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Wesley Fofana y su lucha por la estabilidad en Chelsea

Wesley Fofana lloró, fue señalado por reírse en el peor momento y tuvo que destapar insultos racistas la temporada pasada. Hoy habla de estabilidad. Y de un futuro “increíble” en Chelsea.

Tiene 25 años, costó 75 millones de libras procedente de Leicester City en 2022 y desde entonces ha vivido casi todo lo que puede soportar un central en la élite: lesiones graves, críticas feroces, cambios de entrenador y una grada que muchas veces lo vio como símbolo del desorden del club.

Y, sin embargo, sigue en pie.

Es el último superviviente de aquel verano de fichajes y, tras la salida de Marc Cucurella a Real Madrid, el jugador con más tiempo en el primer equipo de Chelsea después del canterano Reece James. Un dato que sorprende en un vestuario que no para de girar.

“El fútbol es así. Va rápido, pero es una buena estadística”, dice Fofana. “Para mí, algunos años fueron difíciles, pero ahora he vuelto. Estoy jugando, estoy en forma”.

De la camilla al once de Alonso

Fofana tiene motivos para mirar hacia arriba. Es joven, ha sido pieza importante en la pretemporada con el nuevo técnico Xabi Alonso y, por primera vez en mucho tiempo, se siente sano.

Bueno, casi.

“Gracias, Filip”, bromea, al recordar el puñetazo involuntario que le propinó el portero Filip Jorgensen en un salto aéreo y que le impidió firmar una campaña completamente libre de problemas físicos.

Más allá de ese golpe, el defensa habla de “pequeños detalles” que le han permitido mantenerse disponible tras un calvario: una pierna rota en Leicester, una rotura de ligamento cruzado y una operación de isquiotibiales ya en Chelsea.

“Para mí, lo más importante la temporada pasada fue estar en forma, simplemente sacar esto de mi cabeza: las lesiones y todo lo demás”, explica.

Su fichaje no fue casualidad ni capricho. Fofana insiste en que llegar a Stamford Bridge fue cumplir un “sueño”. De niño, en Marsella, apoyaba a Chelsea por la devoción que sentía por Didier Drogba. Ese era el escudo que quería vestir.

La realidad, sin embargo, fue menos romántica. El equipo terminó décimo en la Premier League y se quedó sin títulos. Y el central, en muchas noches de frustración, acabó convertido en diana.

El “villano” de una temporada rota

Hubo un momento que lo marcó. Las cámaras lo captaron riéndose en el banquillo durante una dura derrota en Champions ante Paris St-Germain en marzo. El clip corrió por redes, se congeló la imagen, se sacaron conclusiones.

Fofana sostiene que el episodio no fue tan grave como se quiso vender y recuerda que dentro del club “conocen mi mentalidad”. Aun así, entiende el mecanismo.

“Cuando el equipo no va bien, hay que encontrar a alguien”, admite. “Puedo aceptar eso. El club pagó un traspaso muy grande por mí. Vine con la ambición de ser el mejor en mi posición y ayudar al equipo. Así que, cuando las cosas salen mal, acepto ser el tipo al que culpan”.

Podría haber señalado hacia arriba. Chelsea cambió otra vez de rumbo: Enzo Maresca salió tras chocar con la cúpula, su sustituto Liam Rosenior encadenó cinco partidos sin marcar, perdió el vestuario en apenas cuatro meses y el proyecto volvió a tambalearse.

Fofana no se esconde detrás del caos.

“Claro que podemos usar eso como excusa, pero creo que somos los jugadores”, afirma. “No lo dimos todo. Perdimos partidos, hicimos malos partidos y nos faltaron muchas cosas.

“No puedes traer eso a la nueva temporada, pero creo que todos saben qué estuvo mal el año pasado. Todos se miraron en el espejo”.

La línea que no se cruza

Hay algo que no acepta. Ni como profesional ni como persona.

Fofana, musulmán, con padre de Costa de Marfil, fue objeto de insultos racistas en Instagram la temporada pasada. También denunció mensajes similares en marzo de 2025. Cada vez que abre la bandeja y se encuentra con esos ataques, duele. Y aun así ha decidido no callarse.

“No es algo grande exponer a la gente que hace eso”, asegura. “Para mí es muy importante. Para mí y para otros jugadores, tenemos que mostrar lo que la gente dice.

“Hay que educar a la gente. Creo que la gente detrás de Instagram tiene que trabajar en eso. Lo expuse en Instagram y en Twitter [ahora X] porque creo que deben ser más conscientes de este problema.

“No es solo fútbol. Creo que el mundo es un poco así y es demasiado fácil decir ciertas cosas. A veces recibo mensajes y no creo que esa gente sea racista.

“Envían emojis de mono porque están enfadados con el resultado y luego, si marco en el siguiente partido, las mismas personas me apoyan.

“Hay que educar, porque no es normal hablar así. Entiendo que si me expulsan puedas estar decepcionado, pero no puedes decir esas cosas”.

Varios futbolistas jóvenes le han enseñado mensajes similares después de los partidos y han optado por no hacer nada. Él, que ha convivido con ese tipo de insultos desde muy pronto, ha decidido seguir señalándolos, aunque eso provoque críticas a su carácter.

Competencia feroz y un futuro en el aire

En lo deportivo, el panorama tampoco es sencillo. Xabi Alonso ha repetido un once muy reconocible en tres de los cinco amistosos de pretemporada. En los tres estaba Fofana.

Pero la foto del vestuario impresiona: Chelsea ha fichado a Maxence Lacroix y ya suma nueve centrales en plantilla. El club, además, maneja una lista de jugadores “intocables”, no disponibles para traspaso. Fofana no está en ella.

Cuando se le plantea esa situación, el francés se encoge de hombros y responde sin dramatismo: “Sí, tenemos muchos, creo que nueve o diez. Todos tienen que estar bien, entrenar bien y luego el entrenador toma la decisión. Es así para todos.

“Quizá algunos se vayan, otros lleguen otra vez. Para mí, se trata de entrenar bien, intentar estar en forma y ya veremos qué hace el entrenador. Si el club me dice que no me necesita más, es así. Por supuesto estaré triste, pero esto es fútbol. No puedes decir: ‘Tengo mi sitio y estoy seguro de jugar’”.

Todo apunta a que no saldrá. Él, desde luego, no quiere irse. Cree en lo que le han prometido.

Forma parte del grupo de jugadores a los que la dirección deportiva y el consejo han intentado convencer de que el rumbo cambia. Esa idea se refleja en la llegada de veteranos como Jordan Henderson y Danny Welbeck, 36 y 35 años respectivamente.

Fofana los ve como algo más que nombres en la hoja de equipo. Dice que “saben cómo ganar grandes partidos”, que serán “importantes en los entrenamientos” y que no dudarán en “dar un tirón de orejas” a quien se relaje.

Pero, para él, la verdadera clave no está solo en el vestuario.

Xabi Alonso y la palabra prohibida en Chelsea: estabilidad

Fofana lo resume en un concepto que el club ha perseguido sin éxito en los últimos años: continuidad en el banquillo.

“Creo que todos saben que necesitamos estabilidad”, subraya. “Hablamos la temporada pasada con los directores y dijeron lo mismo. Piensan igual que los jugadores. Necesitamos estabilidad”.

Entre lágrimas pasadas, risas malinterpretadas, lesiones superadas y pantallas llenas de odio anónimo, Fofana se ha convertido en algo extraño en este Chelsea: un símbolo de resistencia.

Ahora, con Xabi Alonso al mando, la pregunta ya no es cuánto puede aguantar Wesley Fofana, sino cuánto tiempo está dispuesto el club a sostener por fin un proyecto que le permita cumplir ese “sueño increíble” que todavía ve al alcance.

Wesley Fofana y su lucha por la estabilidad en Chelsea