Declan Rice y su dolorosa temporada en la Premier League
Declan Rice ha jugado la temporada de su vida. También la más dolorosa.
El centrocampista de Arsenal confesó que lleva arrastrando un problema de nervio en el isquiotibial desde el periodo navideño, mientras lideraba al equipo de Mikel Arteta hacia el título de la Premier League y una final de Champions League. Lo hizo en silencio, lejos del foco, hasta ahora.
En declaraciones a ITV Sport, Rice explicó que la sustitución reciente que encendió las alarmas fue, en realidad, una decisión calculada. Nada de drama, todo prevención.
Dijo que sentía “un poco de dolor neural” en el isquiotibial, una molestia que ha tenido que gestionar “desde después de Navidad con Arsenal durante mucho tiempo”. El problema no trascendió al público. “Obviamente, no mucha gente lo sabría, era todo cosas de puertas adentro, pero fue una decisión inteligente”, subrayó.
Ahí está la clave: el momento del cambio. Para Rice, los últimos 20 minutos son otra dimensión del partido. “Al final, esos últimos 20 minutos son probablemente donde más te puedes lesionar, es como si jugaras un partido de 70 minutos. Pero esos últimos 20 son donde realmente sientes a tu cuerpo yendo al límite”, explicó. Con esa lectura, el mediocentro entiende que salir antes fue lo correcto: “Creo que fue una decisión inteligente porque en los últimos días me he sentido realmente, realmente bien”.
55 partidos, un calendario “obsceno” y cero excusas
Detrás de ese dolor hay una carga brutal: 55 partidos con Arsenal en una campaña que lo ha visto sostener al equipo en la élite de Inglaterra y de Europa. Título de Premier League, final de Champions League y una sensación clara en el propio jugador: el fútbol de élite está llevando el cuerpo al límite.
Rice no maquilló su opinión sobre el calendario. Lo calificó de “obscena cantidad de partidos” y aseguró que “el calendario fue una locura”. Aun así, no se refugia en la queja. “¿Qué podemos hacer al respecto? No puedes sentarte y quejarte”, afirmó.
Su discurso va por otro lado: asumir el desgaste como peaje del éxito. “Tenemos que seguir adelante por momentos como el que tuve ganando esa Premier League”, dijo. Esa imagen, levantando el trofeo, justifica cada minuto jugado con dolor.
Y quiere más. Rice admite que volvería a pasar por lo mismo: “Jugarías tantos partidos como fuera posible para tener esa sensación otra vez y sabiendo que también hay un Mundial al final”. El mensaje es claro: el cuerpo se negocia, la ambición no. “Pondrías tu cuerpo en la línea para estar siempre disponible para jugar, son muchos partidos, pero tendremos nuestro descanso al final”.
Entre el título, la final europea y ese nervio rebelde en el isquiotibial, Rice ha dejado algo muy nítido: el fútbol moderno exprime a las estrellas al límite. La cuestión es cuánto tiempo podrán seguir empujando así antes de que el cuerpo presente la factura.
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