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Vinai Venkatesham y el necesario reinicio en Tottenham

Vinai Venkatesham llegó a Tottenham el pasado verano con una sonrisa y un plan. Estrenaba cargo como director ejecutivo y veía un club capaz de pelear por plazas europeas, recién coronado en la Europa League y con un vestuario lleno de internacionales. Un año después, el balance es otro: dos temporadas seguidas terminando 17º en la Premier League, tres entrenadores, un descenso evitado en el último suspiro y un diagnóstico crudo: el club necesita un reinicio completo.

La permanencia se aseguró en la última jornada, ante Everton, en un final de curso que se jugó con el corazón en la garganta. El pitido final no trajo euforia. Trajo alivio.

“Fue una enorme descarga de alivio”, admitió Venkatesham, que insistió en que el club no habría despedido a nadie aunque se hubiera consumado el descenso. Pero enseguida marcó el listón: sentir alivio en mayo “está muy lejos del estándar” que debe tener Tottenham.

De las ilusiones europeas a un club “en peor estado” de lo esperado

Venkatesham arrancó el 1 de junio con un objetivo claro para el primer equipo masculino: competir por Europa. No parecía una quimera. Pese al 17º puesto con Ange Postecoglou, el equipo acababa de romper una sequía de títulos que se remontaba a 2008 y presumía de talento y experiencia en casi todas las líneas.

La realidad le golpeó pronto.

Unos meses después, ya dentro de las tripas del club, su visión cambió por completo. “El club estaba en un estado significativamente peor en algunos aspectos de lo que pensaba”, reconoció. No hablaba de un simple giro de timón. Hablaba de “reset”.

En el lado no deportivo, su análisis es casi triunfalista: operaciones del estadio, área comercial, estructura de negocio… ahí Tottenham se ve fuerte. El problema vive en el césped y todo lo que lo rodea.

En los últimos cinco años, la Premier League ha explotado en profesionalización, datos, estructuras técnicas, metodologías de alto rendimiento. Tottenham, admite, no ha seguido el ritmo. Hay una brecha. En algunos departamentos, “preocupantemente” grande.

No se trata de instalaciones. El centro de entrenamiento es de primer nivel mundial. El problema es lo que transmite. “Parece más un hotel de cinco estrellas que un entorno de alto rendimiento”, desliza. Ese escenario cambiará este verano. El mensaje es inequívoco: el club necesita menos lujo y más obsesión por ganar.

“Creo que en muchas áreas el club no tiene el nivel adecuado de experiencia”, sentencia. Y ahí se abre la herida.

El caso Thomas Frank: paciencia, dudas y una salida tardía

El curso arrancó con Thomas Frank en el banquillo. El danés no empezó mal: una sola derrota en los primeros diez partidos en todas las competiciones. Parecía el arranque de una reconstrucción razonable.

El espejismo duró poco. Los resultados se desplomaron, el equipo se hundió en la tabla y el ambiente se enrareció. Cuando Tottenham despidió a Frank en febrero, la única sorpresa entre la grada era que la decisión no hubiera llegado antes. Venkatesham y el director deportivo Johan Lange se convirtieron en diana de las críticas por “aguantar demasiado”.

Venkatesham rechaza de plano la acusación de pasividad. Explica que durante semanas el club calibró cada variable: resultados, probabilidad real de que Frank enderezara el rumbo, el impacto de un cambio de entrenador en pleno mercado de enero, un calendario apretado y un mercado de interinos siempre limitado.

La conclusión llegó tarde para la grada, pero la decisión se tomó. Y abrió la puerta a un giro que marcaría la temporada.

El error Igor Tudor y la apuesta frustrada por Roberto de Zerbi

Tras la salida de Frank, el plan A tenía nombre y apellido: Roberto de Zerbi. Tottenham intentó convencer al italiano, que salía de Marseille, para asumir el cargo de manera permanente en febrero. De Zerbi dijo no. No quería aterrizar a mitad de curso.

Sin su objetivo principal, el club se adentró en el siempre resbaladizo mercado de entrenadores interinos. Allí apareció Igor Tudor. Un perfil distinto a Frank, con experiencia en grandes clubes y escenarios de alta presión, acostumbrado a generar impacto inmediato. Ese era el argumento interno. La gran incógnita: ninguna experiencia en la Premier League.

Venkatesham asume el riesgo que tomaron. Y no lo maquilla. Tudor duró solo siete partidos antes de marcharse por mutuo acuerdo. “¿Fue un riesgo nombrarle? Absolutamente”, admite. Cuando le preguntan si acepta que fue un error, no se esconde: “No funcionó. Es muy claro que no funcionó. Y no creo que nadie pueda argumentar lo contrario”.

En un club acostumbrado a mirar a Daniel Levy como responsable de casi todo durante 25 años, el nuevo director ejecutivo se encontró de golpe en primera línea de fuego.

El nuevo blanco de la ira y la piel gruesa de Venkatesham

Con la salida de Levy en septiembre, el foco de la frustración cambió de objetivo. Dos temporadas seguidas terminando 17º han encendido a una afición que se siente estancada, casi traicionada por la deriva deportiva.

Venkatesham entiende el enfado. No lo discute. “No es suficiente”, repite sobre los resultados. Habla de “retos serios” en el área futbolística, problemas que se han acumulado durante años y que no se arreglan “con una varita mágica”.

Defiende el plan actual, asegura que el club sabe qué falla y que ya está actuando. Pero asume que la paciencia del aficionado es corta. “Tengo que capear la tormenta”, dice. Y no es una metáfora.

Acostumbrado a la presión tras 15 años en el fútbol, incluido su paso por Arsenal, reconoce que el nivel de abuso personal hacia jugadores, árbitros y ejecutivos traspasa con frecuencia cualquier límite razonable. “Hay que desarrollar una piel gruesa”, admite. La crítica forma parte del juego. El ataque personal, no.

La llegada de De Zerbi y un impacto “extraordinario”

En medio del caos, una figura ha cambiado el tono del vestuario y el horizonte inmediato del club: Roberto de Zerbi. El técnico italiano acabó llegando a Tottenham en un contexto límite y, según quienes trabajan a su lado, su impacto ha sido profundo.

Los números son claros: 11 puntos en siete partidos, los suficientes para asegurar la permanencia en la élite. Pero la huella va más allá de la clasificación. Venkatesham habla de un efecto inmediato en el ánimo del grupo, en la confianza de una plantilla golpeada por meses de dudas y ruido.

“Ha tenido un impacto extraordinario”, resume. Subraya que son “primeros días” y que De Zerbi ha entrado en una situación muy específica, con una presión salvaje y un margen de error mínimo. Precisamente por eso, el cambio de atmósfera en el vestuario le parece tan significativo.

Para el director ejecutivo, De Zerbi es “un excelente entrenador” que propone el tipo de fútbol que los aficionados de Tottenham quieren ver: valiente, agresivo, reconocible. Después de un año de bandazos, esa claridad de idea es oro.

Fichajes, techo salarial y un verano decisivo

El siguiente capítulo ya está en marcha. De Zerbi participará de forma plena en la planificación deportiva del verano. Tottenham ha mantenido conversaciones con Sebastian Kehl, ex director deportivo de Borussia Dortmund, como parte de la reconfiguración de su estructura futbolística. El club, además, ha elevado su techo salarial para intentar atraer talento de primer nivel.

El diagnóstico sobre la plantilla es directo. “La plantilla necesita trabajo y no tiene el equilibrio adecuado”, admite Venkatesham. Falta experiencia. Falta liderazgo. Falta, sobre todo, esa “robustez física” imprescindible para sobrevivir y competir en la liga más exigente del mundo.

El plan no se limita a una ventana de fichajes. Habla de varios mercados para reconstruir el equipo y la estructura deportiva. Pero este verano, lo sabe todo el club, será crítico.

Tottenham ha esquivado el desastre del descenso en el último día. Ha encontrado un entrenador que ha devuelto algo de fe a la grada. Ha reconocido, sin rodeos, que necesita un reset profundo. Ahora llega la parte que separa los discursos de los proyectos reales: convertir ese diagnóstico en un equipo capaz de dejar atrás, de una vez, el vértigo del 17º puesto.

Vinai Venkatesham y el necesario reinicio en Tottenham