Nicky Butt analiza el futuro de Inglaterra: Tuchel y la competencia entre Bellingham y Rogers
Nicky Butt ha puesto el foco donde más duele: en los intocables de Inglaterra. Para el excentrocampista de los Three Lions, Thomas Tuchel no dudará en sentar a quien haga falta. Ni siquiera a Jude Bellingham. Y en ese escenario, un nombre emerge con fuerza: Morgan Rogers.
Rogers amenaza el trono de Bellingham
Bellingham llega a la cita global con una mochila incómoda. Su temporada con Real Madrid estuvo marcada por las lesiones: primero el hombro, luego los isquiotibiales. Aun así, firmó 40 partidos oficiales, 30 como titular. Números respetables, pero lejos de la sensación de imparable que transmitía no hace tanto.
Mientras tanto, Rogers aterriza en el Mundial en plena cresta de la ola. Con Aston Villa ha completado una campaña que le cambia la etiqueta: campeón de Europa League y cuarto puesto en Premier League. Sus cifras hablan solas: 13 goles y 11 asistencias entre ambas competiciones con solo 23 años.
Su peso en la selección también crece a toda velocidad. Desde su debut en 2024, ha participado en 13 de los 14 partidos de Inglaterra. Butt ve en él algo más que una opción de banquillo; ve a un posible protagonista que puede desbancar a los nombres más rutilantes del once de Tuchel.
Para Butt, el encaje táctico es clave. Rogers, asegura, es un jugador “tipo Tuchel”, ideal para ese rol de número diez, capaz de aparecer entre líneas y castigar desde la frontal. Y ahí, en los grandes torneos, se decide mucho: con defensas hundidas, los disparos lejanos suelen abrir puertas que el juego combinativo no encuentra.
“Si Bellingham no vuela, Rogers entra”
Butt no disimula: el rendimiento de Bellingham en los primeros partidos puede cambiar el tablero. Si el centrocampista de Real Madrid arranca “on fire”, el relato será uno. Si le cuesta arrancar, si Harry Kane baja demasiado a recibir, si faltan goles, el escenario se vuelve mucho más inestable para las jerarquías.
Rogers, recuerda Butt, ya ha demostrado tener algo distinto. Empezó la temporada a todo gas, atravesó un bache y volvió a aparecer con fuerza en el tramo decisivo. Para un torneo corto, ese tipo de futbolista, con confianza y pegada, puede convertirse en arma letal saliendo desde el banquillo.
Butt incluso se atreve a perfilar su papel: le ve entrando en segundas partes, marcando goles importantes, cambiando partidos. No descarta que, si se abre la puerta del once, Rogers pueda terminar el Mundial como el mejor jugador de Inglaterra. No por marketing, sino por pura influencia en los encuentros.
Y ahí entra Tuchel. Según Butt, el seleccionador no se casa con nadie. Los egos, el estatus o la percepción pública no le condicionan. Si Bellingham no está al nivel que exige un Mundial, Butt está convencido de que Tuchel “lo sacará de la línea de fuego” y meterá a Rogers sin mirar el nombre del dorsal.
En los grandes torneos siempre aparece una figura inesperada. Butt cree que Rogers tiene todos los ingredientes para ser ese rostro nuevo que sale del Mundial convertido en estrella mundial.
Un Mundial hostil y un banquillo bajo presión
El análisis de Butt no se queda en el debate Bellingham–Rogers. Sus dudas sobre Inglaterra van mucho más allá del once. Señala el contexto: calor, humedad, largos viajes, un torneo físicamente brutal. Con una selección joven y aún en construcción, su pronóstico es prudente.
Para él, alcanzar semifinales o final ya sería un éxito deportivo. Pero conoce la psique inglesa: con el talento disponible y con varios nombres ilustres dejados fuera de la lista, una semifinal podría interpretarse como fracaso nacional.
La lista de ausentes pesa: Phil Foden, Cole Palmer, Harry Maguire, Trent Alexander-Arnold. Todos, figuras de primer plano, fuera por falta de forma según Butt. Si Inglaterra no llega a las últimas rondas, el dedo acusador apuntará directo a Tuchel, por sus decisiones y por su apuesta en la convocatoria.
Butt va más lejos: si el proyecto se estrella, ve muy difícil que Tuchel continúe. Intuye que la ruptura sería doble. Desde la federación, por resultados; y desde el propio técnico, que podría querer regresar al día a día de club, su hábitat natural. El puesto de seleccionador de Inglaterra es gigantesco, pero también devora reputaciones cuando las expectativas no se cumplen.
No pasar de la fase de grupos sería, para Butt, un desastre sin matices. No alcanzar semifinales, en cambio, se movería en esa zona gris en la que el debate público se encendería, especialmente por el nivel de la plantilla y por los nombres que se han quedado en casa.
Brasil, Argentina, España… e Inglaterra a contracorriente
Cuando mira al resto del cuadro mundialista, Butt es claro: el clima y la geografía inclinan la balanza. Imagina un posible cruce en octavos contra México en Mexico City, con la altitud y la presión ambiental jugando en contra de Inglaterra.
En ese contexto, ve lógico colocar a Brasil y Argentina en la primera fila de favoritos. Reconoce que la Brasil actual no tiene la constelación de leyendas de otras épocas —los Ronaldo, Rivaldo, Ronaldinho, Roberto Carlos—, pero aun así la considera una potencia preparada para ese tipo de torneo y de condiciones.
También sitúa a España muy arriba. Por estilo, por capacidad para soportar el calor, por la hinchada que puede arrastrar. La ve “ahí, ahí”, siempre cerca de las rondas finales.
Sin embargo, en su cabeza se repite una imagen: una final sudamericana. Brasil y Argentina dominando el Mundial mientras Inglaterra pelea contra el entorno, contra sus propios nervios y contra el peso de un país que exige ganar siempre.
En medio de todo ese ruido, una pregunta queda flotando: ¿será este el Mundial en el que una estrella inesperada como Morgan Rogers cambie la historia reciente de Inglaterra, o uno más en el que las dudas de Butt se conviertan en profecía cumplida?
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