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André Onana: de Old Trafford al renacer en Turquía

La confianza que André Onana perdió en Manchester se ha reconstruido, pieza a pieza, a cientos de kilómetros de Old Trafford. En Trabzonspor, donde ha firmado un tramo de temporada productivo y ha levantado la Copa de Turquía al final del curso 2025-26, el camerunés ha vuelto a parecer portero de élite. Pero el billete de regreso a Mánchester ya está emitido. Y allí le espera una realidad mucho más áspera.

Onana tiene 30 años. Para un guardameta, es una edad en la que muchos apenas alcanzan su madurez. Sin embargo, su futuro en Inglaterra pinta cada vez más estrecho. El contexto es demoledor: costó 43 millones de libras cuando llegó desde Inter en 2023, una inversión fuerte para ocupar la portería del United durante años. No ocurrió.

En dos campañas como titular, no logró convencer ni al banquillo ni a la grada. Hubo un título importante, la FA Cup, que le dio algo de brillo al expediente. Pero también hubo demasiadas noches en las que un error abría la puerta al siguiente. Hasta que en septiembre de 2025 el club decidió que necesitaba un “último recurso” más fiable. Ese papel pasó a manos de Senne Lammens. Y no lo ha soltado.

El contrato de Onana con el United se extiende hasta 2028, pero dentro del club ya se asume que la solución pasa por una venta que permita recuperar parte de la inversión inicial. Desde fuera, las voces con pasado en Old Trafford apuntan en la misma dirección.

Eric Djemba-Djemba, excentrocampista del United y de la selección de Camerún, lo ve con claridad. Para él, el préstamo a Trabzonspor fue un salvavidas competitivo: jugó, se sintió importante, ganó un título, encadenó partidos. Justo lo que no tenía en Mánchester.

“Él no es un mal portero”, subraya el exjugador, que recuerda que Onana aterrizó en el United en un momento muy delicado. La tormenta deportiva y mediática no le dio margen. Su estilo, tan cómodo con el balón en los pies, tampoco encajó en un entorno que, como señala Djemba-Djemba, sigue juzgando al guardameta ante todo por lo que hace bajo palos. En Inglaterra, insiste, “no les importa” tanto que el portero juegue bien con los pies; quieren seguridad en la línea.

El problema para Onana es que, mientras él reconstruía su autoestima en Turquía, Lammens se adueñaba de la portería del United. El belga no solo ofreció fiabilidad, también llevó al equipo a la Champions League. Ese detalle pesa muchísimo en la mente de cualquier entrenador. Djemba-Djemba lo admite sin rodeos: si él estuviera en el banquillo, también le costaría horrores cambiar a un portero que ha guiado al equipo de vuelta a la élite europea.

Ahí se abre un escenario incómodo. Si Onana vuelve ahora, lo hará para ser suplente. Y no un suplente cualquiera, sino uno caro, ambicioso y con la necesidad urgente de jugar para no perder el terreno ganado en Trabzonspor. Un cóctel peligroso para la paz del vestuario y, sobre todo, para la tranquilidad de Lammens. Un guardameta titular que siente el aliento de su competidor en la nuca puede empezar a mirar más al banquillo que al balón.

Por eso Djemba-Djemba no duda: lo mejor para todas las partes es una transferencia definitiva. Un corte limpio.

Detrás de esa conclusión hay un diagnóstico claro sobre lo que ocurrió en Old Trafford. Onana no solo peleó contra rivales y delanteros; también contra su propia cabeza. El camerunés se vio atrapado en esa espiral tan conocida por los porteros: un fallo, luego otro, y de pronto cada balón parece más pesado, cada centro más envenenado, cada suspiro de la grada un juicio.

Djemba-Djemba lo explica sin suavizar el golpe. Incluso los mejores del mundo atraviesan momentos de duda. La diferencia está en la posibilidad de seguir jugando para recomponer el ánimo. Onana, en cambio, se encontró con un entorno feroz. Cada error amplificado, cada portada señalando con el dedo, cada grito desde la grada convirtiendo una mala noche en un estigma. “En Inglaterra no es fácil”, recuerda el exmediocentro. Y menos aún cuando el precio del traspaso y el peso del escudo multiplican la presión.

En Turquía, el portero ha encontrado un refugio competitivo. Minutos, confianza, un título, la sensación de volver a mandar en el área. Pero ese impulso necesita continuidad. Volver a Old Trafford para mirar desde el banquillo no encaja con la reconstrucción que ha iniciado.

El United, por su parte, tiene una decisión de club grande: sostener a un suplente de lujo con un salario alto y un rol secundario, o aceptar que la apuesta no funcionó y abrirle la puerta a un nuevo comienzo. No hay término medio que no genere ruido.

Onana ya ha demostrado que, lejos de Inglaterra, puede seguir siendo un portero ganador. Ahora falta saber si el próximo capítulo de su carrera será el de la redención en otro gran escenario… o el de un talento atrapado demasiado tiempo en la sombra de Old Trafford.