Ouahbi critica al árbitro pero elogia a Marruecos
Walid Ouahbi salió del partido con dos sensaciones muy claras: enfado por el gol inicial de Francia y orgullo por la respuesta de sus jugadores. La polémica se encendió en la acción que abrió el marcador, una jugada que el técnico marroquí sigue sin digerir.
El entrenador apuntó directamente al árbitro Facundo Tello por validar el tanto, convencido de que Adrien Rabiot tocó el balón con la mano antes de que Kylian Mbappé lo cazara y lo enviara con violencia al fondo de la portería marroquí. Para Ouahbi, la jugada cambió el paisaje del encuentro.
Ante los micrófonos de beIN Sports, el seleccionador describió la acción con franqueza: fue, para él, una jugada confusa, un balón dividido en el que varios futbolistas se detuvieron al ver una posible mano. “Fue mano”, insistió, aunque reconoció que no sabía si debía haberse señalado o no. La duda arbitral, sin embargo, no le impidió poner el foco en el nivel del rival.
Porque, pasado el primer impulso de frustración, Ouahbi no se refugió en excusas. Al contrario. Subrayó la categoría de Francia, un equipo al que definió como “muy bueno” y ante el que Marruecos sufrió “mucho” en la primera parte. En ese tramo, el equipo se sostuvo gracias a un momento clave: la parada de Bounou en el penalti, una intervención que mantuvo vivos a los suyos cuando el partido amenazaba con romperse definitivamente.
Ese fue el punto de apoyo para la reacción. Tras el descanso, Marruecos cambió el gesto. El propio técnico destacó que su equipo defendió mejor y, sobre todo, manejó el balón con mucha más calma. La diferencia en la circulación fue evidente: menos pérdidas, más pases sencillos, más aire para un bloque que en la primera mitad parecía asfixiado.
Ouahbi admitió que algunos jugadores llegaron justos al encuentro. En el primer tiempo, varios daban la impresión de estar “recuperando el aliento”. Sin embargo, esos mismos futbolistas arrancaron con otro ritmo la segunda parte, más metidos, más precisos, como si el descanso les hubiera devuelto piernas y claridad.
El tramo final volvió a ser un suplicio. El cansancio, la presión del marcador y el empuje francés empujaron a Marruecos hacia su área. Aun así, el mensaje del seleccionador no fue derrotista. Habló de decepción, sí, porque el grupo “quería más”, pero también de continuidad, de trabajo, de no detenerse aquí.
Ouahbi fue claro en su diagnóstico: el equipo necesita una base más amplia, un fondo de armario que permita competir incluso cuando haya lesiones o jugadores menos frescos. Habló de seguir trabajando “en los fundamentos”, de ampliar el abanico de opciones para que el nivel no caiga cuando la exigencia se dispara.
No hubo consuelo fácil ni discursos vacíos. Solo una idea firme: aceptar el golpe, aprender de una noche dura y convertir la frustración por ese primer gol en el punto de partida para un Marruecos más profundo, más preparado y, sobre todo, más ambicioso.
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