Otamendi se despide de la Selección Argentina
Nicolás Otamendi puso fecha final a una era. El defensor anunció que se retirará de la Selección Argentina tras el Mundial 2026, y lo hizo como vivió casi toda su carrera albiceleste: de frente, sin esquivar la emoción.
El mensaje llegó por donde hoy se dicen las grandes cosas: su cuenta de Instagram. “Hoy escribo las palabras más difíciles que me tocó escribir”, arrancó el ex Manchester City y Benfica. No fue un comunicado frío. Fue una carta abierta de un tipo que sabe que está cerrando el capítulo más importante de su vida futbolística.
Contó que vestir la camiseta argentina fue “un sueño de la infancia” y “el mayor privilegio” que tuvo en el fútbol. Y subió la apuesta: “La defendí con todo mi corazón, con orgullo y con responsabilidad, sabiendo lo que significa para millones de argentinos”. No hizo falta agregar nada más para entender el peso que tuvo la albiceleste en su carrera.
Dolor por la final perdida y paz interior
Otamendi no esquivó el golpe más reciente: la derrota en la final del Mundial 2026. Reconoció su tristeza por no haber podido coronar otra vez, pero dejó claro que se va “con la tranquilidad de haberlo dado todo”. No hay reproche, sí una herida que tardará en cerrar.
En el mismo texto agradeció a los hinchas y a su familia por haberlo acompañado en los momentos buenos y en los más duros. Y dejó un mensaje directo a los que vienen detrás: que la nueva generación “nunca deje de creer”. No es una frase al pasar; viene de alguien que atravesó finales perdidas, críticas feroces y, al final, la gloria máxima.
“Gracias, Argentina. Gracias por dejarme cumplir el sueño de ser campeón del mundo y vestir la camiseta más linda del mundo”, cerró. Punto final. Sin adornos.
Una avalancha de cariño
La respuesta fue inmediata. Excompañeros, hinchas, colegas. Todos se volcaron a las redes para abrazar, a la distancia, al vicecapitán de la Scaloneta.
Alexis Mac Allister lo despidió con palabras que lo definen: “ejemplo de lucha, resiliencia y amor por la camiseta”. Germán Pezzella lo llamó “un guía para todos nosotros”. No es un elogio vacío: Otamendi fue referencia silenciosa y, muchas veces, escudo mediático del grupo.
También se sumaron Paulo Dybala, Marcos Senesi, Mariano Andújar y Gianluca Prestianni, todos con mensajes de gratitud. Cada uno, a su manera, marcó lo mismo: el impacto humano del zaguero dentro del vestuario.
El mensaje más profundo llegó desde uno de sus socios emocionales en este ciclo: Rodrigo De Paul. En una historia de Instagram, recordó el origen de ese vínculo. “Desde el día que llegué a la Selección me abriste la puerta de tu pieza, y desde entonces mantuvimos los mismos rituales”, escribió. Después, la confesión: “Mi agradecimiento hacia vos, hermano, es eterno. Fuiste un ejemplo a seguir y uno de los líderes de la hermosa historia que construyó este equipo. Gracias por todo, te voy a extrañar”. No es sólo un adiós futbolístico; es el cierre de una sociedad interna que sostuvo a la Selección en los momentos más tensos.
Un adiós anunciado, pero igual duele
La noticia golpea, pero no sorprende. Otamendi tiene 38 años y su nombre ya aparecía en todas las listas imaginarias de posibles ausentes para los próximos compromisos de la Albiceleste.
En Qatar 2022 fue titular indiscutido, uno de los hombres de máxima confianza de Lionel Scaloni. Cuatro años más tarde, su rol cambió: pasó a ser respaldo, voz de experiencia, pieza de recambio. Lisandro Martínez tomó su lugar junto a Cristian “Cuti” Romero en la zaga titular, y el propio Otamendi asumió ese nuevo papel sin gestos de molestia, sosteniendo el grupo desde otro lugar.
Su historia con la Selección empezó mucho antes de las fotos con la copa. Se hizo nombre en Vélez Sarsfield desde 2008, como defensor férreo en el torneo local, y desde allí saltó a Europa para construir una carrera larga y áspera, siempre al límite del roce, siempre competitivo.
Un defensor a la vieja usanza
Otamendi nunca fue un central “moderno” de catálogo, de esos que se describen primero por su salida limpia. Fue otra cosa. Un defensor rugoso, duro, incómodo. Un marcador que disfrutaba el cuerpo a cuerpo y que hizo de la tenacidad una marca registrada.
Su físico nunca impresionó en la elite internacional: 1,83 metros, suficiente para el estándar argentino, corto para el promedio europeo. Sin embargo, dominó el juego aéreo como pocos. Esa contradicción lo definió. La imagen que lo inmortaliza en Qatar 2022 lo muestra imponiéndose por arriba ante Harry Souttar, de 1,98, en el cruce de octavos de final contra Australia. Un símbolo: el zaguero argentino que se agiganta cuando el rival parece más grande.
Su legado no se mide sólo en títulos o presencias. Deja una herencia de determinación, fiereza y una competitividad que rozaba la obsesión. Por carácter, se mete en la misma conversación que Daniel Passarella, Oscar Ruggeri y Roberto Ayala, los apellidos que marcan la línea histórica de los grandes defensores argentinos.
Otamendi se va de la Selección, pero no se borra. Deja una vara alta y una pregunta inevitable: quién será el próximo en atreverse a ocupar ese lugar en la última línea de la Albiceleste.
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