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Raphinha: De la pesadilla del Mundial al nuevo plan de Flick

Raphinha vuelve a empezar. Tres semanas después del golpe más duro de su carrera con Brasil y tras otra lesión muscular que amenazaba con marcarle, el extremo se prepara para sumarse esta semana a la pretemporada de Barcelona en Inglaterra con una idea fija: dejar atrás el ruido y recuperar su mejor versión.

Hansi Flick puede respirar algo más tranquilo. A las llegadas de Anthony Gordon (25 años) y Karim Adeyemi (24), el técnico alemán suma ahora a un viejo conocido para su plan ofensivo 2026-27: Raphinha, 29 años, pieza clave en los cinco títulos que el equipo ha levantado desde su desembarco en el banquillo. No es un fichaje, pero su presencia vuelve a tener sabor a refuerzo.

Un regreso con cuentas pendientes

El brasileño está citado para incorporarse el 29 de julio a la concentración en Inglaterra, que se prolongará hasta el 3 de agosto e incluirá dos amistosos, ante Birmingham City (31 de julio) y Preston North End (3 de agosto). En el club ni siquiera descartan que se deje ver antes por la Ciutat Esportiva para viajar ya con el grupo.

En paralelo, Raphinha ha ido cerrando heridas. Desde la eliminación de Brasil del Mundial 2026 frente a Noruega (1-2) el pasado 5 de julio, ha tenido tiempo para sanar la lesión muscular, ponerse a tono físicamente y, sobre todo, tomar distancia de los titulares que lo perseguían: su papel frustrado en el torneo y una supuesta oferta de 80 millones de euros de Al-Hilal que nunca llegó a sus manos y que él decidió ignorar. Mientras tanto, las informaciones lo situaban entre Orlando, en Estados Unidos, e Ibiza, rodeado de su familia.

Llegó a la cita mundialista como uno de los atacantes más destacados de la selección brasileña. Parecía el momento de su consagración. Una lesión muscular en plena fase de grupos lo borró del escaparate.

Saltaron las alarmas en el duelo ante Haití, cuando pidió el cambio al notar dolor en el isquiotibial de la rodilla derecha. Las pruebas médicas confirmaron el problema, aunque no lo descartaron de forma definitiva. Contra Noruega, ya con el alta, se quedó en el banquillo. No jugó un solo minuto. Para el jugador de Barcelona, aquella imagen fue el cierre más amargo posible a una temporada de picos altísimos y caídas bruscas.

Títulos, recaídas y un mismo punto débil

En Barcelona, Raphinha ha aprendido a convivir con la contradicción: levantó títulos mientras encadenaba contratiempos físicos en septiembre y en el parón de selecciones de marzo, y aun así llegó al Mundial como uno de los líderes del proyecto brasileño. El castigo llegó en el peor momento.

Una recaída de la lesión sufrida en un amistoso de Brasil ante Francia, justo antes del inicio del torneo, dinamitó todas sus expectativas. El mismo isquiotibial de la rodilla derecha volvió a fallar. El mismo que ya lo había apartado del Barça durante cinco semanas en primavera, en pleno tramo decisivo del curso, coincidiendo con la eliminación en Copa del Rey y en la Champions League.

La lección quedó grabada. Cada vez que su físico se resiente, el equipo lo nota. Y él, más.

A su frustración deportiva se sumaron rumores sobre problemas económicos y familiares, que su entorno se vio obligado a desmentir. Demasiado ruido alrededor de un futbolista que, cuando está sano, se ha convertido en uno de los grandes termómetros del Barça de Flick.

El plan para volver a su techo

Con las molestias ya superadas y el Mundial convertido en una cicatriz más que en una herida abierta, Raphinha quiere pasar página. No se trata solo de volver a jugar, sino de recuperar el nivel que lo llevó a romper varios registros personales de goles, asistencias y rendimiento global durante la primera temporada de Flick en el banquillo azulgrana. Ese nivel lo colocó incluso en la conversación por el Balón de Oro de la temporada 2024-25.

Ahora el objetivo es más específico: cortar de raíz la cadena de lesiones musculares que lo ha perseguido y le ha robado demasiados partidos.

Barcelona ha decidido volcarse en su preparación física con un plan individualizado, pensado para reforzar la zona dañada, ajustar cargas y protegerlo sin restarle agresividad en el juego. No se trata de dosificarlo por miedo, sino de prepararlo para que vuelva a ser el futbolista vertical, insistente y determinante que Flick quiere en su banda.

Desde los despachos, el mensaje también es nítido. El presidente Joan Laporta lo dejó claro: «No tenemos intención de que se vaya de Barcelona». Sin dudas, sin matices.

Raphinha sabe que entra en un curso decisivo. Con competencia nueva en el ataque, un técnico que confía en él y un club que ha apostado públicamente por retenerlo, ya no se trata solo de demostrar quién fue. Se trata de probar si su cuerpo le permitirá volver a serlo cuando la temporada se ponga realmente seria.