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Steve Clarke y el 4-0 de Haití: Lección para Escocia

En la concentración de Escocia, el 4-0 de Haití a Nueva Zelanda no pasó como una simple nota de color de la pretemporada mundialista. Para Steve Clarke, fue casi una pieza de trabajo didáctico. Una advertencia en pantalla grande dirigida a cualquiera que pensara que el debut en el Mundial será un paseo.

Escocia se estrena en el Grupo C ante Haití el próximo sábado en Boston, en un grupo que también incluye a Marruecos y Brasil. Desde que salió el sorteo, muchos en casa marcaron ese partido como “obligatorio” para llegar vivo a la segunda fase. El marcador de Florida ha cambiado el tono de la conversación.

“Estuvieron bien la otra noche, creo que se pudo ver”, dijo Clarke, sin adornos.

El seleccionador no se quedó ahí. Apuntó a un defecto que conoce de cerca. “Tenemos una costumbre terrible, no solo en Escocia sino en el Reino Unido en general, de mirar a estas naciones y pensar que no son muy buenas o mirar dónde están en el ránking mundial. Juegan en una sección diferente del mundo. Quizá su sección es realmente buena”.

Haití, número 82 del mundo, no pareció un rival menor ante Nueva Zelanda. Pareció un equipo hecho y derecho. “Si les viste jugar la otra noche, fueron mucho mejores que Nueva Zelanda. Grandes, fuertes, físicos. Y no solo grandes, fuertes y físicos, también son técnicos. Tienen buenos jugadores que juegan en buenas ligas”, subrayó Clarke. Nada de condescendencia. “Nunca estuve bajo la ilusión de que no iba a ser un partido duro. Probablemente es bueno que alguna gente haya podido ver cómo jugaron la otra noche. Va a ser un partido difícil para nosotros”.

El cuerpo técnico de Escocia estuvo en el estadio en Florida tomando nota. No se trataba solo de un amistoso más: era el primer vistazo real al rival que marcará el tono del Mundial para los escoceses. El diagnóstico del seleccionador fue claro: Haití no es un equipo anárquico ni un conjunto que viva solo de la energía.

“No puedes decir que sea ‘libre’ porque la estructura de su equipo en realidad es bastante buena. Y su atletismo para recorrer el campo hace que esa estructura sea bastante difícil de enfrentar”, explicó.

Orden, físico y piernas para sostenerlo. Justo el tipo de rival que castiga cualquier exceso de confianza.

Mientras Haití afinaba en Florida, Escocia seguía su propia ruta. Tras su base de trabajo en el mismo estado, la selección se ha desplazado a New Jersey, donde se medirá a Bolivia en un amistoso este sábado. El contexto es histórico: es la primera participación mundialista de Escocia desde 1998. La ilusión es enorme, pero el camino no ha sido limpio.

El golpe más duro llegó la semana pasada, en otro amistoso, ante Curazao. Billy Gilmour, pieza central del plan de Clarke y futbolista del Napoli, cayó lesionado y quedó fuera del torneo. Un mazazo deportivo y emocional. El seleccionador, sin embargo, se niega a cambiar la forma de preparar al equipo por miedo a otro susto.

“¿Quieres envolverlos en algodón y que no entrenen?”, lanzó, casi como un desafío retórico. “Necesitas trabajar. Las lesiones son parte del fútbol. Cuando sucede, especialmente cuando sucede en las circunstancias en las que le pasó a Billy, es realmente decepcionante. Todo el mundo tiene que tomar aire y seguir adelante. Eso es lo que haremos”.

El mensaje es doble: respeto absoluto al rival y cero dramatismo ante la adversidad. Clarke quiere un equipo que no mire el ránking FIFA ni se paralice por un contratiempo. Haití ya ha enseñado que puede castigar a quien se confía. Escocia, si quiere volver a sentirse grande en un Mundial, tendrá que demostrar que ha aprendido la lección antes de que el balón ruede en Boston.

Steve Clarke y el 4-0 de Haití: Lección para Escocia