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Newcastle y la historia de Cabaye: el dilema de Bruno Guimarães

Newcastle United vuelve a mirarse al espejo de sus propios errores justo cuando el mercado de fichajes aprieta. El club vive otro verano cargado de decisiones mayúsculas y, en el centro del huracán, aparece de nuevo un mediocentro que sueña con un salto deportivo. Ayer fue Yohan Cabaye. Hoy es Bruno Guimarães.

En 2013, Arsenal llamó a la puerta de St James’ Park con una oferta de 10 millones de libras por Cabaye. La propuesta llegó en la víspera del estreno liguero ante Manchester City. Suficiente para descolocar al francés. Tanto, que se negó a jugar. Alan Pardew, entonces técnico de los Magpies, tuvo que dejarlo fuera de la convocatoria mientras la directiva repetía un mensaje tajante: no está en venta.

Cabaye no consiguió su mudanza a Londres. Se quedó en Newcastle, volvió al equipo, rindió a gran nivel y, con el tiempo, reconoció que aquel plante fue un error. Una mancha en una carrera que, vista con perspectiva, no necesitaba ese capítulo.

Años después, en una entrevista con FourFourTwo, el centrocampista explicó cómo vivió aquel verano. Recordó que, cuando firmó procedente de Lille, el acuerdo verbal con el club era claro: se adaptas bien, el mercado inglés es rápido y, si llega algo importante, nos sentamos a hablar. Su primera temporada fue brillante, se lució en la Eurocopa 2012 y el interés de Arsenal llegó como una consecuencia lógica.

El problema, según relató, fue que Newcastle cerró la puerta de golpe. Sin negociación, sin siquiera explorar una salida. Cabaye pidió que, al menos, se hablara con el club londinense para buscar una solución. Si no había acuerdo, aceptaba seguir en Tyneside. Pero quería, como dijo, jugar en un equipo de ese estándar, siempre “con todo el respeto” hacia Newcastle. No hubo diálogo. Y él eligió el camino equivocado: la huelga.

Con el tiempo se arrepintió. Aseguró que fue su manera de mostrar desacuerdo, pero admitió que no fue la forma adecuada. Después se volcó “al 100%” con el club, hasta que en enero de 2014 llegó su traspaso a Paris Saint-Germain.

Hoy, el eco de aquella historia resuena en las oficinas de St James’ Park. Trece años después, Arsenal vuelve a mirar al corazón del centro del campo de Newcastle. Esta vez, el objetivo se llama Bruno Guimarães.

Se ha hablado de un posible movimiento de 70 millones de libras. Se ha filtrado incluso que el brasileño habría alcanzado un acuerdo personal con el vigente campeón inglés. Pero, a día de hoy, según entiende ChronicleLive, desde el Emirates no ha salido ni una llamada formal al club del noreste. No hay oferta oficial sobre la mesa. Ni siquiera un primer tanteo directo.

Dentro de Newcastle, la respuesta es contundente: vender a Bruno por 70 millones es “un imposible”. Una operación que nacería muerta. Si alguien quiere sentarse a negociar, tendrá que llegar mucho más arriba.

La situación, sin embargo, desgasta. El runrún lleva seis semanas y empieza a cansar a los dirigentes. El club no quiere un capitán descentrado a las puertas de la nueva temporada. Y observa con creciente irritación la acción de terceros, intermediarios y entornos que intentan agitar el árbol sin dar la cara.

Hay un dato clave: Bruno no ha presentado petición de traspaso. Ni él ni su agencia. El mediocentro, de 28 años, tiene contrato para al menos dos temporadas más y se espera que se presente con normalidad al inicio de la pretemporada, en el stage de La Manga programado para el próximo mes.

El dilema está en el siguiente paso. ¿Seguirá el camino de Cabaye, que rectificó tras su plante? ¿O se parecerá más al caso de Alexander Isak, mucho más reciente y mucho más traumático para el club?

Hace apenas un año, Isak eligió la vía dura. Se negó a subir al avión para la gira por Singapur y Corea del Sur. Se declaró en rebeldía, trabajó por su cuenta en España, dejó plantado a Eddie Howe y no volvió a vestir la camiseta de los Magpies. Forzó su salida hasta lograr un traspaso a Liverpool por 125 millones de libras. Un golpe deportivo envuelto en una operación récord.

En Newcastle no han olvidado ese episodio. Tampoco quieren repetirlo. Si Bruno presentara una solicitud formal de salida, el club está preparado para otra batalla larga. La postura es clara: negociar sí, pero sólo a partir de cifras cercanas a los 100 millones de libras. Nada por debajo de ese listón será aceptado sin resistencia.

El verano, otra vez, coloca al Newcastle frente a un viejo espejo. Entre la memoria de Cabaye, la herida reciente de Isak y el futuro de su capitán, el club debe decidir hasta dónde está dispuesto a llegar para no perder el control de su propio proyecto. Y la siguiente jugada ya no depende sólo del mercado, sino de lo que Bruno Guimarães quiera escribir en la próxima página de su carrera.