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Francia supera el caos ante Iraq en el Mundial

La noche en Filadelfia se convirtió en una prueba de nervios mucho antes de ser un trámite futbolístico. El duelo de Francia ante Iraq en el Mundial quedó congelado por un temporal severo que obligó a suspender el partido durante un largo tramo, con los jugadores enviados de vuelta a los vestuarios y el reloj convertido en enemigo.

Durante casi dos horas no hubo fútbol, solo incertidumbre. Nadie sabía con claridad cuándo, ni siquiera si, se reanudaría el encuentro. El césped empapado, el cielo encapotado, la sensación de que el torneo se detenía en seco. En un Mundial, donde cada detalle está milimetrado, esa ruptura del guion pesa como una losa.

Cuando el balón volvió a rodar, lo hizo con un equipo claramente más preparado para el caos. Francia se adueñó del partido y cerró una victoria cómoda por 3-0, un marcador que no refleja la tensión previa pero sí la diferencia de jerarquía. Kylian Mbappé, capitán y faro, firmó dos de los tres tantos y empujó a Les Bleus hacia los octavos de final.

El francés no escondió el desgaste emocional que dejó la espera. Tras el pitido final, habló abiertamente de esa batalla invisible que se libró lejos de las cámaras, entre paredes de vestuario y relojes que no avanzaban lo suficientemente rápido.

“Fue una noche muy larga. Pasó mucho tiempo, emocionalmente, y estaba muy nervioso”, reconoció Mbappé, citado por ESPN.

No se trataba solo de calentar y volver a salir; se trataba de sostener la tensión competitiva de un partido de Mundial mientras el calendario saltaba por los aires.

En ese paréntesis, la selección francesa tuvo que improvisar una rutina que no estaba en ningún manual. Ni podían desconectar del todo ni podían vivir en un calentamiento eterno. Había que matar el tiempo sin matar la adrenalina. Mantener la mente encendida sin quemarla.

“Fue una hora y media, casi dos horas, en el vestuario”, detalló el capitán. “Mantenerse concentrado es muy difícil. Exige mucho. Hicimos un gran esfuerzo para intentar seguir metidos. Es muy complicado, pero al final logramos nuestro objetivo”.

El contraste entre la tormenta emocional y la claridad del resultado fue brutal. Una vez reanudado el juego, Francia mostró oficio, control y pegada. Iraq resistió mientras pudo, ordenado atrás, pero la presión acabó por romper el muro. Con Mbappé al mando, el partido se inclinó de forma definitiva.

El doblete del delantero no solo selló los tres puntos; también envió un mensaje al resto del torneo: incluso cuando el contexto se descompone, esta Francia sabe recomponerse. El 3-0 aseguró el billete a la fase de eliminación directa y devolvió al equipo a un terreno más familiar: el de las cuentas, las rotaciones, la gestión de esfuerzos.

Antes de pensar en los cruces, queda un último examen en la fase de grupos. El viernes, Les Bleus se medirán a Noruega para decidir el liderato de la zona. Ya con la clasificación asegurada, la pregunta cambia: ¿usará Francia este triunfo bajo la tormenta como punto de inflexión para lanzarse definitivamente a por el Mundial?

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