PSV busca romper su maldición en el debut europeo
En Eindhoven se respira algo distinto. No es solo el inicio de otra fase de grupos de la Champions League. Es la sensación, muy clara en boca de Peter Bosz, de que este PSV llega más hecho, más serio y mucho más preparado para dejar atrás una losa que pesa demasiado: cinco derrotas seguidas en la primera jornada de la competición.
Este martes, en un Philips Stadion que promete rugir, el campeón neerlandés se mide a Shakhtar Donetsk con una mezcla de confianza y urgencia. Confianza, porque el equipo vuela en casa y afronta su vigésima participación en el formato principal del torneo, superando el registro histórico de Ajax. Urgencia, porque el propio Bosz sabe que un club de este tamaño no puede seguir tropezando en la misma piedra del debut.
“Jugamos mucho mejor fútbol ahora”
En la sala de prensa, el técnico no necesitó rodeos para explicar cómo ve a su PSV respecto al curso pasado.
“Puedo decir con firmeza que nuestro desarrollo está mucho más avanzado que en este punto el año pasado”, subrayó. “Jugamos un fútbol mucho mejor ahora, pero tenemos que subir aún otro peldaño para la Champions League”.
Bosz percibe un bloque más maduro, con una idea colectiva más clara que hace un año. Menos dudas con balón, más agresividad sin él. Pero no se deja engañar por la buena dinámica doméstica. Sabe que Europa castiga cualquier distracción.
Por eso lanzó un aviso directo a su vestuario: la Champions exige otro ritmo, otra concentración, otro nivel de intensidad si quieren que los tres puntos se queden en Eindhoven.
Partido a partido, sin grandes discursos
Mientras otros hablan de objetivos en la nueva fase de liga de la Champions, Bosz se mantiene fiel a su guion. Nada de marcar metas a largo plazo en público. Nada de prometer rondas ni posiciones.
Su mensaje se mantiene: torneo partido a partido. Preparar cada duelo como si fuera eliminatoria. Shakhtar primero, el resto después.
Es una filosofía que encaja con el reto inmediato de PSV: romper la maldición del estreno. Ganar el primer día para no ir a remolque desde septiembre.
Bosz salta al césped mediático por Van Bommel
El encuentro llega rodeado de ruido. No por un fichaje, ni por un sorteo. Por una entrada. La de Ruben van Bommel, protagonista involuntario de una tormenta mediática tras una dura acción reciente.
Bosz, lejos de esquivar el tema, se plantó. Defendió con fuerza al joven futbolista y cargó contra el tono de la polémica.
“Todo este escándalo mediático es risible y ridículo”, lanzó. “Fue solo un incidente en un partido de fútbol. Esta polémica tiene que terminar ya por la tranquilidad de Ruben”.
El entrenador explicó que, precisamente para no agrandar el asunto, decidió no tratar a Van Bommel de manera especial en los días posteriores. Nada de dramatizar puertas adentro mientras el debate ardía fuera. También expresó alivio por la recuperación del jugador rival, un punto clave que, según él, se ha perdido en medio del ruido.
Bosz fue más allá y señaló un doble rasero: recordó lesiones sufridas por jugadores de PSV en el pasado que apenas generaron indignación pública. El mensaje quedó claro: pide la misma vara de medir.
Un rival incómodo y un recuerdo reciente
En lo deportivo, PSV se encuentra con un viejo conocido. Shakhtar Donetsk mantiene su sello: una mezcla de talento brasileño y calidad ucraniana, un equipo que rara vez regala espacios y que compite con una personalidad muy definida en Europa.
El duelo en Eindhoven despierta un recuerdo fresco y salvaje. En 2024, en este mismo escenario, PSV firmó una remontada inolvidable: tres goles después del minuto 86 para voltear un 0-2 y sellar un 3-2 que aún se comenta en la ciudad. Un aviso de lo que puede pasar cuando este equipo se desata, pero también de lo peligroso que es concederle vida a Shakhtar.
Con 44 goles en los últimos 10 partidos de Champions de PSV, los números invitan a pensar en otra noche abierta, con ocasiones, ritmo alto y un marcador movido. El espectáculo parece casi garantizado. El resultado, no.
Sin margen para la distracción
Bosz lo sabe: el ambiente, la estadística goleadora y la ilusión por la vigésima participación no valen nada si su equipo entra al campo un solo grado por debajo de la temperatura que exige el torneo.
En el Philips Stadion la consigna es simple y contundente: máxima concentración, cero concesiones. PSV quiere que su nueva versión se vea desde el primer minuto. Quiere que la Champions deje de empezar con un tropiezo.
Y, sobre todo, quiere que esta vez, al sonar el pitido final, la historia del debut europeo empiece a escribirse de otra manera.
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