México silencia a las Matildas en el último suspiro
En un McDonald Jones Stadium lleno y expectante, Australia hizo casi todo… menos lo único que cuenta. Dominar, llegó a dominar. Apretó, insistió, acumuló disparos. Pero la falta de filo en el área rival le abrió una rendija a México. Y por esa rendija, en el 90+2, se coló Diana Ordóñez para firmar un 0-1 que duele más por cómo que por cuánto.
Las Matildas se marchan de Newcastle con una derrota que desnuda dos viejos fantasmas: poca claridad en el último tercio y demasiada fragilidad cuando el partido se rompe.
Dominio sin premio
Joe Montemurro presentó un once de gala para el primer amistoso de la serie ante México, con Sam Kerr, Caitlin Foord, Mary Fowler, Ellie Carpenter, Steph Catley, Emily Van Egmond, Alanna Kennedy y Mackenzie Arnold de inicio. Un equipo con jerarquía, rodaje y memoria compartida. Sobre el papel, más que suficiente para mandar en casa.
Y durante largos tramos lo hizo. Desde el primer minuto, Australia se adueñó de la pelota, instaló el juego en campo rival y cargó, una y otra vez, por la banda izquierda. Primero Foord, luego Kerr, más tarde Kaitlyn Torpey: todas encontraron espacio, ninguna encontró la jugada perfecta.
Las primeras señales de lo que sería la noche llegaron pronto. A los 3 minutos, Foord se metió en el área desde la izquierda y vio su remate bloqueado. Poco después, Kerr y Fowler combinaron sin lograr un disparo limpio. Las aproximaciones se acumulaban, las ocasiones claras no.
La mejor del primer tiempo para las locales nació precisamente de una transición, no de la posesión paciente. En el 29, Foord lanzó el contraataque, encontró a Kerr en la frontal y la capitana habilitó a Amy Sayer, que entraba sola. Solo quedaba Barreras por delante. El pase, ligeramente atrás. El remate, directo al poste. Una jugada brillante hasta el último toque. Un resumen cruel de la noche.
México aguanta… y amenaza
México aceptó el guion inicial: ceder campo, protegerse en bloque bajo y esperar el momento para morder. La zaga, con Kimberly Rodríguez y Greta Espinoza muy sólidas, leyó una y otra vez los intentos de desborde de Foord y compañía. Cada centro, cada pase atrás, encontraba piernas mexicanas.
Con el paso de los minutos, el equipo de Pedro López empezó a soltarse. Montserrat Saldívar, atrevida y directa, se midió en varios duelos llamativos con Carpenter en la izquierda del ataque mexicano. A los 18, Nicolette Hernández la encontró en el área y su disparo se fue por el lado equivocado del palo cercano, pero el aviso quedó claro: si Australia perdía el balón mal, México tenía cómo castigar.
La falta de control en la medular australiana encendió las alarmas. Kennedy, reconvertida a mediocentro más retrasada, ofreció presencia y llegada en la segunda parte, pero en el primer tiempo el duelo en el centro del campo se volvió caótico. Pérdidas rápidas, transiciones constantes, un ritmo que favorecía al equipo que tenía menos que perder.
Al descanso, el 0-0 reflejaba más la imprecisión de unos y otros que la falta de intención. Las Matildas habían mandado, sí, pero sin colmillo. México, con apenas un puñado de llegadas, ya había demostrado que no necesitaba mucho para generar peligro.
El arreón australiano y las ocasiones perdonadas
La segunda parte arrancó con un intercambio de golpes. México se lanzó al ataque de inmediato, con Reyna Reyes buscando a Saldívar, aunque en fuera de juego. Australia respondió enseguida: circulación rápida, Van Egmond conectando con Sayer y Foord, y un centro hacia Kerr en el área chica que la ‘9’ solo pudo peinar mansamente a las manos de Barreras.
El partido parecía entrar en el tramo que Montemurro quería: Matildas instaladas arriba, laterales largos, Kennedy liberándose para pisar área. A los 52 y 52’, Australia encadenó posesiones largas en campo rival, pero cada tiro terminaba bloqueado o desviado.
México, sin embargo, no se conformó con aguantar. En el 54, casi congela el estadio. Carpenter perdió un balón en la zona central y un envío largo dejó a Saldívar mano a mano. Catley resbaló en el peor momento y la joven atacante, con todo a favor, cruzó demasiado el disparo. Un fallo grosero, un respiro gigantesco para las locales.
Montemurro movió el banquillo pasada la hora de juego: Hayley Raso por Sayer para ganar profundidad y agresividad; luego Charlize Rule por Catley y Alex Chidiac por Van Egmond, en un intento final de agitar el árbol. Kennedy empezó a llegar con más frecuencia al área, Kerr y Raso dispusieron de medias oportunidades, pero siempre faltó el último detalle: un control, un pase, un remate limpio.
Foord, incansable, siguió castigando por la izquierda. Regates, cambios de ritmo, amagos. En el 75 tiró de recursos y dejó un taconazo en la frontal que nadie leyó. La jugada se diluyó lentamente, como tantas otras. México, cada vez más cómoda defendiendo el área, parecía adivinar cada centro, cada giro hacia dentro.
El golpe definitivo en el 90+2
El partido entró en sus últimos diez minutos con la sensación de que el gol, si llegaba, sería australiano. Las Matildas empujaban, la grada rugía, México se replegaba. Pero algo cambió en el aire.
A partir del 80, el equipo visitante dio un paso al frente. Primero, un aviso: un contragolpe que Carpenter logró cortar, seguido de una acción en la que Ordóñez se resbaló justo cuando se preparaba para definir. Luego, un par de centros envenenados que exigieron a Arnold y a una defensa cada vez más forzada hacia su propia área.
En el 89, Kerr encontró espacio y arrancó hacia portería, pero la defensa mexicana la ahogó antes del disparo. En la jugada siguiente, Arnold salvó un balón raso que buscaba a Charlyn Corral en el área pequeña. México ya olía sangre.
El reloj marcaba el 90+2 cuando la puerta se abrió del todo. Alice Soto, con tiempo para levantar la cabeza, filtró un pase que rompió la última línea australiana. Ordóñez apareció sola por la derecha, atacó el espacio y definió con frialdad, cruzando ante la estirada desesperada del guante derecho de Arnold. 0-1. Estadio en silencio. Segunda victoria mexicana en 12 enfrentamientos ante Australia, quizá la más significativa de todas.
Autocrítica y cuentas pendientes
Montemurro no maquilló el diagnóstico tras el pitido final. Admitió la falta de contundencia en el área rival y subrayó lo que ya se había visto sobre el césped: problemas para gestionar la presión mexicana cuando el equipo se cansó, dificultades para imponer orden en el centro del campo y, sobre todo, incapacidad para “ser despiadadas” en el último tercio, como tanto repite el propio técnico.
Foord también fue directa. Habló de “ajustar” la defensa cuando el equipo se parte y de mejorar el último pase y la toma de decisiones en ataque. Los entrenadores le habían pedido que siguiera encarando, que buscara incluso el penalti ante una zaga que se lanzaba dentro del área. Lo intentó una y otra vez. No alcanzó.
El dato que acompaña la frustración es claro: 19 remates australianos, ningún gol. México, con menos volumen ofensivo pero más claridad en los momentos clave, se lleva un triunfo que encaja perfectamente con su racha reciente y su crecimiento como selección. No es casualidad que venga de derrotar también a Brasil.
Próxima parada, Sídney
Para Australia, este amistoso no era solo un regreso a casa tras la final de la Copa de Asia. Era un ensayo medido, casi diseñado a propósito, para lo que puede esperarle en el Mundial de 2027 en Brasil: rivales intensos, valientes con y sin balón, capaces de castigar cualquier error.
El segundo duelo ante México, el martes en CommBank Stadium en Parramatta, llega ahora con otro peso. Ya no es solo una prueba táctica o un ejercicio de rotación. Es un examen de carácter.
¿Puede esta generación transformar el dominio en goles y el control en victorias cuando el margen de error se reduce a una jugada en el 90+2? La respuesta empezará a escribirse en Sídney.
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