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Erling Haaland y su impacto en el Mundial y el mercado

En pleno Mundial 2026, Erling Haaland no solo destroza defensas. También agita los despachos. Cada gol suyo en Estados Unidos, México y Canadá resuena en Manchester… y en Madrid.

Antes del duelo de Noruega contra Brasil, su padre, Alf-Inge Haaland, habló con DAZN y dejó una frase que no pasará desapercibida en el Bernabéu. Primero, mensaje de calma: su hijo está “muy feliz” en Manchester City y tiene un contrato largo. Pero luego abrió una rendija que en Madrid se interpreta como puerta grande.

“Estamos esperando a la nueva temporada, pero cualquiera querría jugar en Madrid. Nunca sabes lo que puede pasar en el fútbol”, soltó.

Una línea. Suficiente para encender de nuevo la maquinaria blanca.

Un Mundial que dispara su cotización

Haaland llega a estas declaraciones en el mejor momento de su carrera con la selección. Noruega está en cuartos de final del Mundial gracias, sobre todo, a él. Frente a Brasil firmó una actuación de estrella total: un doblete decisivo en la victoria por 2-1.

Primero, poder aéreo. Se elevó por encima de Gabriel Magalhães para abrir el marcador, imponiéndose en el área como si fuera su territorio privado. Después, pura violencia futbolística: un disparo lejano, seco, imparable, para cerrar el triunfo y llevar su cuenta a siete tantos en el torneo.

Siete goles, y no está solo. Comparte la cima de la Bota de Oro con Lionel Messi y Kylian Mbappé, un podio que resume bien quién manda hoy en el área. Sus números con Noruega asustan: 62 goles en 54 partidos internacionales. Más de un gol por encuentro con su país. Da igual el escenario, la camiseta o el rival: el delantero del City demuestra que puede dominar cualquier escenario.

Madrid, elecciones y una promesa rota

Las palabras de Alf-Inge llegan en un contexto político caliente en el Real Madrid. El club acaba de cerrar unas elecciones presidenciales en las que el candidato derrotado, Enrique Riquelme, construyó buena parte de su campaña sobre un gran reclamo: fichar a Haaland.

Riquelme llegó a asegurar que el noruego quería ir a España. Tanto apostó por esa carta que incluso prometió pagar las cuotas de los socios si no lograba llevar al Bernabéu al delantero del City o a su compañero Rodri. Una promesa de impacto, que acabó en nada tras perder los comicios.

En su momento, tanto Alf-Inge como la agente del jugador, Rafaela Pimenta, desmintieron esas afirmaciones y las calificaron de “no ciertas”. Pero el matiz de ahora es distinto. No hay confirmación de ningún movimiento, ni mucho menos, pero sí una sensación clara: el entorno de Haaland no cierra la puerta a nada.

Mientras tanto, en Manchester la postura es otra. El City se siente fuerte. Blindó a su estrella con una ampliación de contrato a comienzos de 2025 y transmite tranquilidad. El mensaje desde el club es de confianza absoluta en que su proyecto sigue siendo el mejor escenario para el noruego.

Nuevo entrenador, nuevo reto en Manchester

Entre rumores y guiños, la vida deportiva de Haaland no se detiene. Cuando termine su aventura mundialista, le espera un cambio mayúsculo en el Etihad Stadium. Enzo Maresca ha sido confirmado como sucesor de Pep Guardiola en el banquillo del Manchester City, un relevo que marca el inicio de una nueva era.

Para el delantero, el desafío es claro: adaptarse a un nuevo sistema, nuevas ideas, nuevos automatismos. Pasar de la pizarra de Guardiola, que ya conocía al milímetro, a la propuesta de Maresca será su prioridad inmediata una vez cierre el capítulo del Mundial.

Haaland se mueve ahora entre dos planos. En el césped, como uno de los grandes protagonistas de la Copa del Mundo. Fuera de él, como el nombre que todos señalan cuando imaginan el próximo gran traspaso del fútbol europeo.

La pregunta ya no es si está preparado para liderar un proyecto. Eso lo responde cada vez que ve portería. La cuestión es dónde escribirá el siguiente gran capítulo de su carrera. En Manchester, en Madrid… o en algún lugar que todavía nadie se atreve a pronosticar.