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Los Socceroos logran el empate y avanzan a octavos

Australia no necesitó marcar para celebrar. Un 0-0 áspero ante Paraguay en Santa Clara bastó para que los Socceroos se metieran en los octavos de final como segundos del Grupo D, en una noche sin brillo pero con un enorme valor competitivo.

No fue un partido para coleccionistas. Fue un partido para sobrevivir.

Tras el impacto inicial de su victoria ante Turquía y la derrota posterior frente a los coanfitriones Estados Unidos, el equipo de Tony Popovic llegaba a la tercera jornada con todo en juego. Y eligió el camino del control, de la madurez, de la gestión de los nervios. Paraguay tampoco quiso arriesgar demasiado: el empate le servía, y se notó.

El resultado, un cero a cero que dejó satisfechos a los dos.

Un billete a Dallas y un horizonte abierto

La recompensa para Australia es clara: billete asegurado para la ronda de las últimas 32 selecciones y cita marcada el 3 de julio en el imponente hogar climatizado de los Dallas Cowboys. Allí se cruzará con el segundo clasificado del Grupo G, todavía por definirse entre Egipto, Irán, Bélgica y la vecina Nueva Zelanda.

En un Mundial que ya ha visto a varias potencias quedarse fuera, Popovic no escondió el peso del logro: su equipo, con una plantilla muy joven, ha resistido la presión del tercer partido, ese en el que se decide todo.

El técnico recalcó lo que se vio sobre el césped californiano: un equipo paciente, ordenado, con la cabeza fría. Sin alardes, pero sin temblores.

Un equipo joven, una noche adulta

Popovic apostó fuerte por la juventud y no se equivocó. Eligió un once con piernas frescas y una zaga rejuvenecida, y obtuvo una actuación trabajada, sin concesiones, que mantuvo el marcador a cero en un duelo de pocas ocasiones claras y muchas batallas tácticas.

El partido no regaló grandes momentos ofensivos, pero sí una sensación constante de solidez australiana. Cuando el ritmo decayó, el equipo se sostuvo en la disciplina. Cuando Paraguay amagó con adelantar líneas, la respuesta fue firmeza y concentración.

Australia no brilló. Pero tampoco se descompuso. Y en torneos cortos, esa diferencia suele decidir destinos.

Lucas Herrington, el chico de 18 años que ya manda atrás

En medio de un partido discreto, emergió una historia que puede marcar un antes y un después para el fútbol australiano: la de Lucas Herrington.

Con solo 18 años, el central se convirtió en el titular más joven de Australia en un Mundial masculino. No se encogió. No se escondió. Y justificó cada palabra de elogio de su seleccionador.

Popovic, exdefensa del Crystal Palace, lo señaló como un talento especial. No lo llevó “para hacer número”, sino para confiarle minutos en el encuentro más importante de la fase de grupos. Y el joven, que milita en la Major League Soccer y ya está vinculado a un posible traspaso al Barcelona, respondió con una actuación que rozó la perfección defensiva.

Se le vio seguro en los duelos, sereno con el balón, agresivo cuando tocaba ir al choque. Un detalle revelador: el propio técnico admitió que Herrington estaba frustrado por no haber tenido minutos ante Estados Unidos. Esa ambición, lejos de ser un problema, es exactamente lo que Popovic quiere ver.

En Santa Clara, el chico no solo jugó. Mandó. Y dejó claro que su techo está mucho más arriba.

Una semana para resetear… y soñar

Australia dispondrá ahora de una semana completa antes de su duelo en Dallas. Para Popovic, ese margen puede ser oro si el objetivo es alargar la aventura norteamericana.

El plan es claro: recuperar piernas, afinar detalles y llegar con todos los jugadores disponibles y en condiciones de ofrecer “una gran actuación” que les permita seguir avanzando. El mensaje del seleccionador no suena a conformismo por haber alcanzado la meta mínima. Suena a desafío.

Los Socceroos han cumplido el primer objetivo. Han sobrevivido a un grupo exigente, han resistido la presión del último partido y han encontrado en un central adolescente un símbolo de su futuro.

Ahora les espera un estadio gigantesco, aire acondicionado, un rival aún por conocer… y la pregunta que empieza a flotar alrededor de este equipo: ¿hasta dónde puede llegar realmente esta Australia que ha aprendido a ganar, a perder y, cuando toca, a empatar con la madurez de un veterano?