Ousmane Dembélé y Henry Jacques: La Alianza entre Perfumería y Fútbol
La casa familiar que lleva más de medio siglo defendiendo el arte de la perfumería tradicional ha encontrado un aliado inesperado en un delantero francés: un coleccionista apasionado de fragancias cuya carrera se ha construido a base de resistencia, precisión y mirada larga.
Ousmane Dembélé, acostumbrado a romper patrones sobre el césped, fuera del juego es un hombre de gusto fino y obsesión por la artesanía. No colecciona goles; colecciona perfumes. Desde hace años reúne fragancias y se inclina por los formatos sólidos, esos que se deslizan discretos en un bolsillo o en la taquilla del vestuario. Lo han visto aplicarse perfume en el túnel, en el vestuario, o aislado con sus cascos en el autobús del equipo, mientras el ruido previo al partido crece a su alrededor.
Su gusto por la moda y su compromiso con Zegna delatan un criterio claro: prefiere las marcas que privilegian la sustancia por encima del ruido, la calidad por delante del espectáculo vacío.
Ahí encaja Henry Jacques. La maison apostó por la alta perfumería cuando buena parte de la industria giraba hacia la producción masiva y los sintéticos fáciles. Eligió el camino más exigente: construir y mantener su propio laboratorio, su propio atelier y, más recientemente, su propio cultivo de rosas. Tiempo, paciencia, materiales preciosos. Nada de atajos.
Hoy su colección abarca Les Classiques en tres formatos —Essences, Brumes y Solides—, a los que se suman las más raras Exceptions y una serie de accesorios pensados para que ese “guardarropa olfativo” acompañe la vida diaria, viaje donde viaje su dueño.
La alianza con Dembélé no busca ruido. Busca reconocimiento. Después de temporadas marcadas por las lesiones y la duda, el curso 2024-25 del francés en Paris Saint-Germain terminó convertido en un manifiesto deportivo: un histórico póker de títulos con Ligue 1, Coupe de France, Trophée des Champions y la UEFA Champions League. Como colofón, el Ballon d’Or, el premio que señala al mejor futbolista de la temporada en el mundo.
Su resurgir funciona como espejo de la casa de perfumes que nunca abandonó su propio camino. Ambos eligieron rutas incómodas. Rechazaron la vía fácil, se apoyaron en la disciplina y en una fe casi obstinada en el largo plazo. La recompensa es la misma: libertad. Libertad para desbordar por dentro y por fuera en el campo; libertad para concebir un perfume sin concesiones al calendario ni al mercado.
En el centro de esta historia compartida late una idea sencilla: la fragancia como compañera de la vida cotidiana. Henry Jacques y Ousmane Dembélé encarnan un art de vivre de lujo silencioso, el que se esconde en los rituales íntimos, en la elección de los materiales, en el tiempo que uno decide invertir en lo que ama.
No se trata de oler distinto. Se trata de vivir distinto. Y de sostener esa elección, día tras día, como una carrera larga o como una esencia que no se rinde al paso de las modas.
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