Incidente en la Eredivisie: Fuegos y pánico en el Kooi Stadion
La Eredivisie volvió a mancharse el domingo. El 5-2 de Feyenoord sobre SC Cambuur, un marcador rotundo, quedó relegado a un simple apunte estadístico frente a lo que ocurrió en la grada del Kooi Stadion.
Fuegos, humo y pánico en la grada
El partido apenas había arrancado cuando todo se torció. En el minuto 12, el fondo visitante se convirtió en una trinchera roja: bengalas encendidas en masa, fuegos artificiales lanzados al césped y hacia la afición local. El árbitro no dudó. Jugadores al vestuario, juego suspendido durante unos diez minutos mientras el estadio se llenaba de humo y las detonaciones retumbaban junto al terreno de juego.
Uno de esos artefactos explotó a escasos metros del portero de Feyenoord, Tjark Ernst. Una imagen que dejó claro lo cerca que estuvo el desastre deportivo y humano. La amenaza no era abstracta: era real, visible y sonaba demasiado fuerte como para ignorarla.
El partido se reanudó, pero el daño ya estaba hecho. Cambuur confirmó después, en un parte médico detallado, que cinco de sus aficionados resultaron heridos. El club habló de “quemaduras, daños auditivos y lesiones oculares”, provocadas por los proyectiles que impactaron directamente en las zonas ocupadas por la afición local en Leeuwarden.
Victoria amarga para Feyenoord
Sobre el césped, Feyenoord cumplió con autoridad. En el vestuario, el ambiente era otro. Giovanni van Bronckhorst, entrenador del conjunto de Róterdam y exasistente de Arne Slot en Liverpool, reaccionó de inmediato: pidió disculpas personalmente a la directiva de Cambuur en nombre del club.
Feyenoord emitió después un comunicado contundente. Aseguró que “se distancia firmemente de los hechos inaceptables” y prometió actuar internamente. El club ya ha anunciado que solicitará y revisará todas las imágenes de las cámaras para identificar a los responsables de una conducta que califican, sin rodeos, de potencialmente mortal.
El director general, Robert Eenhoorn, apareció visiblemente afectado tras el pitido final. Lo dejó claro: el resultado era lo de menos. “No puedo estar contento”, admitió. “La frustración prevalece demasiado como para eso. Este problema obviamente no afecta solo a Feyenoord y, por desgracia, es algo a lo que no hemos podido poner fin durante décadas. Tendremos que sentarnos de nuevo con todas las partes interesadas, los clubes, la KNVB y las autoridades para buscar una solución conjunta”.
Cambuur exige respuestas
Para Cambuur, recién regresado a la élite neerlandesa tras tres temporadas de ausencia, la noche dejó una sensación amarga: la de no haber podido garantizar la seguridad de su propia gente. La directiva prometió una investigación completa junto con la policía local y las autoridades gubernamentales.
En su comunicado oficial, el club no suavizó ni una palabra al valorar el comportamiento de parte de la hinchada visitante. “Debe quedar claro que encender y disparar fuegos artificiales es completamente inaceptable y no tiene cabida en un estadio de fútbol bajo ninguna circunstancia”, sentenció la entidad.
Presión sobre la Eredivisie y la KNVB
El incidente no se quedará solo en el terreno deportivo. El alcalde de Leeuwarden, Foort van Oosten, condenó lo ocurrido con la máxima dureza y prometió una investigación exhaustiva para aclarar cómo se pudo introducir tal cantidad de pirotecnia en el Kooi Stadion sin ser detectada.
El episodio se suma a una lista preocupante. En los últimos tiempos, los problemas de orden público en los estadios neerlandeses se han multiplicado, con un precedente muy reciente: la suspensión definitiva de un partido entre Ajax y Groningen la temporada pasada por el uso similar de bengalas y fuegos artificiales. La sensación es de escalada, no de excepción.
Esta vez, además, se abrió otro frente: ¿debió seguir el partido? El choque continuó pese a que cinco aficionados habían resultado heridos, y ese detalle ha encendido el debate dentro de la KNVB. La normativa actual es clara en un punto: si un jugador o un miembro del equipo arbitral es alcanzado, el encuentro se abandona de forma definitiva. En cambio, el protocolo cuando las víctimas son aficionados sigue siendo difuso.
Jan Bluyssen, responsable de asuntos de competición profesional en la KNVB, reconoció el malestar que deja la imagen de un partido que sigue como si nada. “Eso no se siente bien”, declaró a la agencia ANP.
La federación se ve ahora obligada a moverse. Está bajo presión para endurecer las sanciones a los clubes cuyos aficionados causen daños físicos a otros, y ha confirmado que revisará sus protocolos en casos de desórdenes. El mensaje que le exigen los heridos, los clubes y las autoridades es inequívoco: la seguridad de los aficionados debe pesar más que cualquier pitido final. La cuestión es si el fútbol neerlandés está dispuesto, de una vez por todas, a actuar en consecuencia.
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