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México y su última llamada en el Mundial: ¿romperán la maldición?

La presión sobre El Tri no es nueva. Lo distinto ahora es el peso de los años. De las promesas incumplidas. De un país entero que ya no se conforma con escuchar el mismo discurso cada cuatro años. Superar la fase de grupos no es un objetivo; es el mínimo indispensable. Hacerlo como líder de sector, casi una obligación para intentar un camino menos empinado hacia los octavos antes de cruzarse con los gigantes del torneo.

Aguirre, tercer acto bajo el foco

En el banquillo, un viejo conocido. Javier Aguirre dirige su tercer Mundial con México, en una especie de epílogo a toda su historia con la selección. Ya se sabe que, pase lo que pase, al final del torneo entregará el testigo a su asistente, Rafa Márquez. Ese simple dato le da a esta aventura un tono de despedida.

Aguirre llega con el mismo estigma que lo ha acompañado durante años: un técnico ganador, dos veces campeón de la Gold Cup, pero cuestionado por sus convocatorias y por un estilo que muchos consideran demasiado prudente, casi conservador, en un país que sueña con un fútbol más atrevido. Y, sin embargo, ahí está otra vez, al mando en el escenario más grande.

Fiel a su costumbre, ha vuelto a mirar con insistencia hacia la Liga MX. Incluso antes de que terminara el torneo local, ya tenía 12 jugadores trabajando en la concentración preliminar. Después se sumaron los que militan en el extranjero, pero la columna vertebral sigue siendo doméstica. Una apuesta clara: confianza en lo que se cocina en casa, aunque eso no convenza a todos.

Un Tri renovado… y con ausencias pesadas

La lista refleja un cambio de ciclo. Figuras que hace poco parecían intocables, como Diego Lainez o Chucky Lozano, se han quedado fuera. No es un matiz menor: son nombres que marcaron la conversación en procesos anteriores y hoy observan desde lejos.

En su lugar, México presentará una mezcla calculada: experiencia curtida y juventud que viene de romperla en selecciones menores. En la zaga, el equipo se sostiene sobre una de sus grandes fortalezas: la pareja central formada por Johan Vásquez y César Montes, un muro que da algo de tranquilidad en medio de tanta expectativa.

El mediocampo ofrece matices interesantes. Álvaro Fidalgo, cerebro fino y de gran lectura, se perfila como pieza clave para dar orden y claridad. A su lado, el joven Obed Vargas aporta energía y piernas para abarcar campo. Y, por encima de todos, la figura de Edson Álvarez, el capitán, que llega tras una temporada marcada por las lesiones, pero con el carácter intacto. Si el equipo necesita una voz que ordene y una entrada que marque territorio, será la suya.

Raúl Jiménez, el último gran referente

México tiene opciones en ataque, sí. Pero ninguna con el peso simbólico y futbolístico de Raúl Jiménez. El delantero de Fulham sigue siendo el faro ofensivo de esta selección. Lo demostró en 2025, cuando firmó nueve de los 22 goles del equipo en los dos títulos que levantó El Tri ese año. Nueve. A los 35 años, camino de su cuarto Mundial, carga con una responsabilidad que no se disimula.

La temporada complicada de Santiago Giménez en AC Milan solo ha reforzado esa sensación: el plan A, B y casi C pasa por Jiménez. Sus movimientos, su capacidad para aguantar la pelota, su olfato en el área. Si México quiere ir más allá del famoso “quinto partido” que nunca llega, necesitará que su ‘9’ esté cerca de su mejor versión.

Ochoa, el eterno guardián

Y detrás de todos, una silueta que parecía ya desvanecida en la historia de la selección y que de pronto vuelve a estar en el centro del escenario: Guillermo Ochoa. El portero más icónico de la era moderna del fútbol mexicano estaba prácticamente fuera del radar del Tri. Hasta que la lesión de Luis Malagón abrió de nuevo la puerta.

De confirmarse su presencia en la lista final y su participación, Ochoa alcanzará su sexto Mundial consecutivo. Una marca que solo igualarán en este torneo Lionel Messi y Cristiano Ronaldo. No es un simple dato estadístico: es la dimensión de una carrera que se niega a apagarse. Para muchos aficionados, su sola presencia en la portería despierta recuerdos de atajadas imposibles y noches en las que sostuvo al equipo casi en solitario.

El chico de 17 años que puede encenderlo todo

En un equipo al que le cuesta, por momentos, generar ocasiones con constancia, la chispa puede venir de donde menos experiencia hay: los pies de un adolescente. Gilberto Mora, 17 años, mediapunta de Tijuana, irrumpe como la gran esperanza creativa de El Tri.

Viene de una lesión que lo apartó gran parte de la temporada de Liga MX, pero eso no ha frenado la ola de entusiasmo que lo rodea. En México se habla de él como de un talento que no se veía desde hace años. Un jugador distinto. De esos que cambian el ritmo de un partido con un giro, un pase filtrado, una decisión inesperada.

Mora ya está reescribiendo récords en el fútbol mexicano a una edad en la que la mayoría apenas pelea por debutar. Los ojeadores de los grandes clubes europeos lo siguen de cerca, algunos ya preparan el movimiento para llevárselo al otro lado del Atlántico. No es casualidad. Su zona de influencia, el último tercio, es justo donde México ha carecido de magia en los momentos decisivos.

Si encuentra espacio para expresarse, su creatividad puede transformar el rostro de esta selección. Puede darle a Raúl Jiménez el balón que no llegaba, puede liberar a Fidalgo, puede obligar a los rivales a retroceder un paso.

Un país en vilo ante la vieja maldición

Todo converge en un mismo punto: romper, por fin, la maldición de los octavos de final. Años, generaciones, técnicos y proyectos han chocado contra ese muro invisible. Esta vez, México llega con un técnico veterano en su última función, un goleador que se juega su última gran cita, un portero legendario en busca de un récord histórico y un chico de 17 años llamado a encender la imaginación de un país entero.

La exigencia es clara. El margen de error, mínimo. La pregunta, inevitable: ¿será este el Mundial en el que El Tri deje de mirar siempre al mismo abismo en octavos y, por fin, se atreva a saltar al otro lado?

México y su última llamada en el Mundial: ¿romperán la maldición?