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Thierry Henry y su futuro como seleccionador de Francia

Thierry Henry ya sabe lo que es llevar a un país entero sobre los hombros. Lo hizo en los Juegos Olímpicos de París 2024, guiando a la selección anfitriona hasta una final de altos vuelos ante España. Aquella noche terminó en desgarro en la prórroga, con la plata colgando del cuello de Michael Olise y compañía cuando todos soñaban con el oro. Pero el impacto de Henry en el banquillo quedó marcado. Y no se ha olvidado.

Desde entonces, el campeón del mundo en 1998 ha ido construyendo una carrera en los banquillos a base de etapas cortas pero significativas. Probó suerte en el banquillo del Monaco, regresó a la MLS para dirigir al Montreal Impact y trabajó codo con codo con Roberto Martínez en el cuerpo técnico de la selección de Bélgica. Un recorrido variado, a veces irregular, pero siempre bajo el foco.

Hoy, a los 48 años, Henry se mantiene en pausa. Ha regresado al papel de analista, observa, comenta, analiza tendencias y decisiones, y no parece tener prisa por volver a pisar la línea de cal. Pero hay algo claro: si llega una oferta que le seduzca de verdad, la escuchará.

El peso de la camiseta bleu

Hay un banquillo que lo cambiaría todo: el de la selección absoluta de Francia. El puesto que deja Didier Deschamps tras 14 años de mandato, un ciclo que incluye un título mundial en 2018 y una UEFA Nations League, no es un cargo cualquiera. Es una silla que quema, pero también una tentación enorme para cualquier grande de la generación del 98.

Dos de ellos ya han tomado ese camino. Deschamps se marcha dejando una herencia de finales, semifinales y una cultura competitiva feroz. Ahora llega el turno de Zinedine Zidane, Balón de Oro y leyenda que afronta su primer reto fuera del Real Madrid. Le espera una plantilla desbordante de talento, con nombres como Kylian Mbappé u Ousmane Dembélé encabezando una generación que todavía tiene varios torneos grandes por delante.

La pregunta inevitable aparece en el horizonte: cuando Zidane se marche, ¿podría ser Henry el siguiente en mantener viva la cadena gloriosa de la clase del 98?

Jeremie Aliadiere, otro miembro de esa época dorada y campeón de la Premier League con el Arsenal de los “Invincibles”, lo tiene claro. En declaraciones concedidas a GOAL, el exdelantero francés no dudó en abrirle la puerta a su antiguo compañero.

“¿Por qué no? Estoy seguro de que Thierry estaría encantado de tener el puesto”, afirmó Aliadiere, subrayando el fuerte sentimiento patriótico de Henry y su amor por Francia, algo que se vio con nitidez durante los Juegos Olímpicos de 2024. Para él, el torneo que firmó Henry con la selección olímpica fue una declaración de intenciones. Ese éxito, aunque sin oro, deja una huella que difícilmente desaparecerá de la mente del exdelantero.

Aliadiere está convencido de que, en algún momento, Henry querrá esa oportunidad. Pero también sabe que lo que viene ahora es otra dimensión.

Zidane, “tocar a los dioses”

Porque el presente inmediato de Francia tiene un nombre y un aura: Zidane. “Zidane en Francia es algo diferente y ahora hemos tocado a los dioses. Zidane siempre será Zidane”, deslizó Aliadiere. No es una frase menor. En Francia, Zizou no es solo un entrenador exitoso; es un símbolo nacional.

El deseo de Aliadiere es nítido: que Zidane triunfe, que todo le salga bien. Y al mismo tiempo, recuerda la vara de medir que deja Deschamps. Aunque no ganara el último Mundial, el exseleccionador ha instalado a Francia de forma casi permanente en las rondas finales: semifinales, finales, título en 2018. Superar eso no será un trámite, ni siquiera para alguien con el currículum de Zidane.

Ahí está el reto. “El siguiente paso para Zidane es ganar algo”, remarcó Aliadiere. No basta con llegar a semifinales o cuartos. Con esta Francia, con este contexto, el listón se sitúa en lo más alto. Solo hay un campeón en cada torneo, y la paciencia se agota rápido cuando el talento es tan evidente.

Aliadiere trazó un paralelismo con Inglaterra, una selección que ha rozado títulos en los últimos campeonatos pero sin rematar. Finales, penaltis, derrotas por la mínima… Cuando la gloria se escapa una y otra vez, el discurso cambia y el entorno se impacienta. Zidane entra en ese ecosistema: la obligación de ganar desde el primer día.

Una generación hecha para mandar

La cuestión de fondo es si Francia seguirá siendo candidata fija a ganar Eurocopas y Mundiales en los próximos años. Para Aliadiere, la respuesta es rotunda: “100%”.

Recuerda que, aunque algunos reduzcan la obra de Deschamps a “solo” un Mundial, la realidad es que ha gestionado durante años una plantilla repleta de estrellas, manteniendo el vestuario alineado con el objetivo competitivo y acostumbrando al país a pelear siempre por los títulos. Ese es el escenario que hereda Zidane.

Según Aliadiere, el nuevo seleccionador no tendrá que revolucionar nada. “Todo está ya preparado para que tenga éxito”, apuntó. El esqueleto está armado, la estructura deportiva funciona y la edad media del grupo invita a pensar en un ciclo largo. Y eso sin contar a los que vienen por detrás.

Ahí entran nombres como Rayan Cherki, que apenas tuvo minutos en el último gran torneo pero cuyo talento apunta a un papel importante en los próximos dos y cuatro años. O Hugo Ekitike, ausente por lesión, otro perfil que puede elevar aún más el nivel ofensivo del equipo. Son solo dos ejemplos de una lista que parece no acabarse nunca.

En ese contexto, Aliadiere ve a Zidane como el hombre encargado de añadir “su pequeña magia” a una maquinaria ya en marcha. Ajustar, pulir, decidir en los momentos clave. Convertir potencial en títulos.

Y después, cuando el ciclo de Zidane llegue a su fin, el banquillo bleu podría volver a mirar hacia la generación del 98. Henry ya ha demostrado que sabe dirigir a una selección en un gran escenario, que transmite pasión y que entiende lo que significa representar a Francia ante el mundo.

La puerta no está abierta aún, pero la idea ya circula. ¿Será Thierry Henry el próximo en asumir el peso de una nación desde la banda cuando el turno de Zidane se agote? La respuesta, como casi siempre en el fútbol francés reciente, dependerá de los títulos que se levanten de aquí a entonces.