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Rashford: ¿Por qué Manchester United quiere venderlo?

Manchester United sigue decidido a vender a Marcus Rashford este verano. Da igual que Michael Carrick quiera recuperarlo para su proyecto. Da igual que el club no haya conseguido a sus objetivos prioritarios para la banda izquierda. La orden desde los despachos es clara: hay que hacer caja con él.

La pregunta es por qué.

El cálculo frío de INEOS

La versión pública sobre el caso Rashford giró en torno a la disciplina. Su choque con Ruben Amorim en diciembre de 2025, su exclusión del once, la narrativa del jugador díscolo. Pero la verdadera batalla no se libró en el vestuario, sino en las hojas de cálculo.

Rashford cobra 325.000 libras semanales en Old Trafford cuando entra en juego el bonus por clasificación a Champions League, una cláusula habitual en los contratos del club. Su vínculo se extiende hasta 2028. Traducido: casi 34 millones de libras garantizadas en solo dos años.

Para cualquier empresa, mantener a uno de sus activos más caros rindiendo muy por debajo de lo esperado durante 18 meses, como ocurrió antes del conflicto con Amorim, es un lujo difícil de justificar. En la lógica de INEOS, no es un drama deportivo; es un problema de balance.

Reducir la masa salarial se convirtió en una prioridad desde que Sir Jim Ratcliffe fue ratificado como copropietario en 2024. El ejemplo de Casemiro es revelador: el club soportó la presión de una parte de la grada que pedía “un año más” y se negó a activar una extensión que habría costado alrededor de 350.000 libras por semana.

Con Rashford el razonamiento es el mismo. Primero cuando Amorim pidió su salida. Ahora, incluso con Carrick dispuesto a reintegrarlo con normalidad en Carrington.

Y no es una cuestión de vestuario. Ni de influencia en el grupo. Ni siquiera de confianza del entrenador. Erik ten Hag, nada sospechoso de ser blando, llegó a describirlo como “imparable” solo una semana después de haberlo dejado fuera por llegar tarde.

Lo que pesa es otra cosa: un cálculo financiero helado, hecho en los despachos del M16. El tipo de obsesión por el margen que convirtió a Ratcliffe en uno de los hombres más ricos del Reino Unido, aunque el “chico local” viva ahora en Mónaco por motivos que, por supuesto, no tienen nada que ver con los impuestos.

Hay un punto clave: Rashford es canterano. En términos de PSR (Profits and Sustainability Rules), cualquier venta se computa como “beneficio puro”. Por eso la opción de compra de 26 millones de libras incluida en su cesión al FC Barcelona el verano pasado, que muchos consideraron baja, tenía tanto sentido contable. Los azulgranas no la ejecutaron, pero incluso a ese precio habría sido un impulso enorme para las cuentas de United.

Y eso seguirá siendo cierto con cualquier oferta que llegue. Vender, apuntar todo como beneficio, y usar ese dinero para fichar a su sustituto. Esa es la hoja de ruta.

La comparación que incomoda

La objeción deportiva es obvia: ¿a quién traes para ocupar su sitio? Porque United ya explora alternativas para la izquierda… aunque ninguna sea mejor futbolísticamente que Rashford.

Ahí aparece un nombre: Crysencio Summerville. La estrella de West Ham United se ha convertido en el “objetivo número uno” para la banda este verano. El descenso del club del este de Londres en mayo abrió una ventana de oportunidad. United quiere un acuerdo a precio rebajado.

West Ham no está por la labor. Mantiene su postura: 50 millones de libras. Y tiene argumentos. El extremo de 24 años, internacional con Países Bajos, firmó un Mundial brillante, lo que solo ha reforzado la posición del club.

Incluso con esa subida, el fichaje de Summerville resultaría más barato a corto plazo que mantener a Rashford. El truco está en la amortización. Un traspaso de 50 millones, repartido en un contrato de cinco años, supone un impacto de 10 millones anuales en PSR.

Su salario actual ronda las 50.000 libras semanales en Londres. Para aceptar el cambio a Old Trafford, quiere doblarlo hasta las 100.000. Eso significa que, en un año, Summerville costaría a United alrededor de 10 millones en amortización y 5,2 millones en sueldo. Poco más de 15 millones.

Ahora miremos a Rashford. Solo en salarios, la temporada 2026/27 le costará al club 16,9 millones de libras. Sin amortización, sin opción de recuperar nada al final. En dos años se marchará libre, cerca de cumplir 31, mientras que Summerville ni siquiera habrá alcanzado su pico y podría venderse con beneficio.

Sobre el papel, la decisión empresarial se explica sola.

Pero el fútbol no se juega en hojas de Excel.

¿Vale la pena deshacerse de Rashford?

El debate real es incómodo. ¿Compensa cambiar a Rashford por un jugador peor solo porque los números cuadran mejor?

Incluso sus críticos más duros tendrían problemas para defender, con seriedad, que Summerville es mejor futbolista. El neerlandés suma 10 goles y 8 asistencias en cuatro temporadas de Premier League, repartidas en 84 partidos. Rashford, en su primer año en La Liga, dio más asistencias… y eso que en Barcelona actuó la mayoría del tiempo como suplente.

Los catalanes no quisieron pagar el traspaso, pero sí estaban dispuestos a repetir la cesión. El mensaje es claro: consideran que su rendimiento justifica su salario, pero no la inversión de capital que exige comprarlo. Si eso sirve para un aspirante a la Champions League, ¿por qué no para United, donde el escenario económico sería similar?

Hay otro matiz: United ni siquiera lidera la carrera por Summerville. Según The Athletic, AS Roma mantiene conversaciones avanzadas con West Ham y ya cuenta con el visto bueno del jugador para mudarse a la capital italiana. El supuesto “objetivo número uno” puede terminar jugando en otro país mientras United sigue con el mismo dilema en la banda izquierda.

Objetivos que se escapan, debate que se encona

El plan original del club apuntaba más alto. Antes de la ventana estival, los principales objetivos para el costado izquierdo eran Yan Diomande, de RB Leipzig, y Morgan Rogers, de Aston Villa. Dos perfiles que, en los despachos de Old Trafford, se consideraban mejoras claras respecto a Rashford.

El giro hacia Summerville llegó cuando quedó claro que el precio de ambos se escapaba del presupuesto. El gran esfuerzo económico se ha reservado para una remodelación profunda del centro del campo. La banda, por tanto, ha pasado de aspirar a un salto de calidad a conformarse con un parche más barato.

Ahí se endurece el choque de visiones. Para INEOS, la operación tiene lógica: bajar masa salarial, generar beneficio contable con la venta de un canterano, traer un relevo joven con valor de reventa y seguir limpiando el balance. Para Carrick, la ecuación es otra: perder a un jugador con el techo de Rashford para sustituirlo por alguien claramente inferior.

La cuestión ya no es solo qué jugador ocupa la izquierda. Es qué pesa más en el nuevo Manchester United: el fútbol o el negocio.

Porque si la decisión final consiste en sacrificar talento contrastado para cuadrar columnas en un informe financiero, Carrick tendrá motivos de sobra para sentirse traicionado. Y entonces la próxima gran batalla en Old Trafford no será en el mercado, sino en el propio corazón del proyecto deportivo.