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Mundial: Messi, Yamal y el Debate sobre la Bota de Oro

La resaca de Inglaterra sigue marcando el tono, pero el torneo ya mira sin disimulo hacia su clímax: una final con Lionel Messi y Kylian Mbappé empatados en la carrera por la Bota de Oro, con el argentino por delante gracias a una asistencia más. El debate del día, casi filosófico, surge solo: ¿deberían valer más los goles en una final que los del partido por el tercer puesto? El Mundial siempre encuentra nuevas formas de discutir sobre lo mismo: la gloria y cómo medirla.

Rodri, un Mundial para reivindicarse

Entre tanta polémica, hay historias que se imponen por pura fuerza. Una de ellas es la de Rodri. El centrocampista ha firmado un Mundial sobresaliente, jugando con una autoridad que parecía en duda cuando regresó de su lesión de ligamento cruzado. Hubo miedo: ¿volvería a ser el mismo? Le ha costado confiar de nuevo en su cuerpo, recuperar el ritmo, atreverse a pisar el acelerador sin mirar atrás. En este torneo lo ha hecho.

Su rendimiento ha sido tan alto que sobrevuela otra pregunta incómoda: ¿ha jugado ya su último partido con Manchester City? La sospecha está ahí, flotando. Las próximas semanas darán la respuesta.

Alexander-Arnold, una nueva vida con Mourinho

Mientras tanto, el fútbol de clubes empieza a asomar la cabeza. En Madrid, Trent Alexander-Arnold vive una pretemporada que se parece mucho a un nuevo comienzo. El lateral inglés, lastrado por las lesiones en su primer año en España y sin un puesto fijo en el once, se ha encontrado ahora con José Mourinho al mando.

Alexander-Arnold no esconde su entusiasmo por trabajar con el técnico portugués. Habla de intensidad, de principios claros, de un nivel de exigencia altísimo y de un vestuario dispuesto a aprender. Su oportunidad es evidente: la salida de Dani Carvajal en mayo le abre el carril derecho para consolidarse como titular en el Real Madrid. Tras “mucho tiempo fuera”, como reconoce, su prioridad es construir una base sólida para una temporada que el club imagina llena de títulos.

Inglaterra, Tuchel y la sensación de ocasión desperdiciada

En Inglaterra, la conversación gira en círculos. La “autopsia” a la eliminación parece interminable. Thomas Tuchel, pese a las críticas feroces a sus cambios en la semifinal, seguirá en el cargo. Eso no borra la perplejidad en el vestuario por unos planteamientos que dejaron al equipo fuera y alimentaron la idea de que Inglaterra llegó demasiado lejos para lo que realmente ofreció sobre el césped.

Un lector lo resume con crudeza: Tuchel fue elogiado una y otra vez por sus sustituciones “que cambiaban partidos”, pero eso también evidencia que sus alineaciones iniciales nunca funcionaron del todo. En la era de las cinco ventanas de cambio, los “finishers” forman parte del plan, sí, pero en este torneo Inglaterra vivió más de giros de guion que de control real. Entre los cuatro semifinalistas, fue la que más cerca estuvo del abismo.

Ahora queda el partido por el tercer puesto, ese encuentro que nadie quiere jugar pero que todos deben afrontar. ¿Qué debe hacer Tuchel? La idea que gana fuerza es repartir minutos: dar una parte a cada portero, juntar a Ollie Watkins y Ivan Toney, premiar a Kobbie Mainoo con tiempo de juego. Si no hay medalla que cure la herida, al menos puede servir para cerrar el torneo con algo de justicia interna.

Infantino, poder absoluto en la FIFA

Lejos de los banquillos, la política del fútbol sigue su propio calendario. Gianni Infantino tiene ya el respaldo formal de más de 200 federaciones para presentarse a un cuarto mandato al frente de la FIFA. De las 211 asociaciones miembro, solo unas pocas no han enviado aún su carta de apoyo. Entre las excepciones, algunas europeas, con Alemania como nombre más llamativo.

El contexto no es precisamente de calma: el clima de descontento tras el escándalo por la sanción retirada a Folarin Balogun no ha frenado la maquinaria de poder. Infantino, salvo cataclismo, será reelegido por goleada en el congreso de marzo. La reflexión de Mel Brennan, citada estos días, resuena con ironía y resignación: el fútbol sobrevivió a Sepp Blatter, a Jack Warner, a Chuck Blazer. Y sobrevivirá también a Infantino.

España–Argentina, una final que lo absorbe todo

Mientras se dirimen cuentas internas en Inglaterra y se escriben capítulos de despacho en la FIFA, el foco deportivo se afina sobre la final. España contra Argentina. Lamine Yamal frente a Lionel Messi. Una selección muy buena contra otra excelente; que cada uno decida cuál es cuál.

El duelo trasciende lo futbolístico. El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, estará en la grada para apoyar a la Roja. También acudirá Donald Trump, que aprovechará el escaparate para subrayar la capacidad de Estados Unidos como anfitrión del torneo. Dos miradas políticas muy distintas, el mismo palco y el mismo partido.

En Argentina, la figura de Cristian Romero se ha consolidado como una de las claves del equipo. Vestir la camiseta albiceleste lo transforma: junto a Lisandro Martínez, ejerce de muro final antes de Emiliano Martínez. Salvo el propio Messi y el guardameta de Aston Villa, pocos han sido tan regulares como él en el camino hacia la tercera final mundialista en cuatro ediciones.

Bota de Oro, banderas y tensiones

La pelea por la Bota de Oro añade otra capa de dramatismo. Mbappé y Messi llegan igualados en goles, con el argentino por delante gracias a una asistencia extra. Cada disparo, cada penalti, cada decisión táctica en la final puede inclinar un premio individual que, en este contexto, se siente casi como una nota a pie de página de una historia mayor.

Fuera del césped, la tensión política no baja. Keir Starmer, a través de Downing Street, respalda que la FIFA investigue a los jugadores argentinos que exhibieron una pancarta reivindicando la soberanía sobre las islas Malvinas tras la semifinal ante Inglaterra. El Mundial, una vez más, como escenario de viejas disputas.

Entre la nostalgia y lo que viene

Entre debates sobre si los goles en la final deben valer doble y chistes sobre “gauls” que cuentan por dos a domicilio, asoma una sensación compartida: ¿qué será de las noches cuando todo esto termine? Hay quien ya piensa en ajustar su reloj biológico a la Libertadores o a la MLS para llenar el vacío que dejarán las madrugadas mundialistas.

El fútbol de clubes, con Real Madrid, Manchester City y compañía, ya reclama su sitio. La FIFA prepara otro congreso para blindar a su presidente. Inglaterra mastica su frustración. Y al fondo, en 90 minutos –o 120, o penaltis–, Messi, Mbappé, Lamine Yamal y compañía decidirán no solo un título, sino el tono del próximo capítulo de este juego que nunca se detiene.