estrella, aunque reconoció que el contexto hizo del penalti una situación especialmente incómoda.

Del error al gol que rompe el partido

Lo que vino después explica por qué Mbappé se mueve en otra dimensión competitiva. El fallo no le hundió. Le picó el orgullo.

Con el partido todavía encallado, pidió la pelota una y otra vez. Se ofreció entre líneas, atacó el espacio, encaró sin miedo. Hasta que encontró el resquicio que necesitaba. Control, aceleración, disparo imparable. Gol. Francia respiró. Marruecos se tambaleó.

Ese tanto, más que abrir el marcador, liberó a todo un equipo que había sentido el peso del penalti fallado y del reloj. Dembélé cerró la noche con el segundo, pero el giro emocional llevaba la firma del ’10’.

Francia ya mira a las semifinales con su líder en plena efervescencia, todavía molesto por un lanzamiento desde los once metros… y, quizá por eso mismo, más hambriento que nunca.