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Dundee castiga errores de Motherwell y se afianza en la tabla

Dundee no necesitó dominar el balón para tumbar a Motherwell. Le bastó con castigar dos fallos groseros de Alex Paulsen y aferrarse a un plan de partido claro en un Dens Park azotado por el viento. Tercera derrota consecutiva en la Premiership para los de Lanarkshire. Y esta duele.

Dos golpes nacidos de la nada

El encuentro se abrió con polémica. Un centro inocente terminó en penalti por una mano señalada a Emmanuel Longelo que dejó a Motherwell protestando y a Dundee con una oportunidad de oro. Joe Westley, que jugó con una fractura de pómulo en plena crisis de lesiones del equipo, se plantó en el punto de penal.

Paulsen adivinó la dirección, puso las dos manos, pero el balón se le escurrió por debajo y terminó dentro. Un gol blando, de los que se quedan en la cabeza de un portero durante semanas.

Lo peor para él aún estaba por llegar.

Dundee, cómodo sin la pelota, esperó su momento. Un centro tenso de Ryan Astley encontró el cabezazo de Bradley Fink. El remate parecía ir fuera. Paulsen ya estaba acompañando la jugada con la mirada, convencido de que no había peligro. El balón botó, giró en el césped, besó el poste y se coló en la red. Dos tiros, dos goles, y un guardameta hundido.

Con el 2-0, la cámara buscó a Steven Pressley en el banquillo local. El técnico, bolígrafo en mano sobre su cuaderno Moleskine, anotaba algo mientras su plan se cumplía al milímetro.

El plan de Pressley, perfecto en medio de la plaga de bajas

Pressley había descrito este tramo de temporada como uno de los más duros de su carrera como entrenador por la larga lista de lesionados. Al menos cinco titulares fuera de combate. Y aun así, su equipo jugó con una convicción que Motherwell nunca mostró en las áreas.

Dundee cedió la posesión sin complejos. Se replegó, cerró líneas y defendió su área con una solidez que desesperó a los visitantes. Cada salida a campo contrario transmitía más peligro que las largas posesiones de Motherwell.

Westley y Astley obligaron a Paulsen a redimirse con dos buenas paradas en rápidas transiciones, recordándole al portero que el daño ya estaba hecho pero que el castigo podía ser mayor.

El premio a ese esfuerzo es tangible: Dundee se instala en la cuarta plaza y ahora dispone de tres semanas para respirar, recuperar jugadores y consolidar una identidad que, en plena adversidad, se está reforzando.

No es casualidad que Pressley haya repetido que “ama” a este grupo por cómo responde ante los golpes. La tarde ante Motherwell volvió a darle la razón.

Motherwell toca y toca, pero no muerde

El único rayo de luz para el equipo de Alfred Johansson llegó con el tanto de Alex Lowry. Un control limpio en el área tras un centro y un disparo certero para recortar distancias y alimentar la esperanza de remontada.

A partir de ahí, el partido se jugó casi por completo en campo de Dundee. Motherwell monopolizó la pelota durante gran parte de la segunda mitad. Circulaciones largas, paciencia en los metros finales, centros, cambios de orientación. Mucho fútbol de pizarra, poca amenaza real.

Los números lo retratan: 81 entradas al último tercio, pero solo 23 toques en el área rival. Dundee, con menos balón y menos incursiones (36), consiguió el mismo número de contactos en el área de Motherwell. Ahí está la diferencia entre dominar la posesión y dominar el partido.

Tawanda Maswanhise, máximo goleador del curso pasado y retenido en verano como gran referencia ofensiva, cargó con el peso de esa ansiedad. Cada balón que le llegaba parecía llevar consigo la obligación de resolverlo todo. El equipo, en lugar de liberarlo, se encogió cerca del gol.

Solo en los minutos finales, con una batería de saques de esquina, Dundee sintió de verdad el acoso. Owen Goodman apenas tuvo que intervenir un par de veces en todo el encuentro. Para un equipo que vivió casi instalado en las inmediaciones del área local, es un dato demoledor.

Fútbol vistoso, defensa frágil

El problema de Motherwell no se reduce a la falta de colmillo. El equipo también sangra atrás. Posee el segundo peor registro defensivo de la liga y lo volvió a confirmar con dos concesiones que, al máximo nivel, se pagan siempre.

Johansson ha conseguido que su equipo tenga una propuesta atractiva con balón, pero ahora mismo es un conjunto demasiado blando en su propia área y demasiado temeroso en la contraria. Una combinación letal para cualquier aspiración.

Hay, al menos, un pequeño consuelo estadístico: la temporada pasada, con Jens Berthel Askou, también arrancaron despacio. Tras siete jornadas sumaban los mismos ocho puntos, aunque con un perfil muy distinto: cinco empates, una victoria y una derrota.

Hoy, el juego sigue siendo agradable a la vista y el calendario aún ofrece margen. Pero la Premiership no espera a nadie. Si Motherwell no convierte posesión en goles y no cierra la hemorragia atrás, ¿cuánto tardará esa estética en convertirse en una carga en lugar de una promesa?